martes 6.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
01 | 03 | 2016
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Angelici, el desprolijo: es el tercer técnico que echa en 4 años

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El Tano suele dar la extremaunción días antes de terminar los vínculos profesionales con sus entrenadores. Rodolfo Arruabarrena fue el tercer despedido por el presidente de Boca.

Angelici, el desprolijo: es el tercer técnico que echa en 4 años
Foto: AP
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Es difícil definir el estilo político de Daniel Angelici. Por momentos, es un gran gestor: Boca, en materia económica, es un club con superávit, sin deudas y ordenado patrimonialmente. Aunque trajo a Carlos Tevez, está en deuda con el fútbol. Consiguió tres títulos en cuatro años: dos Copa Argentina y un torneo local. Y despidió, en la misma cantidad de tiempo, a tres entrenadores: Julio César Falcioni, Carlos Bianchi y Rodolfo Arruabarrena escucharon palabras de elogio días —en algún caso, horas— antes de quedarse sin trabajo.

"Le voy a renovar el contrato a Falcioni", gritó el Tano a los cuatro vientos, en 2012, abstraído del pedido popular: Carlos Bianchi. El ex Banfield fue campeón del torneo local y de la Copa Argentina, pero estaba peleado con Juan Román Riquelme. No lo quería. Y el que no quiere a Riquelme, en Boca, no quiere a su madre. La confirmación del mandamás fue un balde de querosén, una provocación para los hinchas, que se expresaron el 7 de diciembre. La Bombonera, esa tarde, no latió, habló: insistió con el Virrey y marcó su apoyo innegociable con el 10.

Angelici escuchó: "Lo que pasó nos hizo reflexionar", dijo. Dejó caer el vínculo que caducaba el 30 de diciembre. "El club le agradece el trabajo realizado", declaró. En esos días, por primera vez, sonó Guillermo Barros Schelotto. El Mellizo se quedó en Lanús. Y el Tano cerró con Carlos Bianchi, el DT más ganador de la historia del club. 

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Bianchi fue un fiasco, una muestra de que un pasado exitoso no garantiza un presente de gloria. No ganó nada. No mostró buen juego. No armó un equipo sólido, como aquellos con los que salió campeón de absolutamente todo, a finales de la década del '90 y principios del '00. El amor de la gente se mantuvo intacto. La paciencia del presidente no.

El Tano apareció en el entrenamiento el 20 de agosto. Remera azul, sonrisa en la cara, irrumpió en la práctica como si nada. ¿Qué necesidad tiene un presidente de respaldar a un director técnico que, en teoría, banca? ¿Por qué ir al entrenamiento a brindar su apoyo? Cuatro días después, lo despidió. Cuatro días después, se acabó la banca. "Tenemos que poner fin y empezar un ciclo nuevo", dijo, horas después de asegurar que Bianchi iba a seguir.

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Al Vasco Arruabarrena lo llamó por teléfono. Angelici, desde que Mauricio Macri llegó a la presidencia, es un hombre ocupado. No tuvo tiempo de sentarse cara a cara con el entrenador. Tampoco de aceptar preguntas en el anuncio de prensa que realizó esta mañana. Lo había querido despedir hace dos semanas, pero se encontró con un entrenador con convicción para seguir. Lo había elogiado hace tres semanas, pero en el fondo quería echarlo. El domingo, en la derrota ante Racing, rebalsó el vaso. Y el lunes repitió la fórmula: lo despidió.

Ahora sería el turno de Barros Schelotto. Podrá, por fin, cumplir con su anhelo de traer al entrenador preferido de Mauricio Macri.

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