Familiares de soldados que cayeron en combate y fueron enterrados en las Islas Malvinas, participaron este lunes de una emotiva y, por momentos, desgarradora ceremonia realizada en el Cementerio de Darwin.
Al regresar de esa movilizadora experiencia, María Díaz dialogó con POPULAR y reveló cuáles fueron sus sensaciones al visitar por primera vez la tumba de su hermano: “Ahora estoy más tranquila, pude empezar el duelo y siento que él va a descansar en paz”, expresó en alusión a Luis Alberto Díaz, un combatiente oriundo de Quilmes, cuyos restos yacen en el archipiélago.
María apenas podía hablar. La mezcla de sensaciones, todavía a flor de piel, le impedían responder con fluidez. Siempre con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, accedió a brindar una entrevista minutos después de bajar del avión en el Aeroparque Jorge Newbery. “Apenas llegué a la Isla, no pude saludar a ningún inglés. Yo sabía que ellos no tenían nada que ver, pero el dolor de saber que mi hermano estaba enterrado ahí no me dejó devolverles el saludo”, contó.
Pasaron los minutos y esa indiferencia quedó de lado. La herida empezaba a cerrar y María fue a buscar al coronel Geoffrey Cardozo, responsable de haberle dado sepultura en 1983 a los argentinos caídos durante la guerra de Malvinas. “Me acerqué y pedí hablar con él. Fue muy respetuoso, entonces le agradecí por haber enterrado a mi hermano y a todos los chicos. En ese momento me di cuenta que tiene un gran corazón, hizo un trabajo con mucho respeto. No fue fácil decirle gracias a un inglés, pero yo pude encontrar a mi hermano gracias a él”, expresó.
La búsqueda de María no fue nada fácil. Cuando terminó la guerra, su hermano no regresó con los sobrevivientes. Pero nadie le dijo a ella ni a su familia que Luis Alberto había caído en combate, que estaba muerto.
Pasaron por varias situaciones tormentosas. Primero les dijeron que se encontraba herido en Campo de Mayo. Luego, un mes después de firmada la rendición, un soldado que luchó junto a él fue hasta su casa a buscarlo, convencido de que estaba con vida. “Nos dijo que había estado con mi hermano en la rendición y que los habían separado al subirlos a los barcos”, explicó María, quien pasó 34 años sin saber qué había ocurrido.
“Yo le pedía a Dios que esté bien. Pensaba en algunos momentos que podía estar vivo. Fueron muchos años de dolor”. Afortunadamente, la incertidumbre desapareció cuando accedió a hacerse una prueba de ADN, que resultó compatible con los restos de un “soldado sólo conocido por Dios”, enterrado en Malvinas.
“Ahora me siento en paz, hoy empieza mi duelo. Ya sé dónde está mi hermano”, agregó María. Por último, expresó: “Ojalá que estos viajes continúen. Es la única oportunidad de nosotros, los familiares, de llevarles flores a nuestros héroes”.
comentar