Recuerda el frenesí de la época de Popstars y explica por qué no volvió a la TV durante 17 años. Dedicado a la música y al activismo por los derechos de la comunidad afro, cuenta qué lo moviliza de la obra.

Emanuel Ntaka conoció el éxito repentino cuando resultó ser uno de los seleccionados de Popstars para integrar la banda Mambrú. Diecisiete años más tarde, su profesión de músico y cantante lo encuentra siendo uno de los protagonistas de Hair, el musical de Broadway que tiene una nueva versión en Ciudad Cultural Konex -viernes, sábados y domingos a las 21-. En medio de estos dos trabajos, Emanuel se dedicó a la música, editó dos discos -"No pares", como solista, y "Sonidos negros en Argentina", como productor-, tiene su propio estudio de grabación -NTK Records-, hace shows, y milita por los derechos de la comunidad afro en nuestro país.

Su compromiso social lo heredó de su padre, un músico y activista sudafricano del partido de Nelson Mandela, quien tuvo que exiliarse durante el apartheid. Por eso para él, formar parte del elenco de Hair, obra antibélica y revolucionaria para la época, no es un trabajo más. Significa estar inmenso en una historia con un personaje que tiene mucho en común con su manera de ver el mundo. "Siempre me gustó la obra, la tenía presente por lo que significaba, por su ideología. El mensaje de amor, de paz, de ir en contra de la discriminación, el sentimiento de tribu o de hermandad que da, es totalmente adaptable a la realidad argentina que nos encuentra tan divididos y con tanta intolerancia", dice Emanuel, que además es papá de dos niños: Emma y Milo.

¿Hiciste comedia musical anteriormente o Hair es tu primer trabajo en este género?

-Es el primer musical que hago. No soy un artista de musicales porque vengo de un formato de banda, de cantante, de solista. Esta oportunidad me llega a través de un llamado del director, Pablo Gorlero, que me invitó a hacer una audición cerrada para un personaje en especial. Obviamente que fui y así es como quedé para el personaje. Me puso re contento. Pero era un ambiente que no conocía. Todos los chicos se conocían entre sí. Yo sólo conocía a Julián Rubino, que había hecho el casting conmigo para Popstars. Después nos hicimos amigos y compañeros todos. Formamos una tribu real, dentro y fuera del escenario. Se generó un ambiente de espiritualidad entre nosotros, un poco motivado por la obra. Uno no sale siendo el mismo que cuando entró.

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¿No hiciste televisión después de Popstars?

-Nunca, pero no por nada. Ni me convocaron y yo tampoco lo busqué. En su momento, tuvimos mucha exposición, eso hizo que la tele me quemara un poco la cabeza porque es una cosa medio frenética. Pero estoy dispuesto si me surge alguna propuesta. Después de esta obra, no descarto nada que tenga que ver con la actuación porque me gustó mucho, lo estoy disfrutando, no es un trabajo para mí porque somos una cooperativa. Va mucho más allá de un trabajo.

¿Qué significó haber sido parte de Mambrú en tu vida?

-Fue en Popstars donde mi vida pegó un giro porque de un día para otro fui súper famoso. Fue muy divertido, aprendí muchísimo, económicamente no fue algo que me significó mucho, ganábamos buena plata pero no me cambió la vida, pero aprendí mucho del mainstream de cómo se manejan los programas de televisión, cómo se maneja la industria, cómo se manejan las grandes ligas del entertainment. Verlo de cerca está bueno, porque te das cuenta de la verdad.

¿De qué verdad?

-Que llegar ahí tampoco es lo más importante y que mucho de lo que sucede ahí tampoco es real. Es un aprendizaje que trato de transmitir porque hay gente que está empecinada a llegar a un lugar donde no es lo que uno piensa cuando está intentándolo. Lo mejor que pasa, pasa en ese intentarlo que en el llegar a ese lugar, donde pasan cosas muy buenas pero también hay mucha miseria. Mambrú me dejó buenos amigos y haberla pasado muy bien.

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