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Lo que se busca entonces -al menos desde algunos clubes grandes y el Gobierno- es un control de emergencia,
un comité de crisis, que sostenga al
actual presidente, le sume un
veedor de FIFA que garantice que no existe una intervención directa, otro en representación del
Gobierno -hasta que deje de tener el Estado los derechos-, y un cuarto que se ajuste en conjunto a la figura del
co-administrador.
Lo que Fernando Marín se esmera en demostrar en Zurich es que el Gobierno no se entromete, sino que es parte por poseer los derechos de TV. De encontrar éxito en esta fórmula, los carriles conducirán directamente a intereses que hoy están supeditados al resultado de las elecciones y al tratamiento que le dé el próximo presidente que -según las estimaciones-, podría no ser afín a los métodos ni la celeridad con que se pretende refundar el fútbol argentino.
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