La recreación de la primera carrera de ruta abierta de Sudamérica reunió vehículos históricos, exhibiciones y homenajes en Buenos Aires y Tigre.
Más de 100 años después de aquella carrera pionera que unió Buenos Aires con Tigre, el Gran Premio Recoleta-Tigre volvió a convertirse en una postal del nacimiento del automovilismo argentino, que reunió este fin de semana a vehículos históricos, coleccionistas y entusiastas, en una celebración que combinó deporte, memoria y patrimonio cultural.
La actividad fue organizada por el Club de Automóviles Clásicos (CAC), con participación central del Automóvil Club Argentino (ACA), institución que ya había tenido un rol decisivo en la competencia original de 1906.
Los vehículos participantes, todos fabricados antes de 1919, fueron exhibidos en escenarios emblemáticos como Plaza Francia, el Hipódromo de San Isidro y el Museo de Arte de Tigre, donde vecinos y visitantes pudieron observar de cerca modelos históricos que marcaron los primeros años de la industria automotriz.
Entre los autos destacados estuvieron un Renault Baquet de 1908, un Dodge de 1915 y un Panhard Et Levassor de 1904, piezas que todavía conservan detalles originales y que hoy forman parte del patrimonio automotor argentino.
Durante el evento, el presidente del ACA, César Carman, remarcó la importancia de mantener vigente la historia del automovilismo nacional. “A través de eventos como este, seguimos impulsando la conexión con una parte fundamental de nuestra identidad deportiva nacional”, sostuvo.
Además, señaló que junto al CAC existe “la misión permanente de proteger el patrimonio histórico automotor en la Argentina”.
El ACA también participó con unidades pertenecientes al Museo del Automóvil de su sede central sobre avenida Del Libertador.
La jornada finalizó con la tradicional entrega de premios del CAC, donde fueron reconocidos los mejores vehículos, las tripulaciones y las presentaciones con vestimenta de época, uno de los sellos distintivos del evento.
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