El periodista, que se ha hecho fuerte en el género de la entrevista y que no sólo se adapta a ciclos ajenos sino que conduce espacios propios como el galardonado Debo Decir, repasa su vida siguiendo su vocación.

En 2010, Luis Novaresio recorrió la autovía 9, de Rosario a Buenos Aires, convocado por Daniel Hadad para hacer los domingos a la mañana en Radio 10. Aceptó y en parte su vida cambió. Al año siguiente se instaló en la Capital para conducir el regreso de 18 a 21 en la misma radio y el noticiero de segunda mañana de C5N. Antes había construido a suelo firme una carrera como periodista y también se había ganado la vida con su otra profesión, la de abogado. Hoy es uno de los periodistas más reconocidos y creíbles de la Argentina, y hace diez días alzó el Martín Fierro (su tercero) por su programa Debo decir (América). “Debo decir”, el ciclo que conduce cada domingo a las 22, les ganó a “Cada Noche” (Televisión Pública), “La Cornisa” de Luis Majul (América) y “Periodismo Para Todos” de Jorge Lanata (El Trece). El año pasado se había alzado con el Martín Fierro de Oro por su labor en radio de la mano de su ciclo Novaresio 910. Y ahora se quedó con el Mejor Programa Periodístico. “Estoy muy contento. Debo (por Debo decir) es un programa nuevo, que tiene un año y medio casi de vida, pero que siento que se ha instalado. Primero con el Premio Tato, luego el Fund TV... y ahora éste”.

¿Cómo fue la vida de Novaresio antes de 2010? Nació hace 54 años en Rosario. Es hijo único hijo único de una familia de origen italiano. “Papá de Torino Citta, Lingotto, donde estaba la vieja prueba de pista de FIAT”, cuenta Luis. “Mi viejo -agrega el conductor- es un ejemplo para mí. Sigue siendo. Yo aprendí todo de él, absolutamente todo, incluso el idioma. Mi padre vino sin hablar una palabra en castellano y su padre, mi abuelo, los obligaba a los tres hermanos, porque a parte de mi viejo estaban Juan y Ana, sus hermanos, y a mi abuela a comprar a cada uno un diario distinto, a leerlo y a contarlo para que aprendieran a hablar el castellano. Mi viejo era un lector voraz. Yo tenía alguna duda ortográfica y le preguntaba a él. Mi viejo era un tipo fenomenal. Normalmente querés a tus padres. Es muy difícil quererlos y respetarlos. A mí me pasa eso, los quiero y los admiro por sus vidas”. Además recuerda con especial importancia a un viaje que realizó con su padre, poco tiempo antes de que éste falleciera. Cuenta que hablaron de cuestiones importantes de la vida y que le reconoció lo orgulloso que estaba de él como periodista.

Sin embargo, no pudo ver la explosión de Luis en Buenos Aires. Ya era abogado. “Estudié derecho casi por descarte (La Facultad de Periodismo estaba cerrada durante la dictadura). Nunca terminaré de agradecer la formación jurídica porque me dio una herramienta vital en el oficio de periodismo que empecé a ejercer mientras estudiaba”, señala. Ya comunicador, en Rosario arrancó y se destacó en Canal 3, en las radios LT2, FM Vida, DM Latina y FM Río, y como redactor en Rosario 12 y El Ciudadano. En 2005 comenzó a colaborar con diarios porteños y fue columnista de Hora Clave, la mesa de Mariano Grondona.

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El éxito. “La suerte ayuda, pero yo he empujado. Laburo casi todo el día”, dice Novaresio, quien más allá de los premios cosechados tiene mucho trabajo y ofertas laborales. Su día arranca a las 4.01. “No me gustan los números pares, tengo el TOC de poner el reloj a esa hora. Con el volumen de la radio del auto hago lo mismo: siempre en impar, jaja”, confiesa. Escribe en Infobae, en La Capital de Rosario. En TV conduce los domingos Debo decir (América) y también realiza el ciclo LNE Luis Novaresio Entrevista (A24). “Estoy muy agradecido a América de hacer La Red, la oportunidad que tuve con Pamela, en Desayuno, y por Debo decir”, señala quien ha logrado entrevistar a los presidentes y a las personalidades más importantes del país.

De su vida privada se conoce lo que él quiere: se psicoanaliza, le gusta lee e ir al teatro, comer con amigos y en familia, nadar y viajar. Se dice un “gringo clásico ortodoxo y culposo de tradición judeocristiana. Trato de disfrutar la guita, pero siempre está el ‘no vaya a ser cosa que en el futuro venga la mala’.

Rosario siempre estuvo cerca. Novaresio vuelve a su lugar en el mundo casi todas las semanas y asegura que “es una de las ciudades más lindas que tiene este país, por escándalo. Yo voy todo el tiempo. Vivo cerca del río y del Parque España. Voy a los bares de siempre y tengo a mis amigos de toda la vida, y de la radio en la que trabajé. La paso bien, la disfruto”.

¿Qué opina de los periodistas? Cree que lo peor que tienen los que trabajan en TV es el ego. “Hay un nivel de egolatría patológica. Se privilegia más al quién que al qué”. Por eso sus amigos rosarinos de toda la vida son su cable a tierra fundamental. “Les importa nada que yo trabaje en la tele. A veces uno se monta un poco en esta soberbia de la notoriedad y, los que de verdad te quieren, te bajan enseguida”

Los “no” de Luis: Cavallo y D’Elía

Entrevistas individuales, programas de entrevistas grupales, entrevistas por radio,entrevistas por tele en aire y también en cable. Luis Novaresio es uno de los especialistas del género. Sin embargo, hay una que rechazaría. ¿A quién no entrevistaría? “A Domingo Cavallo”, aseguró. Y lo explicó: “Cuando se murió mi papá intenté sostener el negocio con mi tío, pero no pudimos. Tuvimos que hacer algo espantoso que fue rematar todo para pagar las indemnizaciones a los 6 o 7 empleados que había. Yo ya era abogado. Por eso yo a Cavallo no lo entrevisto más. No lo haría porque fue el responsable de la llamada revolución productiva de los noventa. Eso a mi viejo, quien tenía un taller metalúrgico, le costó la vida. El me bloqueó, pero de todas maneras no tengo interés en sentarme a hablar con él. Lo hago por convicción ya que no puedo entrevistar a alguien si no voy a ser ecuánime. Le fallaría a mi manera de pensar porque yo siempre estaría con el preconcepto de lo que pasó con mi viejo”. También aclaró que no entrevistaría más a Luis D’Elía.

El arquitecto de la vida que lo llevó al Fierro

“El Martín Fierro a Programa Periodístico es para ¡Debo decir!, América”. Se escuchó la voz de Marley, Luis Novaresio celebró con abrazos, caminó hacia el escenario junto a sus tres compañeros de ciclo, subió y recibió la estatuilla de manos de Viviana Romano. Frente al micrófono, a sus pares y a la audiencia, expresó: “Bueno, muy buenas noches a todos. Gracias a APTRA, especialmente a Luis Ventura, que en los últimos tiempos liga más de lo que merece. Le mando un abrazo de agradecimiento a él. Gracias a América, al doctor Daniel Vila, de quien siempre digo lo mismo: Te agradezco la paciencia que nos tenés a todos. Estamos convencidos que la pasión es por lo que trabajamos de esto. Y nos gusta hacer tele. Como les pasa a muchos estamos convencidos que lo más importante es escuchar, antes de contestar sin tener la menor atención de lo que dice el otro. Cuando llegábamos había gente de la TV Pública pidiendo, como mis amigos de Radio Del Plata...”. Los aplausos lo obligaron a hacer un alto. Y continuó: “No piden nada más novedoso que ser escuchados y poder trabajar. Nos aburrimos de los que nos explican lo inexplicable y que encima, sin los resultados, nos dicen que estamos equivocados. Esto vale para todos y todas. Quiero celebrar esta noche de la tele como un encuentro para escucharnos y que nos pongamos a laburar juntos para que este país sea lo que nos merecemos. Y me imagino a los que están en casa y a los que no están diciendo “el deseo es el mejor arquitecto de la vida”.i

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