Para algunos abogados, el tatuador tiene “derechos de autor” sobre su obra, mientras que para otros, la trascendencia comercial del dibujo la brindó el cantante

La denuncia contra el cantante de rap. “Duki” por el uso de los tatuajes que forman parte de su imagen abrió un debate sobre hasta dónde llegan los derechos de autor cuando un diseño artístico se convierte en parte de una marca millonaria.

El conflicto comenzó luego de que “Iván de Quilmes”, el tatuador que realizó las famosas “alitas” debajo de los ojos del cantante, reclamara que esos diseños fueron utilizados en merchandising y campañas comerciales sin autorización ni compensación económica.

Según trascendió, el dibujo apareció en productos vinculados a marcas y colaboraciones comerciales asociadas al artista, lo que derivó en un reclamo por derechos de autor.

“Es verdad que el tatuador tiene un derecho sobre su obra, porque el diseño fue creado por él. Pero también es cierto que un tatuaje no funciona igual que una pintura, un logo o una canción. Acá hay una persona famosa en el medio y eso cambia la discusión”, explicó Biglieri a Diario Popular.

Para el letrado “el problema es probar qué parte de las ventas se produce por el tatuaje y qué parte por Duki. La gente compra una gorra o una remera porque aparece Duki, no solamente por el dibujo de las alitas. La potencia comercial está en la figura del artista”, sostuvo.

Sin embargo, para Máximo Gándara, abogado y agente de la propiedad industrial, “los derechos de propiedad nace con las obras, Yo termino la obra, hago el último trazo de mi dibujo, automáticamente es mío”.

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Y diferenció el derecho de autor con hacer el registro de la obra ante las oficinas correspondiente donde queda en claro que “es darle fecha cierta” a esa realización.

Uno accede alguna de las oficinas que registran los derechos de autor “ y los funcionario van a deci es: ´este señor vino tal fecha, a tal hora, dijo que esto era de él, e hizo un de pósito de una copia de esa obra de arte´y eso me va a servir el día de mañana en un juicio, pero el derecho lo tengo desde que termino la obra”.

Sin embargo, consideró que “es un poco exagerado el planteo del tatuador respecto al mérito que tiene su diseño en el mercado”.

Mientras tanto, la causa entre Mauro Ezequiel Lombardo Quiroga, conocido artísticamente como Duki, y su tatuador, continúa su trámite en la instancia de negociaciones.

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