La "Fecha FAB" nació como solución a problemas internos del boxeo organizado entre promotores, pero en un contexto de crisis como el actual le será difícil prosperar, amén de arrastrar otros inconvenientes. ¿Tienen sentido sin poder programar a las pocas figuras actuales? ¿Alcanzará con usar la fecha sólo para la camada de Río o provenientes del amateurismo? ¿Hay internamente neutralismo para autorregularse?

La segunda Fecha FAB -como se denomina a aquellas en las que la entidad madre del boxeo argentino organiza veladas sin la intermediación de promotores, como se hacía en el formato anterior-, dejó varias cosas en claro, además de otras para pensar.

En primer lugar, lo que quedó en claro fue que duró poco el objetivo por el cual se creó.

En segundo -quizás el más importante-, es que eso no impedirá que se siga adelante con el proyecto, volviendo lentamente al modelo pasado, o al menos a un mix, alternando fechas, sin unificar los métodos.

El propósito inicial era armar peleas que los promotores no organizaban por falta de presupuesto, o por no querer enfrentar a sus figuras contra las del otro, más que nada para no ceder la promoción, o para no perder el control –y sobreprotección- de su negocio.

La idea base garantizaba que la Fecha FAB fuera de alto nivel, y supliera los celos empresariales poniéndose por encima de estos, siempre con la venia de TyC Sports, que con tal de mejorar su producto, adecuaría las bolsas a la jerarquía de los protagonistas.

Eso le daría un indudable aire fresco al alicaído pugilismo nacional y a la pobreza de las veladas que reinaban últimamente.

Pero ese intento ya fracasó.

Para esta fecha –la segunda- que se realizó el pasado sábado en Lanús, la consigna era organizar la revancha de Ponce-Amitrano I que había ganado el primero tras un mal fallo, arrebatándole el título sudamericano superligero al puntano.

Sin embargo Jeremías tenía un compromiso previo para el sábado que viene en Alemania por la corona superligero de la IBO ante el local Rico Mueller, por lo que desistió de la oferta. Se lo declaró en receso, y se dispuso entonces poner en juego el alternativo hasta que vuelva y enfrente al ganador.

La reflexión obligada es: caída la pelea de origen, bien podía haberse postergado la fecha hasta que apareciera otra mejor, o se pueda rearmar Ponce-Amitrano II.

Pero no. La FAB decidió usar sí o sí el día asignado, no importa con qué pelea, con lo cual, está avisando que ya es una pata más dentro de la repartija. Que ya no aparecerá sólo en casos justificados, o para hacer grandes peleas, sino que quizás hasta tenga un calendario.

¿Está bien o está mal? ¿No era lo que de un modo u otro se le pedía? ¿No se creía que de esa forma se elevaría el nivel de las veladas, y se resolverían muchos conflictos que las impedían, amén de neutralizar fallos localistas o “rinconeros”?

La experiencia está demostrando que tal vez se usen esas fechas para la participación de la última camada amateur que fue a Río 2016, o la de Los Cóndores. En el mejor de los casos, algún boxeador suelto, o con conflictos contractuales. ¿Tiene sentido este modelo si los promotores no prestan a sus boxeadores, o estos prefieren otros compromisos?

La prueba está que no hubo demasiadas diferencias con las demás veladas que venimos viendo, y hasta se plantearon peleas con cero gancho. De hecho, TyC Sports tuvo que bajar alguna por falta de equivalencias.

Pero Amitrano fue siempre el titular, el protagonista, como si estuvieran en deuda con él. Se lo pensó con Juan José Velasco, y hasta con el propio Jorge “La Hiena” Barrios, que hubiese causado un fuerte impacto promocional. Pero La Hiena se negó, quizás por fidelidad a su ex mánager y amigo Mario Arano, que en su momento manejó a Amitrano y no quiso hacerle el caldo gordo a la FAB.

La cuestión es que se terminó recalando en el santafesino Emiliano “La Cobrita” Domínguez como rival de Amitrano, que no estaba en el ránking argentino al momento de la elección, y había perdido dos veces ante el puntano el año pasado, más otra en el exterior, todas por puntos.

Y este año también perdió otra por puntos, en injusto fallo ante Matías Rueda, la otra “Cobrita”. Eso seguramente lo sacó del ránking, aunque desde la FAB luego se adujo “omisión” y se corrigió el error, rankeándolo 7º en septiembre. Pero unos acusaron “omisión involuntaria” y otros justificaron su exclusión. ¿Cuál será la verdad? Si era por convicción, ¿se lo rankeó entonces para mejorar desde los papeles el nivel de la cartelera?

Era un título sudamericano alternativo, que luego deberá unificarse contra el campeón en receso (Jeremías Ponce) antes de los 6 meses, cuando éste reaparezca, caso contrario se convertirá en regular el que se muestre disponible.

Así dice el reglamento argentino, ya que el sudamericano no tiene reglas. Por ende, se rige por las argentinas, por tener sede aquí en nuestro país. Mejor dicho, los títulos sudamericanos tienen sede en el país que más campeones sudamericanos posean, y ése siempre fue y será Argentina. Por lo tanto, se aplican sus reglas. Eso lo debieran tener en claro quienes lo manejan, para no violarlas.

Porque en el afán de cubrirse, o justificarse, a veces se argumenta mal, o se desconoce. Ningún púgil que no esté rankeado puede pelear por un título, menos en un país que cuida tanto esos detalles como el nuestro, al menos hasta que no cambien las reglas.

No hay ránking sudamericano, porque supuestamente debieran disputarla los campeones de cada país, algo que de por sí es imposible, porque no existen. ¿Entonces de qué ránking sacar a los retadores?

Sería una incoherencia reglamentaria que para el título argentino haya que estar en sus listas, y para el sudamericano no. Pero hay algo más específico aún: para llenar alternativos, o vacancias, no alcanza con estar en el ránking, sino que deben estar entre los 3 primeros del escalafón.

Domínguez, pese a haber sido agregado de apuro -ignoramos si por convicción o por necesidad- reglamentariamente no podría ser retador ni estando estando 7º, aunque sobre el ring estuvo a la altura, y ambos hicieron una pelea, aunque muy mala (NdeR: ganó Amitrano por puntos 12). Que todo esto suceda en una fecha FAB, organizada y controlada por ella, agrava el error, y hace pensar hasta qué punto puede uno controlarse a sí mismo.

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