El músico acaba de lanzar 50 en vuelo, álbum dividido en dos partes, donde recorre su carrera con versiones renovadas. Celebra la libertad de sus invitados y critica la mirada absoluta del presente.

La voz de Víctor Heredia exuda alegría y entusiasmo, los dos sentimientos se corresponden con el particular presente que atraviesa. “Sentí que debía hacer un cumpleaños de verdad y ¿viste qué te sucede cuando te toca organizarlo?, de golpe querés que estén todos tus amigos y luego perdés un poco la conciencia sobre en qué puede derivar el festejo”.

En el caso del cantautor, la celebración decantó en un trabajo potente que resume sus cinco décadas abocadas a la música y con invitados de lujo. ‘50 en Vuelo’, es el nombre de un álbum dividido en dos partes, cuyo primer capítulo se recrea a partir de algunos de los clásicos que lo consagró.

Clásicos que consideró desde sus inicios, allá por el 67, cuando Cosquín lo distinguió como “Revelación Juvenil” del Festival.

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“De algún modo siento que las canciones resucitaron a través de las diferentes voces”, asume Víctor celebrando la confluencia de artistas y estilos. Lejos de ser celoso, se enorgullece cuando la palabra de moda “soltar”, también se corresponde para reversiones de El Viejo Matías, Razón de Vivir o Sobreviviendo. “Decidí renunciar a la tonalidad de cada canción para que sus intérpretes se sintieran cómodos”, confía. Y vaya que lo hicieron, “Por ejemplo Axel me propuso hacer Dulce Daniela y Rolo Sartorio, de la Beriso, también quiso darle su estilo a Ojos de Cielo”, comenta satisfecho el homenajeado y agrega. “Así, a León (Gieco) se le ocurrió acelerar el ritmo en Sobreviviendo y Sandra (Mihanovich) que estará presente en la segunda parte, generó una hermosa versión jazzera con otro tema”, afirma sin adelantar mucho sobre la segunda parte del festejo.

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En ese maremágnun de talento, donde folkloristas, rockeros, indies y clásicos convivieron (ver recuadro), Heredia también se sorprendió hasta la emoción. “La versión de Silvio (Rodríguez) de Mandarinas, me devolvió al momento en que la había compuesto”, recuerda en relación al tema dedicado a su hermana desaparecida. Pero también el expreso pedido de Ricardo Mollo por hacer El Viejo Matías, “Me contó que había tenido una conexión particular cuando la escuchó por primera vez. Eso demuestra que la música hace su propio recorrido, al margen del artista”, concluye. Será por eso que celebra cuando algunos de sus himnos como Todavía cantamos, “son elegidos en Colombia o Chile por los Organismos de Derechos Humanos, como un grito de Justicia”, informa. Asimismo, lo enoja cuando se habla de la actualidad sin compasión o con liviandad. “Parece que la única verdad de todo lo que hoy nos pasa, es la que se ve en televisión. Y no hablo únicamente de nuestra televisión”, describe. “Incluso en Europa hay una manera particular de ver el mundo, si no fijate cómo elige la gente a sus representantes”. El descuido de la ecología y por ende consecuencias como el cambio climatológico, también le duele. En tanto, se mide al momento de pensar una canción sobre el amor en los tiempos que corren. “Ya estoy grande”, bromea para luego decir, “uno no está atado a nada, ni en el modo de contarlo, ni de disfrutarlo. Cantarles desde el hip hop, por ejemplo como pude ver recientemente”.

En esa enumeración, Heredia se pierde como en una fiesta. La propia, la de cincuenta años, que lo llevó a codearse con Fito, Vitale, Lebón y Abel Pintos o Lila Downs, con él como gran artífice. Flor de festejo.

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