A partir de los años que cumplan los entrenadores, el ambiente del fútbol argentino parece juzgar capacidades y conocimientos. Carlos Bianchi y Alfio Basile integran, entre otros, la lista de los técnicos que están fuera de circulación en nombre de lugares comunes que hasta logran confundir a los protagonistas.
   Año nuevo. Historias viejas. Como siempre. ¿Qué tipo de historias? Las que, por ejemplo, se proponen calificar y redefinir a los entrenadores de fútbol a partir de los años que tengan. Por citar dos casos testigo que pueden servir de evidencias incontrastables: Carlos Bianchi (65 años) y Alfio Basile (71).

   Ambos, para el contaminado ambiente del fútbol argentino, ya están fuera de circulación. ¿Por qué? Por los años que cumplieron. Pero es falsa la opción. E impacta por su simplificación intelectual.

   El ambiente, que es la prensa, los dirigentes, los intermediarios, los representantes, los lobbistas que capturan voluntades a cambio de promesas o efectivo y el inescrupuloso poder económico que camina a la par del fútbol para extorsionarlo, venderlo y mancharlo todas las veces que considere necesario, no observa solo los 65 años de Bianchi y los 71 de Basile. Mira que en sus últimas experiencias en Boca y en Racing, cosecharon más derrotas que triunfos. Más frustraciones que vueltas olímpicas.

   Y entonces, como no ganaron lo que deberían haber ganado según los mandatos no escritos del microclima exitista, los vampirizan repitiendo consignas de alto impacto mediático que después se reiteran como si fuesen verdades reveladas.

   Los acusan de que están "gagá". De que "no están actualizados". De que "se les escapó el último tren". De que "ya no ven lo que veían antes". De que "ya no escuchan lo que escuchaban antes". De que "los jugadores los pasaron por arriba". De que "no entienden los nuevos códigos". De que "no saben comunicarse con los jóvenes". De que están fuera de contexto". De que hablan en las charlas técnicas "y nadie les entiende nada". De que hablan en el entretiempo "y nadie les da bola". De que "se les escapó la tortuga". De que "los años se le vinieron encima". De que "tienen que retirarse para protegerse". De que "los está afectando el alzheimer". Y de otras delicias y encantos por el estilo repetidos erráticamente.

   ¿Pero es así como suele describirlo el ambiente en nombre de lo que piensa el hombre de la calle, generalizando y colonizando las opiniones? ¿O son estupideces encadenadas y frases hechas que circulan para ser consumidas mientras se come pochoclo y papas fritas mirando por tele las aventuras y desventuras de los Simpson?

   Incluso es probable que ante semejante avalancha de lugares comunes que desde el oportunismo desacreditan a Bianchi y Basile y mañana a otros que van a estar salpicados por el mismo barro y por la misma lluvia, hasta los protagonistas involucrados interpreten con un aire de entrega y resignación que ya no tienen más nada que hacer. Y que lo mejor para sus vidas sería borrarse definitivamente del mundo del fútbol sin entorpecer el tránsito de las nuevas generaciones de entrenadores que llegan para ocupar todos los espacios.

   ¿Se dejaron convencer Bianchi y Basile que es prudente y saludable retirarse? Es muy probable que sí. Como si los hubieran convencido de que atrasan. Aunque en realidad el fútbol no haya cambiado. Salvo en detalles. En maquillaje. En repercusión. En show.

   ¿Qué cambió, entonces? La dimensión del negocio. Y lo que demanda este negocio: caras nuevas, vicios viejos. Y la hipocresía siempre presente llenándose los bolsillos.     
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