Antes y ahora es "ganar como sea". Hoy es ponerle fichas al fútbol "intenso", aunque sean bodrios impresentables. Así lo pinta y lo describe el ambiente desde la renovación de los lugares comunes que solo aportan mediocridad y lecturas facilistas.
   Un partido intenso. Un jugador intenso. Un equipo intenso. Un desarrollo intenso. Un ritmo intenso. Una búsqueda intensa. Un planteo intenso. Una hinchada intensa. Desde hace unos años, todo es intenso en el fútbol argentino. O por lo menos así lo pinta y describe el ambiente. O lo define desde las tribunas públicas y privadas donde siempre habitan los lugares comunes. 

   La intensidad se convirtió por obra y gracia de esos lugares comunes en una virtud muy elogiada que abarca a todos los escenarios del fútbol. Como lo fue y es el deplorable "ganar como sea", por citar una frase de amplio espectro y circulación que garantiza la ausencia de ideas, métodos y contenidos. La doctrina insustancial de "ganar como sea" que los protagonistas repetían y repiten como loros mediáticos con gran vocación por la ignorancia, ahora se abrió al escenario de la "intensidad" bastardeada.

   Debe ser por eso que un partido que dan ganas de llorar es calificado como intenso. Un bodrio es intenso. Un jugador que corre sin parar y se lleva puestos los cárteles de publicidad que están en los laterales y detrás de los arcos, es intenso. Una suma de vulgaridades futbolísticas también es intensa. Y hasta hay técnicos intensos, como por ejemplo el Cholo Simeone, según las lecturas e interpretaciones uniformadas del presente.

   ¿Cómo se instalan estas pavadas dialécticas? Alguien las descubre y después se multiplican por comodidad, por pereza intelectual o por no abandonar la corriente. Después, aquel que no sublima la intensidad en sus más variadas formas, hasta podría ser acusado de ser un hombre quieto que se durmió en el túnel del tiempo.

   Así, en esta misma línea de análisis afectada por el reino de las simplificaciones, podría suscribirse para no salir de circulación, que Pablo Neruda fue un poeta intenso. Que Jorge Luis Borges fue un escritor intenso. Que Marlon Brando fue un actor intenso. Que Marilyn Monroe era una belleza intensa. Que Federico Fellini fue un director de cine intenso. Que Frank Sinatra fue un cantante intenso. Que el Che Guevara fue un revolucionario intenso. Que Juan Domingo Perón fue un político intenso. Que Evita fue una mujer intensa. Que Mick Jagger es un rocker intenso. Que Jim Morrison expresó una voz desgarrada y una poesía existencial intensa. Que John Lennon fue el más intenso de los cuatro Beatles. Que Maradona fue el mejor porque fue intenso. Que Messi la rompe porque es intenso. Que Guillermo Vilas nos conmovió porque fue intenso. Que Van Gogh fue un pintor intenso. Que Luther King fue un pacifista intenso. Que Víctor Jara representó un compromiso artístico y político intenso. Que Jean Paul Sartre encarnó a una intelectualidad vanguardista e intensa. Que Sid Vicious vivió rápido y murió joven porque era intenso. Y así hasta la eternidad.

   Por ahora, las áreas de la intensidad parecen enfocarse en el fútbol argentino. Allí se concentran. Allí se establecen e institucionalizan como si fuesen verdades reveladas a las que hay que rendirles tributo. Y obediencia.

   Por lo menos para ser un periodista intenso. Que reivindica mentiras intensas.

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