El rol activo de los clubes deja expuestas las diferencias entre las sociedades anónimas deportivas y las asociaciones civiles

La gente que no tiene absolutamente nada, duerme en la vereda. Literalmente, sobre las baldosas. La vereda es pública. Esa gente tiene un nombre políticamente correcto: son “personas en situación de calle”. Podrían convertirse en sigla y nutrir una columna de Excell como “PSC”. La última vez que un PSC estuvo en el temario fue a partir de la excelente mirada del periodista Hernán Firpo publicada en Clarín, a propósito de la “decencia de los que buscan en la basura”.

En ese texto, el autor se hace cargo de la incomodidad -”vergüenza ajena”, dice-, que genera el encuentro con un tipo que emerge del contenedor de basura, en el que encontró una colación de media mañana mientras revolvía buscando algún tesoro para vender al peso.

Cuando el tipo que todas las noches duerme sobre un pedazo de cartón se vuelve visible porque sale en el diario, acaso le molesta hasta al más progresista que no puede hacer más que indignarse con el tema y hacer un duro posteo en Instagram.

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La cosa es que ese tipo, esa “persona en situación de calle”, uno de los 1146 de la columna PSC en la planilla del Indec, se murió de frío. A la vista de todos, se congeló en la vereda y dejó de ser invisible. Y mientras la solución se viralizaba como cualquier meme con una consigna anónima de abrir las iglesias (¿para no verlos más en la calle?), fue el fútbol el que puso el cuerpo. Los clubes no desviaron la mirada a la pantalla del celular como si fuese esa la herramienta para las temperaturas bajo cero.

Estudiantes de Caseros, Huracán, San Lorenzo, Platense y Vélez entraron en la sintonía que surgió en Núñez. Son las famosas asociaciones civiles. Porque los clubes, por más que tengan en el fútbol su principal identificación y participan del negocio de la pelota, son más que un escudo con valor de franquicia.

En este contexto también debe darse el mentado debate sobre las Sociedades Anónimas Deportivas. Fueron los clubes y no sus sponsors los que abrieron las puertas. Porque ninguna de esas instituciones deben resolver la problemática, pero se hacen cargo de sus funciones sociales. Y mientras tenga socios en lugar de accionistas, tendrá a chicos haciendo deporte y -por estos días- a gente que si duerme en la calle, se muere. Y las SAD son empresas que hacen negocios de fútbol, no quieren clubes con pechos fríos.

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