Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.
El sábado pasado hablamos de la pareja como un camino de conciencia. Hoy quiero ir un poco más profundo: mirar qué ocurre cuando ese camino se vuelve difícil. Cuando aparecen los conflictos, los reproches, la distancia o el cansancio emocional.
Desde el coaching ontológico y la Gestalt, entendemos que el vínculo no es sólo un encuentro entre dos personas, sino un encuentro entre dos historias, dos formas de interpretar el mundo y dos maneras aprendidas de amar.
No reaccionamos ante lo que el otro hace. Reaccionamos ante lo que eso significa para nosotros. Cada discusión encierra una emoción no resuelta. Cada reclamo es una necesidad que no supimos expresar. Cada silencio es una forma de protegernos del dolor.
En Gestalt se habla del vínculo como un espacio de contacto. Allí donde nos encontramos con el otro, también nos encontramos con nosotros mismos. Y ese contacto puede ser nutritivo o doloroso, según cuán presentes estemos.
Muchas veces creemos que el problema es la conducta del otro:
Pero desde una mirada terapéutica, la pregunta es distinta:
Porque lo que más nos duele del otro suele tocar una parte sensible nuestra.
El coaching ontológico enseña que vivimos dentro de interpretaciones. No vemos la realidad tal cual es, sino como aprendimos a verla. Y esas interpretaciones se formaron en nuestra historia emocional: en la infancia, en nuestros primeros vínculos, en lo que vimos y escuchamos sobre el amor.
Por eso no elegimos pareja desde la conciencia plena, sino desde nuestras creencias inconscientes:
No son decisiones racionales. Son programas emocionales.
Desde la Gestalt se habla de asuntos inconclusos: emociones que no pudieron expresarse, duelos que no se cerraron, necesidades que quedaron insatisfechas. La pareja actual muchas veces se convierte en el escenario donde esos asuntos buscan resolverse. No porque el otro sea culpable, sino porque el vínculo íntimo tiene la fuerza de activar lo pendiente.
Una pareja consciente no busca tener razón. Busca comprender qué se mueve en cada uno. Esto implica pasar del reproche a la responsabilidad emocional.
Responsabilidad emocional no es culparse. Es reconocer:
En lugar de decir:
Podemos empezar a decir:
Ese pequeño cambio de lenguaje transforma el vínculo. Nos saca del ataque y nos lleva al encuentro.
Desde el coaching ontológico, el lenguaje crea realidad. Las palabras que usamos para hablar del otro también construyen la relación que tenemos. Si hablamos desde la queja, construimos distancia. Si hablamos desde la emoción, construimos puente.
La Gestalt, por su parte, invita a la presencia. A estar aquí y ahora con lo que sentimos. No a huir, no a justificar, no a acumular. A registrar el cuerpo, la emoción, la necesidad.
Muchas crisis de pareja no son falta de amor. Son falta de conciencia emocional. No sabemos decir “me siento solo”. Decimos “vos nunca estás”. No sabemos decir “tengo miedo”. Decimos “no me importás”. Y así, sin darnos cuenta, convertimos una herida en una pelea. La pareja consciente aprende a detenerse. A escuchar antes de responder. A preguntar antes de asumir. A sentir antes de acusar. También aprende a poner límites. Porque conciencia no es aguantar todo. Conciencia es saber hasta dónde puedo y hasta dónde no. Es cuidar el vínculo sin traicionarse a uno mismo.
Romina Atencio
Como enseñaba Fritz Perls, la madurez emocional implica hacerse cargo de lo que uno siente sin esperar que el otro lo resuelva. Y eso es profundamente liberador.
Por su parte, el coaching ontológico, desarrollado por Rafael Echeverría propone que cada relación es un espacio de aprendizaje donde podemos transformarnos a través del diálogo y la observación de nuestras emociones. No se trata de cambiar al otro. Se trata de cambiar la forma en que nos relacionamos.
Una pareja consciente no busca perfección. Busca coherencia entre lo que siente, lo que dice y lo que hace.
Y eso requiere práctica:
Amar conscientemente es aceptar que el otro no viene a cumplir nuestras expectativas, sino a mostrarnos dónde todavía necesitamos crecer.
Es animarse a mirar:
Porque toda relación profunda es un laboratorio emocional. Un espacio donde se revela quiénes somos cuando amamos.
Tal vez, el verdadero cambio en la pareja no sea evitar los conflictos, sino aprender a atravesarlos con conciencia. No huir cuando duele, ni quedarse por miedo, sino elegir desde un lugar más despierto.
No existe la pareja perfecta. Existe la pareja que se anima a transformarse. Y esa transformación no ocurre de un día para otro. Ocurre cada vez que elegimos comprender en lugar de atacar. Cada vez que escuchamos en lugar de defendernos. Cada vez que decimos lo que sentimos sin herir.
El amor consciente no es un estado ideal. Es un camino humano. Y ese camino empieza cuando dejamos de preguntarnos qué hace mal el otro, y comenzamos a preguntarnos qué podemos aprender nosotros en este vínculo.
Porque la pareja no es un lugar donde esconder nuestras heridas. Es un espacio para sanarlas. La pareja puede ser un campo de batalla o un espacio de conciencia. La diferencia no está en quién elegimos, sino en cómo elegimos mirarnos dentro del vínculo. Amar no es encontrar a alguien perfecto. Es aprender a estar presentes con lo que somos.
Tal vez la pregunta no sea: “¿con quién estoy?” sino: “¿quién soy cuando amo?”
¡Hasta el próximo sábado!
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