La victoria frente a Chile por el tercer puesto hay que reivindicarla también en el plano de los recursos colectivos que fue construyendo Argentina durante la Copa América, a pesar de todas las adversidades que se le presentaron.

Para jugar la Copa América viajó a Brasil un plantel y un técnico atacado por muchísimas dudas. Y regresará a la Argentina un equipo y un entrenador fortalecido por buenas respuestas individuales y colectivas que se revelaron durante la competencia, más allá de los dos bochornosos arbitrajes (VAR incluido) que padeció frente a Brasil y Chile, en episodios imposibles de subestimar o relativizar.

Lo importante es lo que logró la Selección (no hacemos referencia al tercer puesto luego del valioso triunfo por 2-1 a Chile) en términos de crecimiento futbolístico después de un arranque desalentador en la derrota 2-0 contra Colombia y en el 1-1 ante Paraguay. Pero supo reconstruirse Argentina en la adversidad y en la urgencia. Y lo hizo volcando sobre la cancha recursos y temple en momentos de alta complejidad.

Creemos que inició en la Copa América un nuevo ciclo la Selección. Porque terminó apareciendo la silueta de un equipo. La fisonomía de un equipo. Y hasta el espíritu de un equipo que se fue afirmando desde el 2-0 a Qatar en adelante, cuando comenzó a preanunciar desde algunas señales influyentes que algo podría gestarse.

No hablamos de un equipazo ni nada parecido. Hablamos de los rasgos que tienen que acompañar a un equipo. La Selección empezó a mostrarlos en Brasil. A denunciar a qué quiere jugar. A expresar una idea a la hora de tener la pelota y a la hora de intentar recuperarla, por encima de los problemas que evidenció para defender los espacios, aunque en este plano también evolucionó sobre la marcha.

Por eso el saldo de su participación es muy positivo. Es cierto, no jugó la final. Es cierto, perdió dos partidos de los seis que jugó. Pero encontró el perfil de un funcionamiento. Y esto que quizás parezca un dato menor para aquellos que no frecuentan el fútbol, de ninguna manera lo es. Hacía mucho tiempo que la Selección no dejaba ver el diseño de un funcionamiento. Por lo menos desde que la dirigió Gerardo Martino, hasta que renunció a mediados de 2016. Desde ahí en adelante, todo fue un prolongado tributo a la confusión. En esa confusión, se manifestó el colapso en Rusia 2018.

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Argentina fue más que Chile y se quedó con el tercer puesto

Recién ahora parece volver a dar la Selección algún mensaje esperanzador. Algo a lo que aferrarse. Esta es la mayor conquista que abrazó en Brasil. Y así se mostró en el accidentado cruce frente a Chile, con un arbitraje desastroso del paraguayo Marío Díaz, (en sintonía directa otra vez con el manipulable VAR) protagonizando la jornada al expulsar de manera injusta a Messi, después de haber sido empujado y prepoteado por ese pendenciero profesional que es Gary Medel.

Antes del partido no eran pocas las voces del ambiente que sostenían que iban a jugarse 90 minutos irrelevantes en el marco de un tercer puesto que no le importaba a nadie. Pavadas de ocasión. Lugares comunes. Y elaboraciones anticipadas que no interpretaban el contexto. El encuentro se jugó como si fuera la final del mundo.

Y le sirvió a Argentina para seguir transitando por un camino que ya eligió. Le sirvió el partido, también la victoria 2-1 y sobre todo el recorrido. Porque Lionel Scaloni (salvo los dos reemplazos obligados por tarjetas amarillas de Acuña y Lautaro Martínez) repitió la formación que venía actuando, como si hubiera encontrado una base de jugadores que fueran la columna del equipo. Un paso adelante que vale la pena considerarse.

Y dejó esa sensación Argentina. La de una Selección que se está construyendo. No que aspira el día de mañana a construirse. Que ya se está construyendo desde la presencia de Armani, la constitución de la línea de fondo, el buen pie que tiene Paredes para tocar y distribuir y los puntas que acompañan a Messi.

Lo que se le puede objetar a Scaloni son la calidad de los cambios que hace durante los partidos. Allí, en ese territorio, el técnico es permeable a las críticas. Pero en general, su labor en la Copa América fue buena. Si fue de menor a mayor la Selección es porque también fue de menor a mayor el entrenador.

“Va a estar en evaluación”, dijo en marzo el Flaco Menotti (desde su rol de Director de selecciones nacionales) respecto a Scaloni. Sin dudas, la evaluación va a ser favorable, trascendiendo el contrato que lo liga con AFA hasta el 31 de diciembre.

Argentina, a pesar de las hostilidades arbitrales y de un VAR nefasto que Messi pulverizó, mostró en Brasil que está en condiciones de profundizar un crecimiento. Encontró un equipo. Tendrá que enriquecerlo.

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