Geoffrey Cardozo fue enviado a las Islas Malvinas apenas terminó el conflicto. Cuando vio que los soldados argentinos muertos no tenían identificación, empezó a juntarlos en cajones y a levantar el Cementerio de Darwin. "Ellos son héroes que lucharon valientemente y ahora tienen padres y madres", relató

Un puñado de días después de terminada la Guerra de Malvinas, el capitán de la armada británica Geoffrey Cardozo llegó a las islas. Tenía 32 años. En el árido suelo del archipiélago todavía se pisaban las vainas y en las lomas se divisaban algunos morteros. El alto mando de su país lo envió a construir el Cementerio de Darwin, el campo en donde se libró la parte más sangrienta del conflicto de 1982.

Pero Geoffrey recordó a su mamá, a sus amigos y a su Patria en un instante de quiebre emocional. "Cuando estuve al lado de un soldado argentino muerto que no tenía identificación, yo sentí una responsabilidad enorme", recordó 36 años después. Su labor fue fundamental para que 90 familias argentinas pudieran identificar y reconocer a los caídos en Malvinas.

Cardozo se acelera ni bien empieza a hablar de lo que vio: los pedazos esparcidos, las minas, la juventud de los soldados derrotados. Lo embarga la emoción y la transmite. “No sabía que iba a encargarme de los soldados. Ese no era mi papel”, contó en Radio Continental.

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La cruel batalla entre Argentina y Gran Bretaña dejó 600 muertos argentinos, pero el esfuerzo del militar pudo dejar 123 cruces blancas que esperaban a sus familiares. Noventa ya dejaron esa placa que los "identificó" por años: “Soldado argentino sólo conocido por Dios”.

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Paso a paso, levantó todos esos cuerpos. Los colocó prolijamente en ataúdes. Cavó una fosa en el duro suelo y clavó las cruces. Tuvo el respaldo de sus jefes.

Hay una angustia que recorre su voz. Quizá es bronca por las malas decisiones tomadas por los sucesivos gobiernos del país: “Yo pensaba que dos o tres años después íbamos a tener la posibilidad de exhumarlos para ver quiénes eran, para yo saber quiénes eran”.

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“No pensaba que iba a tomar tanto tiempo”, repitió en un lamento en nombre de los padres que murieron sin conocer el final de esta historia. “Pero vamos adelante, hay otros que todavía deben ser identificados y vamos para adelante con esperanza para los otros”, se motivó.

Geoffrey afirmó que sintió siempre como parte de su familia a todos esos jóvenes que ya no iban a volver al continente: “Son héroes que han luchado valientemente, pero para mí eran mis chicos porque eran huérfanos. Ahora tienen padres y madres, y están en los corazones de sus padres y madres que van a poder ir a ver la tumba”.

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