Cuando empezó el campeonato, Plaza Colonia pretendía a una sola cosa: mantenerse en la A. Armó un equipo humilde, sin más objetivos que ése: quedarse entre los grandes. De repente, como si las cosas se dieran naturalmente, las "Patas Blancas" empezaron a ganar: un partido, dos, tres. Así, hasta llegar a la fecha 14 —la anteúltima— en la punta del torneo.
Viajaron a Montevideo en un micro destartalado para enfrentarse a Peñarol, el gigante uruguayo, como visitante, en la nueva cancha del Manya. El almuerzo fue sencillo, en un salón que parecía, sin desmerecer, el buffet de alguna fábrica.
Y de ahí, al estadio, al flamante Campeón del Siglo. Tardaron dos minutos en imponerse en el marcador. Aguantaron el empate Manya. Y volvieron a pasar al frente: ganaron 2-1, salieron campeones, y dieron una vuelta olímpica inolvidable, la primera del equipo de Colonia. Ahora deberán volver a enfrentarse a Peñarol para dirimir al campeón del año: deberá vencerlo dos veces, debido que el Carbonero se quedó con el torneo Apertura y con la tabla anual.
Ahora podrán inaugurar una vitrina. Tenían, hasta el momento, un título de segunda división, en 2001. Y nada más. Ahora, además de una copa, cuentan con una página llena de gloria.
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