El técnico revive la "amenaza" de Agustín Orión que le dio el empujoncito para iniciar su historia en el banco, cuenta sus vivencias en el Ascenso, habla de su relación con Chiqui Tapia y revela qué le aporta la psicología.

"Un día fuimos a ver a Midland -el equipo del que es hincha desde la cuna- con Agustín (que es ni más ni menos que Orión) contra Berazategui en la D. Terminó el partido, se fue el técnico y él me dijo 'si no dirigís vos yo no doy más una mano al club'. Yo creo que era mentira pero bueno, llegué a casa, me iba a ir de vacaciones con mi señora el lunes y terminé dirigiendo la práctica de Midland y los últimos diez partidos en la D".

Sergio Rondina está celebrando 20 años de carrera como entrenador, esa que contó que comenzó a fines de 2005 tras aquella amenaza de Orión (también hincha y hoy presidente de la institución) y fue sin atajos en un recorrido por todas las categorías del fútbol argentino. Camino que incluyó ascensos, triunfos a los cinco grandes, disputar la Copa Sudamericana y haber quedado en la historia de varios clubes y en el corazón de sus hinchas.

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"Estoy muy orgulloso de la carrera que he hecho. Son 20 años de laburo con muy poco tiempo sin trabajo y eso que cada día hay más entrenadores y los clubes son los mismos. Soy un bendecido de esa continuidad. Y mantengo la pasión y la llama del primer día de armar planteles, de estar el día a día en el club. Cuando no estoy con trabajo me dicen "aprovecha para descansar" pero enseguida quiero estar en el ruedo", contó.

En este importante aniversario, "Huevo", que hoy está dirigiendo a Ferro y conduciendo el sueño del club de volver de una vez por todas a la Primera División, repasó su carrera en una extensa charla con Popular. Además, habló de su etapa menos conocida como futbolista, reveló el aporte de la psicología a su rol como entrenador, su relación con Claudio Tapia cuando dirigía Barracas Central y mucho más...

-¿Cómo fue tu primer contacto con la pelota?

-Mis viejos tenían un almacén frente a la Plaza Libertad (en la localidad con el mismo nombre del partido de Merlo, Provincia de Buenos Aires) y mis primeros contactos con el balón fueron allí y al costado de la vía con los amigos del barrio.

-Muchos no lo saben, pero fuiste futbolista. ¿Cómo jugabas?

-Comencé como un volante con dinámica, con buena lectura de juego y en los últimos años fui más volante central. Creo que era inteligente dentro del campo de juego, con conocimiento táctico. Dinámica en mi juventud y después me acomodé como un volante de contención donde lo táctico me acomodaba rápido.

-En 1999, jugando con Chacarita en la B Nacional, lograste el ascenso a Primera División. ¿Qué significó para vos?

-No lo valoré en el momento como hoy, que después de tantos años voy a la cancha de Chacarita y la gente me agradece o me reconoce lo conseguido. Ahí tomé magnitud de lo conseguido en un club importante. Fue haber logrado algo hermoso que se había pactado como objetivo desde el inicio. Perdimos una final -de la división- con Instituto y el grupo se levantó para el reducido. Era un plantel integrado por gente de experiencia y pibes del club.

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-¿Y no haber podido llegar como futbolista a la Primera División fue una espina que te quedó?

-Sí, no era fácil en mi época llegar a Primera División. Me hubiese gustado ser parte de ese plantel de Chacarita y pelear por tener minutos en Primera División. Fui el tercer jugador con más partidos en la B pero tuve que volver a Arsenal, que era el dueño de mi pase. Sí pude jugar en la Primera de Ecuador. Me faltó ser más profesional, no tengo la menor duda que me faltó eso para llegar a la Primera División de acá.

-¿Y cómo y cuándo nació el deseo de ser entrenador?

-Nació de muy joven. A los 20 años, cuando llego a Arsenal, que tengo a "el Vasco" Iturrieta como entrenador. Un jueves, que hacíamos táctico, nos agarró en el vestuario con la canchita y las imanes: "Vamos a trabajar estos movimientos porque el partido del fin de semana lo ganaremos de esta manera". Y lo ganamos de la manera que dijo él. Y no era una época donde entrabas a una plataforma y tenías todo. Ahí había que ir a la cancha o mandar a alguien para que te pase un informe. Ahí me picó el bichito... Es más, hice el curso de entrenador siendo futbolista.

-¿Qué tan predecible es el fútbol?

-El fútbol no es predecible porque en definitiva siempre termina resolviendo el jugador adentro de la cancha y hay un montón vicisitudes en el juego que puede cambiar todo en un abrir y cerrar de ojos como un gol tempranero o una expulsión. Hoy nos conocemos muchos los entrenadores y jugadores. Uno analiza las dificultades de uno para mejorarlas y las del rival. No hay nada más lindo que decirle al jugador lo que tenemos que hacer, que se haga, salga bien y se vea reflejado en el resultado. Ganas credibilidad ante el grupo y saben que pueden confiar en vos. Después eso sabes que lo que le digas al jugador te van a creer. En una nota, De Paul contó que si Scaloni dice "buenas noches" y él se asoma y es de día él le responde "buenas noches", como diciendo que le cree todo porque ha acertado.

-¿Qué recordas de esos inicios como entrenador en Midland?

-El primer partido con Riestra lo ganamos. Después jugamos entre semana con Ferrocarril Urquiza (hoy UAI Urquiza) y perdimos. Estaba Francis Ribeiro, vicepresidente del club, al cual le dije: "Volvimos a la realidad, no era tan fácil" (risas). Sufrí porque teníamos un equipo de mierda, era terminar el torneo de la mejor manera. Tuve la experiencia de dirigir al club del que soy hincha, lo disfruté y lo sufrí a la vez.

-Te quitaba el sueño...

-Era insoportable. Te tocaban el timbre en la casa, ibas a comprar y te hablaban del fútbol. Y la campaña no era buena, te decían 'hay que armarse para el año que viene'. Yo vivo en el mismo lugar donde nací, donde me crié. Era complicado porque uno lo vive de otra manera. A mi me preguntan si voy a dirigir a Midland. Yo prefiero estar en la tribuna y colaborar con lo que pueda. Me resultaría difícil porque es difícil sacarse el hincha. Me sirvió de experiencia. En ese momento era mucho más sanguineo, hoy soy más pensante pero quizás a un jugador mío le perdono cosas que quizás como hincha no... Tendría que hacer un trabajo de psicoanálisis muy profundo...

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-¿Hacés terapia?

-Sí, hace una hora llegué de terapia. Había hecho una vez y dejé enseguida y ahora sí, llevo un año. Sentí que lo necesitaba. Me siento cómodo, hablo de todo un poco. Me ayuda a descargarme, a liberarme, a desahogarme, a sacarme tensiones.Me ayuda a tomar decisiones. El famoso ¿y por qué no lo hacés? ¿y por qué esto y no lo otro? ¿y cuál es el problema? Creo que muchas veces a tomar decisiones, a atreverse y da un descanso a la hora de la cabeza: estar más tranquilo y no enroscarse tanto...

-El rol del entrenador debe ser el más estresante en el fútbol...

-Sí, el estrés, el manejo de los planteles. A veces hay que tomar decisiones con niveles muy parejos. Uno a veces se sigue poniendo en el lugar del jugador y me cuesta tomar decisiones. Estamos a nueve días de arrancar un torneo, tengo que tomar decisiones y no es muy fácil. Quién va al banco y quién no en el debut. Y seguramente voy a ser injusto con los que no elija porque está muy parejo en algunos puestos. Trataré de que al que no le toque que siga metido, que no se frustre. Es frustrante que no te elijan entre veinte y en definitiva vos elegiste a los que se quedaron y trajiste, le contaste del proyecto y es un golpe quedar afuera. Hay que decirles que es un torneo largo y todos tendrán oportunidades.

-¿Cuáles fueron los trabajos más insólitos de tus futbolistas en el Ascenso?

-Hoy hay jugadores en la B Metropolitana que viven del fútbol, pero antes era difícil en el Ascenso. Cuando yo dirigía a Cañuelas, el capitán Mario Alegre trabajaba de sereno. Venía a los entrenamientos sin dormir. Yo le decía a los dirigentes: ¿cómo va a venir a trabajar sin dormir? Se va a lastimar, se va a lesionar. Dormía después de entrenar hasta que le tocaba laburar. Hablamos con él y le manejábamos los entrenamientos. Después, he tenido empleados de estaciones de servicios y compañeros como jugador que entrenaban en un Matarife y venían con la ropa manchada de sangre. Así hay muchos, gente que laburaba todo el día y venía a disfrutar del fútbol pero de manera profesionalmente, con gente en los estadios, regido por AFA... Amor al deporte porque eran tipos que sabían que no se iban a salvar por el fútbol...

-¿Qué fue lo más loco que te pasó en el Ascenso?

-Me acuerdo la pretemporada de 2007 en Entre Ríos dirigiendo a Luján. Yendo para Entre Ríos nos agarró un piquete en la ruta porque en tal pueblito no había insumos en una salita y estuvimos cuatro horas en la ruta. Me acuerdo que para abaratar costos llevábamos mucha comida en el micro. Y, había hambre después de tantas horas... Entonces uno sacó una horma de jamón y la cortamos arriba del micro... Después, llegamos al lugar y ese fin de semana había pruebas de atletismo y no podíamos ocupar las habitaciones. Y fuimos a un lugar donde poníamos los colchones que había de más sobre la ventana porque no había ni vidrio. Fue la época de la primera y única nevada que hubo en Buenos Aires. Mostraban la Basílica de Luján llena de nieve en la televisión y nosotros estábamos en Entre Ríos, donde no nevó. Los pibes, que nunca habían visto la nieve, me querían matar. Y en ese mismo día, pelaron a los pibes jóvenes, taparon las cañerías, fue un desastre... Después, se disfrutó mucho el viaje y ayudó a que el grupo sea muy unido... El que hoy es presidente de Luján (Federico Vanin), que en ese momento era colaborador, fue a comprar mermelada de naranja. "¿A quién le gusta esa mermelada? A vos solo te gusta de naranja", le dije... No la comió nadie, ja.

-El arbitraje en el Ascenso es siempre cuestionado por sus fallos. ¿Te sentiste perjudicado constantemente alguna vez?

-No me sentí perjudicado, ni beneficiado sinceramente. Creo que el árbitro convive con el error, creo que sí hubo errores groseros, como también creo que los equipos que llegan a jugar las finales no llegan porque los árbitros los favorecen 20 partidos, llegan porque son buenos equipos que se armaron para pelear los ascensos. Si creo que tiene que haber un seguimiento más detenido de los rendimientos de los árbitros como un sistema de premios y castigos: el que dirige mal no tiene que dirigir el partido siguiente. Como nos pasa a los jugadores y a nosotros. Pero sigo creyendo en esto, si no me tengo que dedicar a otra cosa. A mi no me ha tocado vivir algo grotezco.

-Sí sufriste el exitismo del fútbol argentino en Colón, durando apenas siete partidos...

-Sí, habían pasado cuatro o cinco partidos y me puteaba toda la cancha a mí. No estaba bien el club, venía de quedar eliminado de la Copa Libertadores, de la Copa Argentina, fue un desencadenante de lo que vino después, que perdió la categoría. "Tenés que ir, tenés que ir", me decían todos cuando llegó la oferta. Venía de la cabeza quemada de Santiago del Estero (de dirigir a Central Córdoba) y a veces uno tiene que estar al 100% y saber decir que no cuando necesita un parate.

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-¿Y que te sorprendió de Primera División cuando llegaste en 2016 para dirigir a Arsenal?

-La velocidad con la que se juega, el sonido de la pelota cuando le pegan los mejores jugadores, las recepciones al pie, los cambios de frente y el balón cayendo siempre adelante del receptor para ir para adelante y como resuelven situaciones propias del juego por la calidad que tienen. Después, los estadios, entras a San Lorenzo y estás en el vestuario. Las comodidad de los hoteles, de los viajes en avión, todo lo de pre partido de las competencias internacionales que vi cuando me tocó la Sudamericana con Arsenal. Uno tiene el deseo de poder volver a estar en esa categoría.

-En tu trayectoria en Primera División lograste ganarle a Boca con Central Córdoba y a River con Arsenal y Barracas...

Sí, a River le gané el primer partido que lo enfrenté en 2017 por 2 a 1 con Arsenal en Sarandí y con Barracas Central cuando estaba Demichelis de técnico. Jugué muchas veces más con River que Boca, con quien me comí 8 en La Bombonera, donde no lo podía creer. Y unos meses después le ganamos a Boca con Central Córdoba en Santiago del Estero, que hace cincuenta años no lo vencía.

-¿Cómo es preparar un partido frente a Boca o River?

-Sufrís mucho, me tocó enfrentar a los mejores River de Gallardo. Era difícil plantear los partidos. Enfrentar a Boca o a River conlleva un desgaste mayor por la previa, por la prensa que moviliza, por el esfuerzo que hacés en los 90 minutos. La recuperación te lleva 48 horas más que cualquier otro rival porque el desgaste físico y emocional es muy grande. En la semana previa notas muy enchufados, muy predispuestos y con una ilusión muy grande a todos.

-¿Cómo se le gana a Boca y a River con equipos con menor presupuesto?

-Tenes que hacer un partido perfecto desde lo táctico, lo individual, lo colectivo y tener la cuota de suerte. Tenes que estar al 100% concentrado los 90 minutos porque si no la pasas mal. Porque vos sabes que de diez es uno el que le podes ganar porque son mejores que los tuyos individualmente y colectivamente, son más fuertes, todo, por algo juegan con esa camiseta: muchos van a ir o vienen de Europa, juegan en la Selección... Tenes que colectivamente ser muy fuerte, sólido, solidario, no equivocarse en la planificación y que el jugador la entienda y la interprete de la mejor manera. Y rezar para que las cosas salgan bien.

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-Dirigiste a Barracas Central con Claudio Tapia ya siendo presidente de la AFA. ¿Cómo fue tu relación con él?

-Una relación excelente. Yo al Chiqui lo conozco de cuando dirigía a Ituzaingó en la C y él era presidente de Barracas. Él en su momento me quiso llevar a Barracas cuando estaba en la B pero no se dio. Y después me llamó Matías (su hijo y sucesor en el cargo) para dirigir Barracas y la pasé excelente. Yo agarré cuando el club empezó a hacer el estadio y lo veía seguido, pero cuando pasamos a jugar en Huracán ya no tanto. Cuando me fui en diciembre, ya estando en Sarmiento, me depositaron mi sueldo. "Se equivocaron", avisé y me dijeron que "era lo que correspondía".

-¿Sabías en esos primeros años de su ambición de ser presidente de la AFA?

-No sabía de su ambición, lo conocía como rival. Creo que como fue creciendo el club fue creciendo su figura. Es un animal político y le dio un orden a la AFA que estaba fundida y hoy goza de buena salud y es reconocida en todos lados. Y tuvo la elección de Scaloni (para dirigir a la Selección). Yo pensé que estaba loco, para mí era Russo o Coudet, entrenadores con experiencia. Fue todo mérito de él, que algo le vio en el día a día.

-¿Qué significado le das al ascenso con Villa Dálmine en la B Metro en 2014 y al título de la B Nacional con Arsenal?

-El ascenso con Villa Dálmine fue haberme sacado una mochila que me pesaba mucho en los hombros: había estado muy cerca con Excursionistas, Atlanta, Luján... "Arma buenos equipos pero no ascienden", decían de mí y venía de un golpe muy fuerte en Platense (duró seis partidos). Fue dar el salto de categoría que era muy difícil pasar de la B Metropolitana a la B Nacional como entrenador y llegar donde hice la mayor parte de mi carrera como jugador. Fue hermoso e impensado y contra el caballo del comisario como Tristán Suárez (dirigido por Caruso Lombardi).

Y lo de Arsenal fue soñar algo cuando tenés muy poquito. Armar algo de la nada misma, soñarlo y verlo proyectado en el campo y con el logro final... Arsenal me formó como persona, como jugador, como todo. Volver de la B a Primera en un año lo han hecho muy pocos equipos... Ese equipo no tenía techo... Y se dio con mis hijos grandes, con mi vieja en la cancha y me dio un gran reconocimiento.

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-Yendo al presente, ¿qué objetivos se plantearon con Ferro para esta temporada?

-Tenemos que pelear el campeonato. Nosotros tenemos que buscar el ascenso, somos muchos equipos en busca de esos lugares, por eso tenemos que ser competitivos de principio a fin. Soñamos con ver a Ferro en Primera.

-Ferro descendió en el 2000 y no volvió más. ¿Se siente en el club el deseo y la presión de volver?

-Se siente el deseo de estar en Primera y la presión los días de partidos y más cuando las cosas no salen bien. Estamos por debutar con San Telmo y la gente ya piensa en jugar en diciembre en Primera... Sí, es Deportivo Ganar por la historia del club y el deseo de la gente de estar en Primera División.

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-Midland cayó en la otra zona de la categoría. ¿Es un alivio o te hubiera gustado enfrentarlo?

-Fue hermoso. Gritamos gol en la familia. Me tocó dejarlo afuera de un reducido en 2010 con Excursionistas, pero esto es otra cosa, es Segunda División del fútbol argentino y estoy muy expuesto como hincha del club a diferencia de ese entonces. Yo soy profesional, pero siempre hay boludos...

-Por último, ¿qué hobby tenés para desconectar del fútbol?

-Hoy es ir a jugar al pádel con amigos, donde termino haciéndome malasangre. Después, jugar a las cartas o comer un asado. En el pádel me defiendo, pero el juego me termina superando. Cuando hay que ganar el punto, después de varias idas y vueltas, me cago. Tendría que ir a un profesor de pádel, pero no voy a ir. Me caliento, decí que juego con amigos, porque soy bastante estúpido. Soy competitivo y a veces voy a disfrutar y me termino calentando, ya rompí una paleta, no rompo más porque salen carísimas.... Juego al pádel porque tengo 54 años y es un deporte sin contacto, después me gustaba mucho el básquet pero ya no juego más al igual que el futbol.

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