Dueño de un estilo melodioso, pausado y sin estridencias, el conocido músico tuvo una carrera artística fructífera, primero cantando boleros y luego tangos. Se fue uno de los grandes talentos de la escena nacional.

Murió ayer el cantor de tangos Horacio Molina, víctima de un paro cardiorrespiratorio. Tenía 83 años y fue guitarrista y compositor. Formó pareja con la modelo y actriz Chunchuna Villafañe y tuvieron dos hijas, una de ella la actriz y cantante Juana Molina.

Fue la propia Juana la que confirmó la noticia en su cuenta de Facebook. ‘Hoy se murió papá. Justo el día del maestro’, lamentó la artista. ‘Papá, además de enseñarme el amor por la música y el consecuente baile, me enseñó a observar y asimilar, a criticar, viendo primero la viga en el propio ojo, a leer entre líneas, a ver más allá de lo que se ve y a desarrollar la intuición, la mejor manera de conocer el mundo’.

Horacio Manuel Molina había nacido el 2 de setiembre de 1935 y comenzó a cantar tangos en la década del 60 cuando en Buenos Aires estallaba el rock nacional. Sobresalió por su delicadeza de su voz para entonar, y decir cada estrofa, y lo hizo de otra manera e impuso su estilo particular.

“Me parece original, de insuperable afinación y de una sensibilidad especial. Si bien, como dice un amigo, después de Gardel todo es un problema de gustos, yo me permito definir a Horacio, como un intérprete distinguido, sobrio, elegante, que canta como hay que cantar el tango, a media voz, sin estridencias”, lo definió el historiador tanguero Ricardo García Blaya. “Tenía cinco años y ya entonaba Sueños del pibe -contó en una entrevista de 2004-. En mi casa había tres radios... era una escucha de radios que sintonizadas los cuatro programas donde pasaban a Gardel. Aprendía las canciones como un chico estudia un idioma”.

Confeso gardeliano fue coleccionista y estudioso del Zorzal porteño. “Gardel abrió una llave en mi alma, por eso guardo tanta información sobre él. Conozco sus versiones, sus fraseos, cómo respira y hasta cuando se equivoca”, aseguró.

Nacido en Almagro, fue hincha de San Lorenzo y solía visitar las tribunas los domingos y cuando alguna señorita le quitaba el sueño no dudaba en pararse en una esquina y expresar su amor interpretando boleros. Cuando joven iba a divertirse a los carnavales, pero no bailaba porque se sentía ‘pata dura’ y se autodefinía como “tímido y un romántico total”.

Su primer éxito fue la versión de Rubí, un tango de Cobián y Cadícamo y desde ahí sentó su carrera de cara al tango, luego de haber cantado boleros. “Pagué muchas facturas por haber interpretado boleros durante 15 años”, había confesado.

Pasé del anonimato a grabar para CBS y a un programa de Pipo Mancera” contó. Tuvo que atravesar un duro camino para demostrar que era cantor de tangos, lo logró unos años después cuando llegó al programa de Pipo Mancera donde compartió elenco con Astor Piazzolla, Eladia Blázquez, Egle Martín, entre otros.

De allí pasó a los escenarios del Teatro Odeón, la sala De La Cova, El Globo y café concerts: La Fusa y La Botica del Angel, de Eduardo Bergara Neumann.

En 1970, fue invitado por Vinicius de Moraes para cantar en Mar del Plata y Punta del Este, junto con los brasileños Chico Buarque, María Creuza, Toquinho, Naná y Dorival Caymmi. Durante la dictadura partió a Europa y se instaló en Francia donde vivió hasta que regresó la democracia en la Argentina gobernada por el radical Raúl Alfonsín y se dedicó de lleno al tango.i

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