El tenis esconde historias que exceden a los protagonistas y se quedan para siempre. Es el caso de Guga Kuerten y Roland Garros. Un corazón sobre la tierra o hecho con ball boys, una forma de representar el lazo que une al tenista con el público, y viceversa.
En 1998, el brasileño, un año después de ganar el certamen parisino por primera vez, jugaba ante Michael Russell, un jugador que venía de la qualy. Inesperadamente su rendimiento era paupérrimo y perdía dos sets a cero.
Pero encontró en los fanáticos que se acercaron a verlo un aliado perfecto para salir adelante y ganar el partido por 36 46 763 63 61. Al término del encuentro, con su raqueta dibujó un gran corazón sobre la tierra en agradecimiento. El amor quedó sellado…o dibujado. Ese año el astro iba a ganar otra vez el torneo para quedar en la historia.
El año pasado, cando Novak Djokovic ganó Roland Garros también dibujó un corazón sobre el polvo. Guga estaba en la tribuna y le había dado consejos.