Érica "La Pantera" Farías perdió sorpresivamente su título mundial superligero CMB en Chicago, ante la local Jessica McCaskill, una tapada que ni estaba en condiciones reglamentarias de disputar la corona, pero que la superó con amplitud. ¿Qué falló en la elección de la rival en una defensa optativa? ¿Es inteligente salir del país en vez de pelear más seguido acá?

Hacía un tiempo que La Pantera Farías venía coqueteando con perder la corona mundial superligero CMB que ostentaba, repitiendo bajas performances.

Pero jamás se imaginó que pudiera ser contra una rival de apenas 7 peleas, con 5 victorias y 2 derrotas -una por puntos ante la encumbrada irlandesa Katie Taylor, cabe destacar-, de 34 años como ella, que ni siquiera estaba rankeada dentro de los 15 habilitados en su categoría por el CMB para ser retadora mundialista, y recién figuraba 15ª entre las ligeros del Consejo.

Cierto es que lo hizo de visitante, en Chicago, Illinois, justamente donde vive Jessica McCaskill, pero a decir verdad, en nada influyó la localía, porque la yanqui fue netamente superior a la Pantera, que paradójicamente hizo -no en lo estratégico, pero sí en lo boxístico- una de las mejores peleas de los últimos tiempos, sencillamente porque no se dedicó a agarrar como lo venía haciendo, sino que peleó, cambió golpes, y en ese duelo, McCaskill la superó en casi todas las vueltas. (NdeR: 97-93, 98-92 y 96-94. Este medio 99-91).

Pantera Farías

¿Era una tapada? ¿Fue todo mérito suyo? ¿Por qué el CMB la tenía 15 en ligero y por qué le dio la chance, contraviniendo las más elementales reglas de cualquier deporte con ránking, que para eso están?

Paradójicamente también, si nos ponemos reglamentaristas, la pelea no debió haberse sancionado oficialmente como de título mundial, porque los puestos de los escalafones no son transitivos hacia las categorías vecinas.

Sin embargo, McCaskill en la práctica tiró por la borda esto, y aunque se quiera argumentar que se debió a un mal desempeño de la argentina, su pujanza primero -pese a su desprolijidad-, y su variedad técnica después, le calzaron merecidamente la corona.

Es más; en toda su carrera jamás la Pantera tiró las combinaciones que tiró la yanqui, y menos el uppercut-cross (algunos de misma mano), lo que la sitúa técnicamente por encima de ella.

Pero creer que ésa fue la receta de su victoria es mirar con un solo ojo, o la mitad del ring. El problema es que a Farías le pegan todo lo que le tiran, incluso las que van afuera, porque tiene cero defensa.

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Su sistema defensivo –al menos de mitad de carrera para acá- fue el amarre constante, el anti boxeo, el no querer pelear esperando que pasen los segundos trabada, en vez de preocuparse en el gimnasio por pulir esa parte con bloqueos, barridos, cintura, rotaciones, pivoteos, o simplemente caminando y jabeando, entrando y saliendo con velocidad.

Dio últimamente la sensación de que estaba harta del boxeo, de tenerle pavor a los golpes, de sólo buscar un resultado sin importarle lucir.

Ignoramos por qué el sábado en el Wintrust Arena de Chicago cambió su estilo y se puso a pelear, cosa que fue meritoria. Sucede que no estaba preparada para hacerlo con solvencia, ya sea porque no lo practicó en el gimnasio, o lo practicó y no lo aprendió, o lo aprendió y no lo aplicó.

Pero no hubo un mínimo atisbo estratégico, un plan A –ni hablar de uno B-, una hoja de ruta, como si todo fuese cuestión de subir al ring y tirar golpes sin importar la rival, que en los papeles previos no presentaba peligro, aunque era al revés. Eso en boxeo se conoce como “fierro caliente”. McCaskill era un fierro caliente.

También está la otra parte. El desvelo de la Pantera –y de muchos púgiles argentinos- por salir del país, especialmente por pelear en Estados Unidos, quizás por la plata, quizás por prestigio, vaya a saberse. ¿Habrá habido mucha diferencia económica?

Si por eso fuera, el monto de las bolsas de afuera –si es que hay diferencias apreciables- se lo equipara con la cantidad de defensas hechas en casa, donde abundan rivales –NdeR: las tres primeras del ránking CMB son argentinas: Esteche, Oliveras, Anahí Sánchez). Y está Celeste Peralta como refuerzo, por las dudas. Pero claro, una es amiga, otra enemiga, otra ni fu ni fa. Y así.

Lo cierto es que en 2017 Farías hizo una sola defensa –la otra fue un intento por la corona welter y perdió contra Braekhus-, y en 2018 acaba de hacer la segunda. ¿Puede una boxeadora mantenerse con tan poca actividad, siendo que las bolsas en el boxeo femenino son tanto más bajas que las del masculino? ¿De quién es la culpa de la poca actividad, del manejador (Osvaldo Rivero) o de ella?

El Gran Santos Zacarías una vez dijo, en ocasión de lo poco que peleaba su pupilo Látigo Coggi: “si fuera por mí, pelea todos los días, porque yo cobro el porcentaje. Pero el boxeador es el que se sube y recibe los golpes. Y la bolsa siempre le parece poca”.

A veces menos es más. Pero en general, recibimos lo que producimos, sin que el género condicione nada, como viene siendo la queja.

En el terreno masculino, todos entrenan como Messi o Ronaldo y no todos ganan como ellos. Algunos lo hacen igual o más que Mayweather, o en su época que Tyson, pero lejos están de equiparárseles en lo económico. Tampoco los periodistas ganamos como Tinelli o Lanata, no importa la hora-hombre de laburo. Justas o injustas, son las reglas del capitalismo, y no entenderlas es como pretender que la montaña vaya al mar.

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