Es una postal que se está repitiendo en los últimos días. Leandro “Pipi” Romagnoli es uno de los últimos ídolos modernos del club de Boedo. Arrancó este año con mucha ilusión pensando quizá que, con casi 36 años (los cumplirá mañana) sería su última temporada y su consiguiente retiro con la camiseta del club que lo vio debutar y del cual es hincha.
Pero por ahora no pudo materializar ese sueño y su rostro desencantado, sentado en el banco de suplentes, es un fiel reflejo del estado de ánimo que la situación le provoca.
Si bien la temporada aún está en una etapa incipiente, ya tuvo que pasar una situación particular: el técnico Diego Aguirre le informó que no iba a viajar a Brasil, para el partido ante Flamengo, por medio de un mensaje de texto a su teléfono celular.
Luego si fue convocado en los partidos ante Gimnasia, por el torneo local y anoche. Pero, en mambos casos, se tuvo que conformar con verlo desde el banco. La gente lo pidió cuando el equipo no tenía ideas para complicar a Paranaense, pero Aguirre decidió tomar otras decisiones.
Ayer, primero el elegido para tratar de dar vuelta la historia, fue Botta, al comienzo del segundo tiempo. Luego, por la lesión de Ortigoza, entró Bergessio y al final, Avila.
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