En lo que quizás sea una guerra de paciencia, chocan este sábado en Las Vegas. Pese a haber sido dominado en la primera, a estar abajo en las apuestas, y a venir de un doping positivo por Clembuterol, el mexicano es "el lado A" de "La Pelea del Año", y el que más cobrará por ella. ¿Podrá modificarse demasiado la versión original? ¿Será el tiempo su aliado?

La pregunta del millón es si la segunda versión de Canelo-Golovkin es realmente tan esperada como la primera, y de ser así, cuál es la razón.

Y más allá de quién sea el ganador, si va a ser mejor o peor que la anterior.

El resultado en sí perdió algo de incertidumbre tras ver la del año pasado, que muchos inflaron de peleón, pero que no tuvo demasiado de eso, y a la que para colmo sazonó un fallo polémico (empate), que sonó funcional a esta que viene -que no es desquite, ni revancha, ya que no hubo vencedor-, más por razones comerciales que boxísticas.

Este sábado volverán a enfrentarse en el T-Móbile Arena de Las Vegas en lo que es sin dudas “La Pelea del Año”, con TV en directo a partir de las 21:30 por Combate Space, donde el kazajo defenderá su corona mundial mediano AMB y CMB ante el mexicano, que pese a estar abajo 2 a 1,5 en las apuestas, es -como se dice en el mundo empresarial del boxeo- “el lado A”, refiriéndose al que vende, al que genera el negocio, la compra de tickets y de PPV. Por lo tanto cobrará más que el campeón (se dice que 30 palos verdes contra 20 de “Triple G”).

Curiosidades del boxeo y del público en general, porque para la gran mayoría el Canelo defraudó en la primera.

Todo esto pese a haber sido sancionado con 6 meses de suspensión por dar doping positivo en febrero pasado, lo cual degradó más aún su imagen, que ya había quedado dañada tras el primer choque.

Especialmente por su planteo, que denunció debilidad, por más que algunos lo hayan considerado “inteligente” por no haberse ido a cambiar golpes con Golovkin. Una actitud huidiza, que no concuerda con el paladar guerrero azteca.

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El Canelo se vio superado más que boxística, físicamente por GGG, aunque lo hayan premiado con un empate y con una tarjeta insólita de 118-110 a su favor. Lo único que pudo rescatarse fue su defensa y “buen planteo”, que más que un mérito fue un demérito para sus fanáticos, que esperaban que –pierda o gane- saliera a pelear a todo o nada como había dicho, y a imponer la hombría mexicana.

No tiene sentido arriesgar entonces un pálpito, porque nada parece haber cambiado de un año a esta parte. Y de haberlo hecho, sería en su contra, si es que dejó de recibir “ayuda extra” –aunque negó que así fuera y culpó de todo a la ingesta de carne contaminada-.

De todos modos, quienes lo conocen afirman que a partir de allí perdió bastante masa muscular y con ella algo de potencia, cosa que desde aquí nadie puede afirmar y en consecuencia no hay fundamentos sólidos para opinar.

Pero dio la sensación de que en la primera, el empate pudo haberse desequilibrado más si GGG no regulaba tanto, y si en algunas acciones en vez de levantar el pie del acelerador pisaba a fondo, ya que hubo pasajes en los que sus golpes se advirtieron con freno de mano, una especie de light contact, sin ánimo de definir.

Con esa lógica, en único que podría superar su performance de hace un año sería Golovkin, no Canelo, pero eso no bastaría para que le diesen la decisión por puntos, si vuelven a ir a las tarjetas, como la razón indica.

Es que la maquinaria, el negocio, el interés y el futuro, está claramente del lado del Canelo, el “lado A”, por las buenas o por las malas. Y de buscarse una tercera pelea, ésta se justificaría sólo ante una derrota del kazajo, que aún marcha invicto y tiene una imagen indiscutible, no al revés, porque al mexicano se le acabaría el crédito.

A menos que…. los 36 años de GGG empiecen a pasarle factura.

O a menos que… el atraso de fecha que ocasionó el doping -sin querer, o queriendo- haya atentado contra el asiático, y favorecido el calendario vital de Álvarez, de apenas 27 y aún lejos de perder la pulseada contra el tiempo. ¿Resistiría este duelo una tercera versión?

No es nada extraño en los atletas de alto rendimiento que empiecen a pagar peaje al llegar a esta parte fronteriza de su vida. Nunca se sabe dónde está el punto de inflexión en la curvatura descendente, que suele ser silenciosa, mas vertiginosa.

Golovkin podría sufrir entonces en carne propia los ardides de sus antepasados. Porque los rusos solían aguantar las batallas hasta su crudo invierno, para ganarlas en su intolerable clima. Sus victorias dependían entonces de su paciencia y de factores externos más que de sus virtudes, algo que GGG conoce por ser un hombre de guerra, en la que perdió a sus hermanos. Ahora el destino puede ahogarlo en su propia tinta.

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