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Fútbol
27 | 12 | 2016
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Se despertó el gigante: ¿por qué China compra jugadores por millones?

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Impulsados por el presidente Xi Jinping, el país asiático piensa emerger como una potencia mundial en el fútbol. Políticas de Estado, fortunas y jugadores de jerarquía son las tres bases donde se empieza a construir el poderío chino.

Se despertó el gigante: ¿por qué China compra jugadores por millones?
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El aterrizaje de Carlos Tevez en el fútbol chino es la confirmación de que el despertador sonó en Asia. China quiere ser la nueva potencia mundial del fútbol. La decisión no es por el interés de algunos empresarios en desarrollar el deporte más popular del planeta. Es una política de Estado: el presidente Xi Jinping está detrás de un plan que podría llevar a su país a manejar la pelota como el gran dominante.

El plan quedó evidenciado en los últimos días: además del pase de Tevez, Óscar, un jugador sin mucha cartelera en el Chelsea inglés, cruzó el mundo para sumarse al Shanghai SIPG. Las razones son netamente económicas. Percibirá más de 24 millones de euros por año. Ganará más que el Apache con su flamante contrato, pero menos que Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, a punto de renovar su vínculo con Barcelona. Óscar y Tevez se suman a Jackson Martínez, Ezequiel Lavezzi, Hulk, Ramires, Roger Martínez, Giovanni Moreno, Paulinho y Freddy Guarín para jerarquizar la competencia. Son estrellas de segundo orden. Los clubes chinos gastaron 300 millones de dólares en 2016.


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El proyecto estatal arroja números escalofriantes. Antes del 2030 debe haber 20.000 centros de entrenamiento y 70.000 canchas desparramadas por todo el territorio. El presidente mandó a cerrar canchas de golf para poner arcos y redes. Obligó a los funcionarios del Partido Comunista a dejar los palos y calzarse los botines. Sumó el fútbol al currículo escolar de los niños chinos con la esperanza de encontrar a algún Lionel Messi con los ojos estirados. El objetivo de Xi Jinping es convertir a China en la mejor selección del planeta en 2050. En ese tiempo, planea conseguir la organización de una Copa del Mundo. China clasificó a un Mundial en 2002. Fue en Corea y Japón. Quedó eliminado en primera rueda. Perdió los tres partidos. No convirtió goles.

Algunas normas de la Superliga China incentivan el desarrollo de los jugadores locales, semillas de la próxima Selección que, según su jefe de Estado, debería ganar un Mundial en los próximos años. Bajaron de cinco a cuatro el tope de extranjeros como máximo capacitado para cada plantel. Dentro de los 22 jugadores que arrancan un partido del torneo local, debe haber 14 chinos. Los arqueros, obligatoriamente, tienen que haber nacido en el país. Por eso, la mayoría de los clubes invierten en delanteros o volantes.

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La expansión asusta a los clubes europeos no sólo por la compra de jugadores. Algunos empresarios chinos invirtieron directamente en equipos. En España, Wang Jianlin, propietario de la principal constructora de China, compró el 20% de las acciones del Atlético Madrid por 50 millones de euros. Chen Yansheng, dueño de la juguetera Rastar Group, invirtió 130 millones de euros para comprar el Espanyol. En Italia, el grupo Suning puso 270 millones de euros para adquirir al Inter de Milan.

Mientras tanto, el fútbol chino tiene un dominador claro. Guangzhou Evergrande, con Luis Felipe Scolari como entrenador, y Paulinho, Ricardo Goulart y Jackson Martínez como estandartes, ganó los últimos seis campeonatos consecutivos. Comenzó a dar vueltas olímpicas en 2011 y no frenó más. Darío Conca brilló en los primeros tres éxitos. En ese lapso ganó dos Champions League asiáticas. En 2015, en el Mundial de Clubes, tuvieron media hora de gracia contra Barcelona.

Ahora, los demás clubes buscan romper la hegemonía. Salieron al mercado con barcos repletos de plata fresca. Buscan a varios argentinos: Fernando Gago, cuyo contrato con Boca vence en junio, es uno de los pretendidos. Vendrían a buscarlo con una cifra insólita, que ni siquiera el corazón más enamorado de su club podría rechazar. Leonardo Ponzio, ídolo en River, también suena. Y hasta Ángel Di María: el Fideo es capaz de romper su promesa de regresar a Rosario Central si aparecen los yuanes.

El mapa del fútbol empieza a inclinarse hacia China. Los millones pueden formar un campeonato interesante capaz de poner en jaque al orden actual del fútbol.

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