El año pasado, Boca volvió a sucumbir con River en Copa Libertadores, en ese caso en semifinal. Desde el 2007 que el Xeneize no puede levantar el obsesivo trofeo, y para eso trajo a Miguel Angel Russo, justamente el último entrenador en ganar el certamen más importante del continente para esta institución. Este será un año de cambios, ya que más allá del flamante entrenador, también hay dirigencia nueva con Juan Román Riquelme como vicepresidente segundo. Para lograr los objetivos, el plantel (que no varió casi nada por el momento) deberá levantar el nivel futbolístico, que el último tramo del año pasado, fue bastante pobre.
Hay muchos futbolistas que buscan revancha y que intentarán recuperar su nivel. Pocos fueron los que tuvieron un buen semestre y para ganar la Libertadores, muchos deberán mejorar en el plano personal. El mejor fue Esteban Andrada, los centrales Carlos Izquierdoz y Lisandro López estuvieron a la altura, y Eduardo Salvio, más allá de las lesiones, cada vez que jugó, demostró ser distinto. El resto, poco y nada.
Con Russo, se vuelve a cambiar la ideología desde el vamos, ya que es un entrenador bastante más ofensivo que su antecesor Gustavo Alfaro. El plantel es casi el mismo que el año pasado, con los regresos de Leonardo Jara y Nahuel Molina Lucero tras sus respectivos préstamos en DC United y Rosario Central. Mientras se espera la llegada de refuerzos y alguna posible venta, el equipo tiene que recuperar una identidad perdida desde hace varios años.
Hace tiempo que Boca no gana los partidos que tiene que ganar, al menos en el plano internacional, ya que en el local ha conseguido varios títulos en los últimos tiempos. Sin embargo, el hincha pide a gritos la Libertadores y en ese ámbito viene fallando. Además, está el karma de los cinco mano a mano perdidos con el rival de siempre, entre ellos dos finales: una de Libertadores y la otra por Supercopa Argentina.
Los jugadores del plantel actual saben lo que es perder un mano a mano con River y varios de ellos tienen más de una eliminación directa con el Millonario. El emblema es Carlos Tevez, que si arregla su continuidad, buscará levantar su imagen, y sobre todo su rendimiento dentro del campo de juego. Otro nombre fuerte es el de Daniele De Rossi, que habrá que ver qué representa para Russo. El italiano vino al país por un sueño personal, pero en sus primeros seis meses jugó poco, ya sea por lesión o porque Alfaro tenía otras prioridades en su puesto.
Dejando de lado esos dos nombres propios, lo que tiene que conseguir el Xeneize es recuperar la identidad copera que supo tener a lo largo de su historia. El fanático apoyó siempre y más allá de los tropiezos con River, nunca insultó a sus jugadores. Ahora, con la nueva dirigencia, con Riquelme manejando el fútbol y con Russo en el banco, se renueva la esperanza. Sin embargo, la ilusión debe profundizarse con un equipo que demuestre que está para grandes cosas. Hoy por hoy es una incógnita y habrá que esperar a que empiece a rodar la pelota.
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