Tras casi una década de su anunciado retiro de la actuación, felizmente la gran actriz dio marcha atrás y volvió con todo: cine, música y un notable desempeño en El Maestro, la tira de El Trece donde se luce con Julio Chávez.

Dvuelta al ruedo tras casi una década ausente de la profesión de actriz, Inés Estévez, se reconcilia con ella de la mano de un personaje que extrae algunos de los rasgos más sombríos de la condición humana. Como una mujer implacable, maliciosa, inescrupulosa, avasallante, resentida, bisexual, ella resalta con habilidad desde el unitario El Maestro, al lado de un maestro de la actuación como Julio Chávez, mientras, como si fuera poco, se asienta en su faceta de cantante de jazz y estrena mañana en la pantalla grande Te esperaré, la nueva película de Alberto Lecchi.

Quién de chica soñó con ser bailarina, hoy canaliza esas ansias en la coproducción de 12 capítulos entre Pol-ka, TNT, Cablevisión y Canal Trece, la apuesta de los miércoles a las 22,45 por El Trece y los jueves a las 22 por TNT.

“Como tengo una apariencia suave casi siempre me llevó a hacer de buena, aunque también me tocaron personajes rotos como, por ejemplo, en Mujeres asesinas”, comenta tras memorables trabajos en Zona de riesgo, De poeta y de loco, Verdad consecuencia y Vulnerables.

“Siempre hice de la buenita que lloraba y aquí tengo la posibilidad de mostrar el costado oscuro. Soy mala, mala”, dice acerca de Paulina, una mujer dolida y resentida con su ex marido Abel Pratt (Chávez) que ahora rehace su vida sentimental con Bianca (Luz Cipriota).

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Me gusta la posibilidad de componer, me gusta hacer personajes, encarnar otras personalidades diferentes a las mías. Me encanta hacer de mala como aquí porque son los personajes más rotos, más reñidos, más contradictorios, con más rango expresivo. Sobre todo, porque ella no es lineal, sería simplista decir que es mala. Es un personaje que tiene un gran resentimiento, un dolor que no pudo sintetizar de modo positivo entonces se ensaña con el objeto amado, que es el personaje de Julio. En estos unitarios los personajes necesitan profundidad; entonces, les pedí a los autores (Romina Paula y Gonzalo De María) que la maldad deliberada tuviera una razón. Ellos igual lo tenían previsto. Paulina sufrió una postergación, producto de su condición de mujer, que resiente toda su vida”, dice de su rol en la trama que dirige Daniel Barone e interpreta un elenco conformado, entre otros, por Juan Leyrado, Carla Quevedo y María Socas.

Coincidentemente preparada en el actual rol de ex bailarina, Estévez devela un profundo amor por la danza, para la que se formó de pequeña.

“Lo único que estudié en mi vida fue danza clásica entre los 4 y los 13 años en Dolores, mi ciudad y fue mi primera vocación. Me hubiera gustado ir al Colón, pero mi familia no podía sostenerlo económicamente. A los 17 años, me mudé a Buenos Aires e intenté retomar la danza, pero arranqué con la actuación. Como actriz me formé trabajando, pero sí me formé como una bailarina que no fui. Y con Paulina me fui reencontrando con ese mundo y con esa expresión artística. Es como volver a un primer amor”, confiesa.

Chávez y compañía, listos para dar cátedra
Juan Leyrado, Julio Chávez e Inés Estévez encarnan la serie de El Trece.
Juan Leyrado, Julio Chávez e Inés Estévez encarnan la serie de El Trece.

A poco de cumplir 53 años, Inés Estevez, se muestra íntegra. Así como cuando por falta de motivación un buen día decidió que debía dar un paso al costado en la actuación. Convencida de que no formaba más parte de su universo se desprendió de ella durante más de 9 años.

“Todo lo que conllevaba la profesión me hacía mal, no así el trabajo específico de la actriz. Soy feliz entre las palabras “acción” y “corten”, pero había decidido dejar porque no quería formar parte de esa confusión general que planteaba que la fama era el máximo valor y era más importante ser famoso que buen profesional. Yo siempre supe que, si no estoy trabajando, no hago notas porque no tengo nada para promocionar. No comulgo con todo lo que se genera y entonces me retiré”, se refiere al período desde 2005 y 2014 en que sacó a la luz su capacidad para la escritura.

Volví cuando me llamó Daniel Burman para hacer El misterio de la felicidad. Burman me convenció, me ofreció todas las facilidades para volver, puso mi agenda a su servicio. No podría decir que no a semejante proyecto y a todo lo que me ofrecía”, dice con gracia del film junto a Guillermo Francella por el que retornó a la actuación.

Se reconoce, en el paso de los años, flexible y menos controladora. “A mí me gusta la búsqueda de la excelencia, pero la madurez tiene que servir para algo, no solamente para que la ley de gravedad opere sobre tu cuerpo. La madurez me ha otorgado una búsqueda de la excelencia con un grado de flexibilidad muy grande. Creo que la corrección es enemiga del arte, a mí me gusta el riesgo, me gusta encarnar personajes que no conozco, que no vi nunca, seres que a priori no sé cómo son porque no se parecen a nadie conocido y menos a mí y para eso hay que disminuir el deseo de perfección. Eso es lo que me parece más lúdico, los más encantador de esta profesión: ponerse en la piel de personajes que uno no tiene ni idea de haber visto en la vida real. Me gusta recurrir a lo que uno hacía cuando era niño, a la imaginación”.

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El jazz, esa música que surgió del coraje

Enrolada en el mundo del jazz de la mano de su ex pareja, Javier Malosetti, Inés se abrió camino en un mundillo que no le era ajeno: “De a poco me fui animando y estoy haciendo shows y grabando. Me dio miedo, pero el deseo y el coraje pudieron más”, remarca .

Y si le preguntan si ser actriz la ayudó en este desafío dirá: “No, no es necesariamente acumulativo. Ser actriz no me ayudó en nada para cantar. Cuando actuás, te protege la ficción. No sos la loca que grita, es tu personaje. En cambio, la que canta es Inés y está frente al público, a pocos metros. Cuando canto soy yo pura. También es cierto que la música tiene algo de bohemia que te permite tomar un vino mientras cantás. En cambio, para actuar, todos tus sentidos tienen que estar al servicio del personaje.

“Adoptar hermanos es la cosa más hermosa”

En medio de las largas grabaciones, la docencia y un sinnúmero de obligaciones, Inés hace “malabares” para recalar en su casa y llevar a sus hijas al traumatólogo y a los diferentes médicos, ya que Cielo y Vida, las niñas de 7 y 8 años que adoptó junto a su ex pareja Fabián Vena, hacen tres terapias diferentes cada una y van a distintos colegios.

“La más chica tiene dificultades motoras irreversibles. No habla y siempre tiene que haber dos pares de manos. Tengo gente de mucha confianza porque mi familia no vive en Buenos Aires. Tengo solo una hermana que tiene sus hijos. Necesito gente que me ayude permanentemente y yo monitoreo las 24 horas y por supuesto su papá que está muy presente en la crianza de ellas. Nosotros con Fabián tenemos la tenencia compartida así que mitad de la semana están conmigo y mitad con él”, aclara esta actriz en un enorme ejemplo de valentía y superación personal. “Yo lo recomiendo, adopten hermanos porque es hermoso. Yo me cargué una cosa más pesada que tiene que ver con problemas de salud. Pero adoptar hermanos es lo más hermoso que te puede pasar”, dice orgullosa. “El otro día cuando llegué a casa después del trabajo, las miré y me dije: “¡Qué suerte que están acá!”. Tenemos un vínculo de amor profundo. ¿Existe una cosa más hermosa que eso?”, suelta Estévez con emoción.

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