La actriz define a la actuación como "un ritual pleno de energía y emoción". Dice que su actividad la acerca a la felicidad, pero reconoce que a veces se hace difícil porque con frecuencia "desperdiciamos el placer por mezquindades".

Tiene la emoción a flor de piel. Sueña con un mundo más justo. Considera que actuar es un ritual pleno de energía y emoción. Habla Virginia Lago quien se encuentra protagonizando la obra “La panadera de los poetas” en el Teatro de la Comedia-, una actriz convencida que la actuación la acerca a un estado de felicidad.

Del paso del tiempo, ¿qué la inquieta?

-Y... la historia de la vida y la muerte nos preocupa a todos. Yo sé que en algún momento no voy a estar más, pero no pienso en eso.

l ¿En qué piensa?

-En hacer, en compartir, en disfrutar. Me gusta mucho la vida, estar junto a mi familia y a mis amigos, desarrollar mi tarea aunque, a veces, se hace difícil.

l ¿Por qué?

-Por lo que pasa en el mundo. Los seres humanos desperdiciamos el placer, por mezquindades. Intento resistir defendiendo la vida, por sobre todas las cosas, haciendo lo que me gusta, estando activa, manteniendo la juventud, porque ser joven es una cuestión de actitud. Hay que intentar celebrar la vida.

l A veces, ¿la tapa el agua?

-Yo intento que el agua nunca me llegue al cuello. A los que damos batalla, el agua no nos va a tapar.

Virginia Lago en la Panadería de los Poetas

l ¿Qué activa su emoción?

-Por suerte, casi todo. Tengo la emoción a flor de piel. Me emociona el amanecer y el crepúsculo, mis hijos, mis amigos, la gente sencilla y honesta; me emocionan aquellos que pelea por la vida y dan batalla en este en mundo tan injusto.

l ¿Con qué mundo sueña?

-Sueño con un mundo más justo, porque me entristece que la mayoría de los seres humanos la pasen tan mal.

l ¿Somos responsables nuestros destinos?

-Creo firmemente en el destino, pero entiendo que uno debe colaborar con él. Uno debe tratar de entender las señales de su destino.

l ¿Todo tiene una razón de ser?

-No, lo sé. Shakespeare se refería al destino de forma categórica, trágica e inmodificable. Sería una estupidez ponerme en contra de él, pero pienso que uno puede ayudar a modificar el rumbo de sus cosas.

l ¿Usted encontró en su vocación una manera de contribuir a mejorar la vida de la gente?

-Sí, pero desde un lugar muy pequeño. Considero que el arte es sanador y que escuchar una buena música, leer un buen poema, ver una buena obra de teatro, contemplar un buen cuadro nos hace bien.

l El arte, ¿mejora?

-A mí me mejoró. En mi esencia, está la educación que recibí de mis padres, que es mi columna vertebral. Agradezco al destino el haberme puesto en el lugar de ser una actriz, porque me permite compartir emociones y, a partir de ellas, reflexionar.

l El fuego sagrado, ¿sigue encendido en usted?

-Sí. Nunca podría dejar de hacer teatro. A veces, las dificultades y los dolores son grandes, los momentos de indiferencia y de castigos son profundos, pero siempre seguí adelante. Siento que lo que hago lo hago bien. No me creo extraordinaria, pero trabajo para que lo que hago esté bien hecho porque, en definitiva, esa es mi obligación. Mi encanta actuar y poder hacerlo reaviva mi fuego sagrado.

l El escenario, ¿no es para cualquiera?

-¡Nooo! No cualquiera no puede subirse a un escenario. Hay que prepararse. Quizá alguno no se prepara, pero para eso debe tener el don de ser un gran actor.

l ¿Usted siente que se le va la vida en lo que hace?

-No quiero que se me vaya la vida en nada. De todos modos, siempre pongo todo de mí en lo que hago. Prueba de ellos es que después de cada función, quedo agotada. Actuar es un ritual lleno de energía y emoción, no es así nomás.

l ¿Qué lo sucede cuando nota que algunos de sus colegas toman el trabajo con liviandad?

-No me gusta. Hacer las cosas con liviandad, no es muy lindo. Llevar adelante las cosas con pasión es un placer que nadie debería dejar de experimentar. El respeto por uno mismo es esencial. Si te respetás, los demás te van a respetar. Si tenés una actitud agresiva, la respuesta va a ser agresiva.

l ¿Hay propuestas livianas que llenan teatros?

-Sí. Hay de todo. A mí me encanta que la gente se divierta, se ría y la pase bien, pero me gusta que esa propuesta este hecha con el respeto, para reflexionar un poquito. Divertirnos mucho con algo, también nos hace pensar. Hay que tomar las cosas de manera profesionalmente y en serio. Por ejemplo, yo no sé cómo era Jerry Lewis, pero lo que vimos de él era un payaso genial y un artista fantástico. Es evidente que no tomaba su trabajo con liviandad.

l Por último, la actuación, ¿la acerca a un estado de felicidad?

-De eso, no tengas ninguna duda.i

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