Protagonista de mil historias de terror, este supuesto instrumento esotérico no es lo que parece sino un objeto en el que mucho tiene que ver la psicología y poco el misticismo.

¿Quién no ha escuchado increíbles y aterradoras historias de fantasmas que tratan de volver del más allá comunicándose con los vivos a través de una tabla de Ouija? Cientos de relatos transmitidos de boca en boca dan cuenta de adolescentes que, tratando de explorar en lo desconocido, terminaron poseídos por entidades diabólicas.

Pero... ¿cómo puede una tabla llena de letras y números, un vaso con agua y un puntero convertirse en un medio para que los fantasmas traspasen la barrera dimensional que los separa de los vivos?

Pero estas supersticiones tienen una explicación científica que, por más que les pese a algunos (generalmente productores de películas de terror), puede echar algo de luz sobre este artículo prohibido.

Generalmente, la tabla se activa cuando una o más personas posan sus dedos sobre un puntero de madera que de esta manera permite ser manipulado también por fuerzas del más allá, que irán comunicándose con los vivos señalando una a una, las letras que componen las palabras.

Pero acá viene la primera de las explicaciones ya que, si bien el puntero suele estar sujeto a varias fuerzas contraproducentes al mismo tiempo, nada evita que uno de los usuarios imponga su voluntad empujando levemente su dedo para que siga su voluntad-

Este bromista de turno, que pretende simular un esfuerzo colectivo, no hace sino accionar su propio inconsciente en una movida que en la Psicología se da en llamar efecto ideomotor.

Este proceso hace que una persona pueda realizar movimientos de manera automática (y a veces involuntaria) siguiendo ideas o emociones que pueda estar experimentando.

En este momento entra en juego la autosugestión y por eso todos los participantes creen que son un vehículo para las energías de ultratumba que quieren comunicarse con ellos.

Pero si hay algo que termina por descalificar a la tabla de Ouija como un “elemento de lo oculto”, eso es sin duda el hecho de que haya sido patentada en los Estados Unidos en 1891. En ese año, un comerciante llamado Elijah Bond tomó el “producto”, de origen chino, registró la tabla para su comercialización en territorio norteamericano, todo muy legal para un producto propio del ocultismo.

Como si todo eso no bastara, el mismo nombre de la tabla permite entender más acerca de la seriedad del tema. Ouija, deriva de la palabra “Si” en francés (Oui) y alemán (ja) y no hace referencia a actividad mística alguna como se puede suponer en un comienzo.

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Bond y sus herederos publicitaban la tabla haciendo énfasis en sus propiedades esotéricas y de esta manera hicieron mucho dinero durante décadas, llamando la atención de la compañía juguetera Parker Brothers, que compró la patente en 1966 y la llegó a publicitar por la radio para atraer a grandes y chicos por igual.

Comercial de la tabla Ouija

Lo más sorprendente acerca de la tabla de Ouija es que en 1991, fue la propia Hasbro –sí, la compañía que creó a Pequeño Pony y los G.I. Joe- la que compró todos los productos de Parker Brothers que en ese momento era una subsidiara de la marca Tonka.

Comercial Hasbro Ouija
Ouija comercial Hasbro 2

Si con todo esto el lector tiene sus dudas y sigue siendo fanático de las películas de terror basadas en la tabla de la Ouija, y estrenadas entre 2014 y 2016, le aviso que con sólo mirar en los créditos de producción en la misma no tardará en identificar a Hasbro como uno de los productores.

Por eso, este viernes a la noche, cuando saque la caja de la Ouija de la biblioteca para tratar de contactar a una entidad del inframundo con sus amigos, tómeselo con calma y sea parte de la broma que, desde una silla muy cómoda, digita el dueño de una multinacional juguetera.

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