La principal candidata a llevarse nada menos que 13 premios Oscar de la Academia de Hollywood, La Forma del Agua (The Shape of Water, 2017), es una propuesta típica de Guillermo Del Toro, un cineasta que, dado los lugares en los que ha filmado, tiene la capacidad de crear relatos universales en los que continuamente se pone del lado de los marginados. La historia en este caso es la de una mujer muda que conoce y se enamora de un hombre anfibio que el ejército de los Estados Unidos ha capturado en el Amazonas durante una exploración petrolera y planea diseccionar como parte del programa espacial con el que quiere llevar al hombre a la Luna.
La película, de dos horas de duración, es un extraordinario relato de realismo mágico situado en la Guerra Fría que cuenta con innumerables puntos fuertes –y también algunas debilidades- que le podrían merecer tranquilamente los premios a los que ha sido nominada y que repasaremos a continuación.
• Está protagonizada por una mujer
Y una muy buena actriz. Sally Hawkins compone a Elisa Espósito, una mujer muda a raíz de un accidente sufrido durante su infancia, que no tiene a nadie en el mundo y, trabajando de maestranza en una base militar, conoce al extraño hombre anfibio con el que entabla una relación afectiva. La nominación de Hawkins como mejor actriz no sólo es merecida sino que es más que oportuna. El personaje de Elisa no sólo se enfrenta a situaciones de acoso por parte de su jefe (Michael Shannon) sino que también se propone recatar a la pobre criatura de las torturas a las que es sometida y vive una sexualidad plena en la soledad de su hogar; algo que le viene de maravillas a una Academia de Hollywood que quiere lavar su imagen tras los escándalos de abuso surgidos de a docenas en el último cuatrimestre. Pero Elisa no sería ella si no tuviera una amiga como Zelda, interpretada de tal manera por Octavia Spencer que también ella ligó una nominación por su personaje, una mujer de carácter fuerte que no se ha descubierto a sí misma.
• Deleite visual
Como todo producto del director mexicano que se precie, La Forma del Agua cuenta con una dirección de arte impecable, que logra reproducir el Baltimore de 1962 de manera muy precisa, con una mirada clásica pero efectiva y llena de detalles en el que interactúan como si fuera una orquesta la fotografía de Dan Lausten y los vestuarios de Luis Sequeira y el diseño de producción de Paul Denham Austerberry, Shane Vieau y Jeff Mellvin, todos ellos nominados al Oscar en sus respectivos rubros. Los otros rubros técnicos en los que el film ha obtenido sus nominaciones (mejor sonido, mejor edición de sonido y mejor montaje) terminan de confirmar que estamos ante un producto cuidado hasta en los más mínimos detalles. y realizados para mimar los sentidos del espectador.
• La temática
No sólo el feminismo tiene lugar en la película de Del Toro. Toda la historia gira en torno a la inclusión en general: el personaje gay de Richard Jenkins (nominado al Oscar) se lleva las palmas; pero también hay lugar para Dimitri (Michael Stuhlbarg), el espía ruso decepcionado de su patria que decide ayudar a la criatura, que fue extraída de su medioambiente por el Ejército, el gran mal del mundo según la visión de Del Toro, que siempre –salvo en Titanes del Pacífico- retrata a las fuerzas armadas como lo peor que le puede pasar a la humanidad y no ahorra recursos al buscar retratar esa idea.
• El elenco secundario
A los ya mencionados Richard Jenkins, Octavia Spencer y Michael Stuhlbarg; hay que sumarle la intimidante interpretación de Michael Shannon, cuya amenaza pende sobre todos los personajes durante todo el film, incluso con más fuerza cuando no está en pantalla. A pesar de recurrir a él por su aspecto siniestro –sólo cabe recordar interpretaciones en la película El Hombre de Acero o en la serie El Imperio del Contrabando-, Shannon cumple con su trabajo de manera impecable y su no inclusión en la lista de nominados es una injusticia. Pero además, todo el resto del elenco realiza un muy buen trabajo en general.
• Historia universal
Ya sea en la Guerra Civil Española ( El Espinazo del Diablo y El Laberinto del Fauno), en una lucha sin fin contra monstruosos vampiros y criaturas sobrenaturales ( Blade II y Hellboy) o una tragedia en una inhóspita mansión embrujada ( La Cumbre Escarlata), Del Toro siempre se las arregla para encontrarle un público universal a sus historias. Quizá por esa veta que absorbió de leer a autores que han triunfado en todo el mundo como H.P. Lovecraft o Gabriel García Márquez en su infancia y adolescencia, Del Toro logra captar la atención del espectador a los pocos segundos de comenzar sus relatos, que son lo más parecido a un cuento de terror o una epopeya de ciencia ficción que puede dar el cine por estos días.
comentar