El teatrista siente que tiene que dirigir aferrado al timón por la profundidad de la obra de Shakespeare. Explica que en tiempos de simplificación intenta no "perder nada de mi complejidad".

El teatrista Rubén Szuchmacher vuelve al Teatro San Martín después de quince años para dirigir “Hamlet” , obra a la que define como “una tormenta” o “un mar embravecido en constante movimiento”, en una puesta que es uno de los acontecimientos teatrales del año.

Protagonizada por Joaquín Furriel como el príncipe danés atormentado por la duda, la traición y la demora, y con un elenco en el que destacan también Luis Ziembrowski, Belén Blanco y Marcelo Subiotto, “Hamlet” se puede ver en la sala Martín Coronado del San Martín de miércoles a domingos.Completan el elenco Claudio Da Passano, Eugenia Alonso, Agustín Rittano, Germán Rodríguez, Mauricio Minetti, Pablo Palavecino, Agustín Vásquez, Lalo Rotavería, Marcos Ferrante, Fernando Sayago, Nicolás Balcone, Francisco Benvenuti y el músico Matías Corno.

A quince años de haber dirigido “Enrique IV” de Luigi Pirandello en la sala Casacuberta y a 20 de “Galileo Galilei”, de Bertolt Brecht en esta misma sala, Szuchmacher dice que no recuerda “haber tenido una intensidad tan fuerte con un material como con esta obra, que es como un barco al que tengo que conducir en medio de la tormenta aferrado fuertemente al timón, porque es de una complejidad inmensa y se trata de un material inagotable que puede ser trabajado eternamente”.

“Hamlet” es la cuarta puesta de Shakespeare por Szuchmacher, luego de “Sueño de una noche de verano” en 1988; “Rey Lear” con Alcón y Furriel en 2009; y “Enrique IV Parte 2” en el Globe Teathre de Londres en 2012.

La coordinación de producción es de Gustavo Schraier y Julieta Sirvén, la producción técnica de Isabel Gual, la asistencia de dirección de Julián Castro, Ana María Converti y Mauro Oteiza, el apunte de Catalina Rivero, las luces de Gonzalo Córdoba, la escenografía y el vestuario de Jorge Ferrari, la asistencia de escenografía y vestuario de Luciana Uzal, la artística de Pehuén Gutiérrez, la música, dirección musical y diseño sonoro de Bárbara Togander y la maestría de esgrima de Andrés D’Adamo.

En una entrevista señaló que le era imposible pensar en hacer “Hamlet” sin haber encontrado antes al actor que pudiera encarnarlo.

-Sí, sostengo que uno encuentra a Hamlet primero y después se propone hacer “Hamlet”, porque es quizás el personaje masculino de teatro más complejo que conozco, tanto por la cantidad de cambios de matices, por el planteo filosófico que porta, por todo lo que tiene que ver con lo emocional, es muy difícil hacer “Hamlet”, tiene que ser un actor que tenga determinadas condiciones, como por ejemplo que le guste decir un texto complejo, que tenga el aparato preparado para trabajar acústicamente.

Y Furriel da con esas características.

-Joaquín cumple todas las exigencias: hizo el Segismundo (de “La vida es sueño”) en esta sala, trabajó en la Casacuberta haciendo Becket (“Final de partida”), es alguien que puede meterse en las dificultades de los textos, que no es algo que sea tan frecuente en estos tiempos en los que hay una gran tendencia a versionar todo, como forma de sacarse la dificultad de encima y nosotros nos hemos propuesto en este proyecto no perder nada de la complejidad de “Hamlet” en unos tiempos en que todo va hacia la velocidad, la rapidez, la simplificación. Con Joaquín y con Lautaro Vilo (a cargo de la traducción y que comparte la versión de la obra con Szuchmacher) nos propusimos hacer de la complejidad algo que puede ser comprendido y tomado.

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¿Se podría hacer un “Hamlet” simplificado?

-Se podría hacer un “Hamlet” desde la grieta, decir me voy a quedar con los aspectos más emocionales o lo voy a transformar en un melodrama pero no es así, porque la obra es mucho más compleja que eso, es mucho más vasta, mucho más interesante; de hecho, “Hamlet” es una obra en la que Shakespeare prueba procedimientos teatrales que hasta entonces no había utilizado, es una obra que tiene siete monólogos del protagonista, si con “Hamlet” uno empieza a sacarse los problemas de encima no queda nada. Con autores de esta condición nuestra obligación es no someterlos a nuestra pequeñez sino tratar nosotros de llegar a su grandeza.

¿Cómo se trabaja desde la puesta una obra que da pie a tantas perspectivas y que abarca tantas cuestiones?

-Hay obras que tienen un único espectador, “Hamlet”, por el contrario, permite muchos espectadores: alguien puede seguir su trama o engancharse sólo con lo filosófico y que no le importe la situación de venganza que hay en medio. Yo trato que cada situación narre lo que tiene que narrar y no hacer una elección por una de las cosas porque, además, me atraen todos los temas de “Hamlet”. Sí hay uno que me parece muy interesante y que es el que más conecta con el momento, la idea es no mostrársela al público autoritariamente desde la puesta.

Me parece que pasa por que se escucha solo, que tiene que ver con la demora, esta cuestión de la falta de acción de Hamlet, que me parece que es como el tema contemporáneo, porque en el mundo de hoy todos nosotros somos unos cobardes, gente que quiere que las cosas sean diferentes pero que parece que no podemos luchar para conseguirlo, estamos como adormecidos. Creo que esa zona va a resonar en el espectador que pueda escucharla sin necesida de imponérsela y fijar sólo en ese lugar.

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