Rubén Ramírez. Sí: Racing tiene a varios en lista.
Es un usual apostador de los goleadores que aparecen en clubes de menor resonancia. Una vez buscó a Tito. El santafesino acumulaba 50 goles en 134 encuentros entre Tiro Federal y Colón. En Avellaneda se llevó una mochila repleta de insultos:
cuatro tantos en 24 partidos. Pasó por Banfield y anduvo bien, se fue a Godoy Cruz y la rompió, volvió a Colón y festejó a más no poder. Hoy, en el Tomba, lleva cinco en 12.
Claudio Bieler. Adivinen quién lo incorporó tras su impresionante actuación en Liga de Quito... Sí, Racing. Lo llevó
Miguel Ángel Russo con los pergaminos que traía de Ecuador: 49 goles en 98 partidos, una Copa Libertadores y una Copa Sudamericana. Lo pagaron una fortuna.
Ocho en 36, su marca en Avellaneda. Ojo: "Taca", de ahí, se fue a Newell's: cinco en 30. Hasta que volvió a Liga de Quito, se recuperó y metió 22 en 58.
Santiago Salcedo. Lo quiso
Diego Simeone después de insistirle a José María Aguilar durante todo el mercado de pases del 2008. Las razones las había expuesto en Newell's,
donde además de hacer 12 tantos en 37 juegos, demostraba tener una categoría distinta, una potencia infernal. Fue un bleff.
Dos gritos en 17 partidos. De nuevo a Newell's: uno en 18. Recién ahora repuntó su carrera en Banfield, clave en el ascenso.
Roberto Sosa. Pampa irrumpió en Gimnasia de La Plata. La temporada 97/98 fue consagratoria,
con 28 tantos en 38 juegos. Lo vieron de Italia: Udinese vino a buscarlo y desembolsó u$s 7.500.000. En Italia anduvo bien y se quedó hasta 2002, cuando Boca lo vino a buscar para reemplazar a
Martín Palermo, nada más y nada menos.
Duró seis meses porque no hizo ningún gol. Regresó a Italia, se vistió con la camiseta del Napoli y se transformó en ídolo: estuvo en todas las campañas del club desde la C1 hasta la Serie A.
César Pereyra. Pocos se acuerdan del Picante antes del tremendo nivel que mostró —y muestra— en Belgrano.
Pero Pereyra jugó en Independiente. Fue un ratito: disputó once encuentros y nunca gritó un gol. Venía de un buen pasar por Unión, con 32 tantos en 118 partidos.
Después del Rojo, volvió al Tatengue, hizo 27 en 82 y se fue a Belgrano lleva 49 en 165. Denis Stracqualursi. Llegó a
San Lorenzo para solucionar la anemia de gol. En Tigre lo había hecho y por eso lo había comprado el Everton inglés, donde no funcionó. En Boedo anduvo mal:
ocho goles en 33 juegos. Poco para lo que se esperaba de él. Emelec de Ecuador lo reinventó.
Hugo Romeo Guerra. Boca confió en él porque venía con goles en su haber.
Primero, 28 en 97 partidos en Gimnasia de La Plata; luego, 15 en 37 en Huracán.
Carlos Bilardo confió en él, y el uruguayo sólo respondió en el Superclásico con el memorable gol de nuca. En el resto de los cotejos, fueron cuatro goles más en 11 partidos.
Javier Cámpora. Cachorro es un trotamundos. Se puso, con sus 34 años, 13 camisetas.
Surgió en Rosario Central y se lució en Tiro Federal, cuando fue goleador del torneo a pesar del clarísimo descenso que sufrió el equipo en la temporada 2004/2005. Pasó por México y Grecia, recaló en Colo Colo —donde no anduvo del todo mal—, jugó en Huracán y...
Racing apostó por él. No, tampoco:
cuatro anotaciones en 28 partidos. Luis Zubeldía nunca le dio toda la continuidad. Él no demostró merecerlas.
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