El viernes pasado en la FAB se puso en juego un título trucho, aunque en realidad nunca estuvo en claro cuál era. No se anunció -ex profeso-, se lo quiso camuflar con el "sudamericano del CMB", y por si fuera poco, el fallo debió haber sido descalificación para el uruguayo Amílcar Vidal (que ganó), absurdamente el protagonista de una velada argentina

Todavía nos seguimos preguntando por qué un uruguayo (Amílcar Vidal) tiene que ser el protagonista principal de una velada boxística realizada en un ring tan criollo como el de la FAB el viernes pasado, y televisado por la pantalla deportiva nacional (TyC Sports). Y por qué contra un argentino que fue bien de punto como Martín Bulacio. (NdeR: Vidal GKOT 8).

Nos preguntamos –además- qué título estuvo en juego, porque el anunciador –que sólo lee lo que alguien le escribe, supervisado por el fiscal de turno- dijo que fue el título “mediano del CMB”. Que sepamos, el campeón mediano del CMB es el Canelo Álvarez.

Difícilmente Vidal, con escasas 7 peleas como las que tenía previo al choque -por más que fueran todas ganadas y por KO-, haya desplazado al Canelo, o sea el interino.

No fue un error, porque el anunciador dice lo que le ponen. Y lo dijo de entrada y de salida, es decir, al presentar la pelea y al anunciar el fallo, diciendo que el vencedor “retuvo el título”.

La gacetilla de prensa de la semana que llegó de parte de la promotora organizadora (Sampson Boxing LLC y Tello Box) informaba que se trataba del “título sudamericano mediano del CMB”, e inocentemente, nos lo hizo poner en la edición impresa.

Pero claro –qué incautos fuimos-, hete aquí que el campeón sudamericano, según los registros que llegan desde la propia Comisión de Boxeo Profesional de la FAB –donde se manejan esos títulos- es el bonaerense Marcelo “El Pitu” Cáceres. No puede haber dos campeones. Y Vidal ni figura.

Es más; tampoco existe un título sudamericano del CMB, porque esos cinturones hace tiempo están unificados. Antes el del CMB se llamaba FESUBOX y el de la AMB –únicas dos organizaciones existentes por entonces- se llamaba CLAB, hasta que un día con buen tino decidieron fusionarse. En esa -al menos- no caímos.

La primera sospecha fue cuando nos enteramos que la pelea iba a 10 asaltos y no a 12, como son los sudamericanos desde siempre.

Cierto es que estos cetros están bastardeados, pero tampoco tanto como para que lo disputen un uruguayo de 7 peleas contra un argentino que ni en el ránking nacional está, como Bulacio, de apenas 9-3-0.

Sin embargo, el cinturón que le colocaron a Vidal al “retener” su corona decía claramente “Título sudamericano”, y era verde, como el del CMB.

¿Con qué autoridad después se cuestiona y vitupera a Alejandra “La Locomotora” Oliveras por sus desaguizados y transgresiones, o a la WPC? (NdeR: tema de próxima columna).

Hay dos responsables posibles y únicos de esta confabulación, ya sea de armar esa pelea con título difuso por un lado, y de no anunciar la realidad por el otro. O algo peor, de querer falsearla, sea por acción u omisión: a) el promotor de la velada (Sampson Lewkowicz), y b) el veedor de la misma.

Lo que no es posible descifrar es el por qué; cuál era el interés, o qué se quiso ocultar. No había en este caso un intendente a quien engañar para que ponga la plata. ¿Quién y por qué nos quiere tomar por tontos entonces?

Se podrá decir que había otra pelea de fondo, como la que protagonizaron a 10 vueltas –sin títulos en juego- el cordobés Kevin Acevedo (GP 10) y el puntano Claudio Echegaray, pero claramente el match central fue el otro.

Agudizando la búsqueda encontramos que Vidal es el campeón mediano del FECONSUR -¿what?-. ¿Qué será el FECONSUR? Jamás nos lo han presentado, pero evidentemente se trata de otro de los engendros del CMB y el boxeo internacional, que usan (o mal usan) al boxeo regional para vaya a saberse qué fines. Allá ellos, pues nadie les pedirá nada. ¿Pero por qué querer ocultarlo?

Ya en el combate en sí, hubo una irregularidad grosera en el fallo, porque mientras el árbitro Gerardo Poggi le estaba contando a Bulacio en su segunda caída, su rincón tiró la toalla.

Fue en forma indebida, porque ésta no detiene la cuenta y sólo entra en efecto si el árbitro se dispone a seguir el combate. Allí entonces sí se tira la toalla, que lo frena en señal de abandono.

La cuestión es que Vidal, con gran imprudencia comenzó a festejar y su DT, con gran ignorancia, para no ser menos invadió el ring en medio de la cuenta para abrazarse con su pupilo, lo cual ameritaba la descalificación automática.

Poggi no lo vio, se hizo el que no lo vio, y si lo vio prefirió no ser tan estricto con la letra del reglamento. Pero –nobleza obliga- era descalificación lisa y llana para el que había ganado por abandono (KOT). Solamente se desestima la invasión del ring cuando le están contando al pupilo del DT invasor y la cuenta sigue hasta 10, o se detiene, o se detiene, pero se marca KOT.

Recopilamos todo esto en función de la pretendida reconstrucción del boxeo argentino a la que se aspira. En pos de su seriedad, jerarquización y pureza. Y para que las intenciones no se mueran solamente en el armado de una buena velada.

Y a no confundirse: que nos hagamos tantas preguntas, no quiere decir que no sepamos sus respuestas.

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