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08 | 11 | 2016
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¿Quién es Hillary Clinton, la mujer que busca ser la primera presidenta de EEUU?

Matías Quercia
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Por Matías Quercia


El Supermartes llegó y la ex Secretaria de Estado está a un paso de convertirse en dueña del Salón Oval, por los próximos cuatro años. Entrá a esta nota y enterate cómo fue el camino de la esposa de Bill Clinton hasta la puerta de la Casa Blanca

¿Quién es Hillary Clinton, la mujer que busca ser la primera presidenta de EEUU?
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Luego de una larga trayectoria, Hillary Clinton está a un paso de ser la primera mujer en erigirse como presidenta de Estados Unidos. Le resta un peldaño de esa escalera que visualizó en su época de juventud, cuando su nombre todavía no estaba adherido al apellido de su marido, hombre con el que iba a construir un binomio trascendental en la política de la mayor potencial del mundo. Será en un puñado de horas, en el denominado Supermartes, cuando ponga en juego la plaza en Washington frente a su rival, Donald Trump.

A lo largo de la campaña las encuestas mostraron a la candidata demócrata por encima de su par republicano. A tal magnitud que, tras los debates que se desarrollaron entre septiembre y octubre, se posicionó con una ventaja cercana a los 12 puntos. Sin embargo, el magnate oriundo de Nueva York consiguió limar la diferencia y por eso, evidenciando una paridad absoluta, la historia parece tan reñida que la incertidumbre no sólo recorre los pasillos de la Casa Blanca sino cada uno de los rincones del país.

A la expectativa de lo que ocurra, quien fuera primera dama cuenta con apoyos mayúsculos en la elite norteamericana, algo que se fue profundizando con el correr de las semanas, especialmente por la imagen del adversario de turno, que suele generar preocupación por la verborragia que expone en sus discursos, aprovechando su mote de ajeno a los círculos políticos. Así es como se la considera a ella la exponente del establishment, la necesaria figura para mantener cierto equilibrio.

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¿Cuáles son los avales?


Una extensa carrera en distintos cargos de envergadura: una participación permanente en distintas actividades gubernamentales al acompañar a Bill Clinton, certificando la pauta que el propio presidente había establecido en 1993 cuando ganó las elecciones y lanzó el "dos al precio de uno"; o un gran caudal de labores posteriores, entre la que se destaca haber sido Secretaria de Estado durante el primer mandato de Barak Obama entre 2009 y 2013.

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Ese currículum, confeccionado en torno al poder, ubica a Hillary Rodham, tal su nombre prematrimonial, en la palestra con argumentos como para sentarse en el sillón principal del Salón Oval. Aun así, encontró obstáculos al por mayor para sacar rédito de ese historial y por eso el resultado del Supermartes es una incógnita.

En principio, la demócrata no logró resaltar, durante la campaña, sus pergaminos como emblema de la política exterior estadounidense, todo embarrado con los centenares de emails de aquella época desde un servidor privado, que se posaron en el centro de la escena en los últimos meses y que derivaron en investigaciones por parte del FBI. Y además, el eclipse que generó, sobre distintas actividades como cabeza de la diplomacia de EEUU, el atentado ocurrido en la embajada en Bengasi, en Libia, en 2012, donde, entre otros norteamericanos murió el titular Christopher Stevens, evidenciando fallas de seguridad para las cuales tomó responsabilidad la propia Clinton.

Esas son, a fin de cuentas, las imágenes que se perciben de la protagonista por estas horas sobre su labor como Secretaria de Estado, dejando en un segundo plano cuestiones que, posiblemente, sean de peso para los estadounidenses como la operación militar que mató en 2011 a Osama Bin Laden, la mente detrás de los ataques a las Torres Gemelas una década antes.

Así la situación, la mujer optó por habilitar otros casilleros de su trayectoria política, impulsados de la mano de una campaña que tomó en cuenta la infraestructura tecnológica vigente para personalizar los mensajes y dirigirlos, confeccionados profesionalmente, hacia ciudadanos con intereses específicos. Una especie de salto de calidad de aquella versión 2.0 con la que el propio Obama le ganó las primarias ocho años antes, dando rienda suelta a las redes sociales.

De esa manera, en contraposición a Trump, que emana un discurso en general, en mayor medida improvisado, con los puntos básicos ya establecidos y que se asemejan a las preferencias elementales del hombre blanco empobrecido, Clinton sostiene un itinerario estructurado para alcanzar los votos de las diferentes minorías, y apela a distintos enfoques para cautivar a cada bloque. Y se apoya, fundamentalmente, en los más golpeados por las palabras de su contrincante.

En ese sentido, no es de extrañar que haya sacado a relucir, durante los debates, además de su condición de mujer, aquellas pautas que impulsó durante sus años como primera dama y, posteriormente, senadora por Nueva York, todo mientras el republicano recibía cachetazos mediáticos a partir de la divulgación de un audio en el que exponía que, tal su fama, podía hacer lo que quisiera con las mujeres.

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¿Qué hizo Hillary, siendo mano derecha de Bill?


Evadiéndose del caso Lewinsky, aquel affeire que hizo ebullición en los medios de comunicación a fines de los 90' entre el ex presidente y una becaria de la Casa Blanca, -situación que volvió a poner en la palestra Trump en respuesta a aquellas acusaciones-, la ahora candidata al cargo mayor puso en consideración la grilla activa cuando fue primera dama.

"Si hay un mensaje que resuena, que sea que los derechos humanos son los derechos de la mujer y que los derechos de la mujer son derechos humanos, de una vez por todas", fue una de las frases que desplegó en sus viajes por el mundo en la última década del siglo pasado. Se había referido a la situación compleja que vivía la rama femenina, especialmente, en Medio Oriente y China. Y ahora se muestra como una opción frente al discurso del contrincante rumbo a la presidencia.

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En sintonía, expuso sus logros en aquellos años como la Ley de Adopción y Familias Seguras, que permitía multiplicar los fondos federales para el cuidado de chicos y adolescentes, o las numerosas organizaciones que resaltó en torno a la educación, la igualdad de género y la niñez.

Y otro eslabón clave con miras a las Elecciones es el de la comunidad latina, en franco crecimiento en el territorio y hacia la cual mostró su fastidio el propio Trump, pues uno de sus puntales radica en construir un muro en la frontera con México, previo paso de erradicar a los inmigrantes ilegales. Clinton, entonces, apeló al temor que genera esa idea e intentó captar ese voto, teniendo en cuenta, por caso, su relevancia en Florida, un estado vital para allanar el camino a la Casa Blanca.

Algo similar sucede con los afroamericanos, aunque en este caso el inconveniente para que su imagen sea positiva es más evidente. ¿Por qué? Simplemente: Hillary no es Obama. La observan más tendiente al establishment, lo que no termina de convencer. Por eso la mujer se posa en el actual presidente y en la propia primera dama para persuadir. Entiende que esa es la manera de sacar ventaja. Ya lo fomentó, siendo acompañada por Michelle en algún que otro mitin, y lo fue  con el cierre de campaña, teniendo en el escenario al propio mandatario.

A su vez, resaltó que varias de sus políticas se mantendrán, certificando un continuismo frente a la ruptura que propone Trump en varias cuestiones, como los acuerdos económicos con distintos países y la cobertura de salud. Esta última conocida como Obamacare pero que ya tenía su precedente, justamente, en una propuesta de Clinton y que no surtió efecto en los 90', intentando crear un abanico más grande para proteger a quienes no tengan acceso a la medicina privada.

Llegó el momento de la verdad y en cuestión de horas se sabrá quién será el nuevo presidente de la mayor potencia del planeta. Hillary Rodham, aquella republicana que trastocó en demócrata en plena década del 60', cuando la lucha por los derechos civiles estaba en boga, inmersa en la Guerra de Vietnam; esa Hillary Clinton con años de trayectoria en la política norteamericana, quiere subir el último peldaño y convertirse, en 2017, en la primera mujer presidente de Estados Unidos.

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