La GBU-43/B MOAB forma parte de las alternativas militares que analiza el Pentágono para destruir instalaciones subterráneas, más allá de las críticas hacia su efectividad
El Ejército de Estados Unidos prepara nuevas opciones militares contra Irán que incluyen el posible uso de la llamada “madre de todas las bombas”, una de las armas convencionales de mayor potencia de su arsenal. La alternativa fue revelada por CNN, que citó a funcionarios estadounidenses, en un contexto de negociaciones estancadas y nuevas amenazas entre ambos países.
La bomba GBU-43/B MOAB podría utilizarse contra infraestructura energética e instalaciones nucleares iraníes si el presidente Donald Trump decide retomar las operaciones militares. Sin embargo, su efectividad contra objetivos subterráneos y complejos fortificados genera dudas entre los especialistas.
La GBU-43/B MOAB es una bomba convencional de gran potencia que detona en el aire, antes de impactar contra el suelo, y libera una onda expansiva de gran alcance. Su nombre en inglés, Massive Ordnance Air Blast, hace referencia a ese tipo de explosión.
Aunque suele asociarse con la destrucción de posiciones fortificadas, su diseño no está orientado específicamente a penetrar grandes profundidades bajo tierra. Por esa razón, existen interrogantes sobre su capacidad para alcanzar instalaciones nucleares protegidas por estructuras subterráneas.
Se señaló que el arma “no está diseñada como una ojiva de penetración profunda”. Esta característica podría limitar su utilidad frente a determinados objetivos militares iraníes.
La bomba fue desarrollada por Estados Unidos a comienzos de la década de 2000. Durante las etapas finales de sus pruebas, en 2003, militares estadounidenses también destacaron su posible función psicológica, vinculada al impacto que una explosión de semejante magnitud puede generar sobre las fuerzas adversarias.
La posibilidad de nuevos bombardeos aparece mientras continúan las dificultades diplomáticas entre Washington y Teherán. En las últimas semanas, Trump amenazó con aumentar la presión militar sobre Irán y llegó a plantear la posibilidad de “aniquilar” al país.
En una entrevista con la revista Time, publicada el 1 de octubre, el mandatario defendió esa postura y sostuvo que la destrucción de Irán sería la única opción para restablecer la estabilidad mundial, según la información difundida por RT.
No obstante, sus declaraciones también incluyeron señales contradictorias. La semana anterior, Trump había afirmado que Estados Unidos no tenía previsto atacar Teherán antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, programadas para el 3 de noviembre.
En paralelo, trascendieron versiones sobre un pedido de la Casa Blanca al Pentágono para preparar alternativas de nuevos ataques antes de esos comicios. De acuerdo con esos informes, la iniciativa buscaría mostrar avances militares y contribuir a reducir el precio de la gasolina.
El Gobierno iraní también endureció sus advertencias ante la posibilidad de una nueva ofensiva. El 6 de octubre, el portavoz del Ministerio de Defensa, el general de brigada Reza Talei-Nik, afirmó que el país había multiplicado por 2,5 su capacidad de producción de armas y equipos de defensa durante los siete meses anteriores, en comparación con el período previo a la guerra iniciada a finales de febrero por Estados Unidos e Israel.
El funcionario advirtió, además, que cualquier nueva agresión o amenaza de Washington e Israel recibiría una “respuesta decisiva”.
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