Durante ocho años, llevó su investigación en países de Europa, Asia y América Latina. Se metió en las redes para conocerlas desde adentro y entender su lógica. Plasmó los resultados en un libro y ahora se viene una película. Le costó intimidaciones, pero, tal como le contó a POPULAR, venció los miedos

No recuerda cuántas horas estuvo en el baúl de ese auto. Sólo recuerda que estaba oscuro, muy oscuro. Y que había olor a bencina. También recuerda que cuando salió casi no podía moverse. Estaba medio desmayada y le faltaba el aire. Cuando pudo mirar, vio carteles. Carteles que estaban escritos en un idioma desconocido para ella. Y ahí entendió: habían cruzado la frontera, con ella adentro del baúl. Estaba en otro país. No sabía cuál.

Durante ocho años, la periodista rusa Kitty Sanders investigó las redes de trata en países de Europa, Asia y América Latina. Para eso utilizó un método poco ortodoxo: se metió en ellas. Fue modelo y bailarina de caño. Trabajó en clubes nudistas y en burdeles y se hizo amiga de prostitutas.

“Yo pensaba que si no era una de ellas, no iba a saber nada. Entonces decidí trabajar codo a codo con ellas. Porque cuando vos dormís con ellas, te maquillas con ellas, hablas, fumas, tomas alcohol con ellas, noche a noche, después de un tiempo ellas te respetan”, dice Sanders a POPULAR.

"Todo es una red grande de porno, prostitución y narcotráfico. Es una red muy bien conectada, no son redes de distintos criminales, es una gran red que incluye a todos".

La investigación que le costó ocho años, golpes, amenazas, maltratos y estar indocumentada contra su voluntad en un país desconocido, también tuvo sus frutos: por estos días, Sanders publicó Prolegómenos al libro Carne y prepara la película “Carne”, donde contará pormenores de la investigación. “Cuando era joven conocí a una joven prostituta que había sido ingresada al país en un refrigerador junto a vacas muertas. Como un pedazo de carne. Esto me recordó a la película de Armando Bo”, dice.

Sanders hoy vive en Argentina y tiene protección de la Justicia porque fue amenazada de muerte por redes de trata y narcotráfico que operan en nuestro país.

La escena del baúl, el olor a bencina y los carteles ilegibles bien podría ser de una película. Pero no. “Es una clásica técnica de manipulación para que las mujeres no hagan lazos sociales. Las aíslan”, cuenta Sanders.

Según se desprende de esta investigación, en la Argentina Misiones es una de las cunas de trata. “En Argentina son víctimas potenciales las extranjeras, como haitianas, que hablan en francés. Ellas no conocen a nadie, por eso ellas están listas para ser manipuladas”, asegura.

Sanders entendió que los proxenetas son profesionales y saben qué necesitan decir y prometer a cada mujer para captarla. Una visa a Europa, un trabajo mejor, dinero para alquilar una casa, futuro para sus hijos, todas promesas que son parte de la llamada trata “blanda”.

Pero en Argentina también existe la trata “dura”: en esta modalidad las mujeres son secuestradas y se las mantiene cautivas, generalmente drogadas. Sanders detectó prostíbulos donde se ejerce esta modalidad en los barrios porteños de Constitución, Lugano, Villa Soldati, Pompeya, en la villa 1-11-14 y en Flores. En el conurbano bonaerense, Morón y Lomas de Zamora son los que pican en punta.

Sanders llegó a la Argentina en 2013, escapando de Chile. En el país vecino estaba amenazada y eso le dio el empuje para viajar hasta nuestro país. A partir de su llegada a la Argentina, la investigación dejó de ser “activa”, como ella dice: su rostro y nombre eran conocidos y no podía continuar simulando ser lo que no era. Además, necesitaba tiempo para relajarse y tranquilizarse antes de empezar a escribir su libro. “Ayudé a mujeres a escapar de burdeles, a encontrar otro trabajo. Y comencé a difundir mi trabajo, la información con la que cuento, para bajar la cantidad de víctimas de trata, porque ese es uno de mis objetivos”, dice.

“El conocimiento de las cifras no va a solucionar el problema, lo que va a solucionar el problema es la sociedad. Pero para eso todos necesitan saber la verdad: no sólo las cifras, también las razones, los perfiles que buscan los proxenetas y los métodos que utilizan”, agrega.

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Las amenazas

Hace tres meses, Kitty recibió amenazas. Una llamada telefónica en la que alguien le habló en dos idiomas. Le dijeron su dirección actual y otros datos personales suyos. “Yo trabajé en tantos países, que tengo muchos enemigos”, dice. Kitty no sólo logró escapar muchas veces de la muerte, sino que ayudó a otras mujeres a hacerlo.

Su primer sentimiento fue el miedo. Pero al día siguiente ya se puso en contacto con instituciones gubernamentales, como la Defensoría del Pueblo, y no gubernamentales, como la Fundación Alameda. Se aseguró de hacer copias de toda la información que recabó en estos años para que, si le pasara algo, se publicara inmediatamente.

“Tienen razones para amenazarme para que pare, pero yo no voy a parar”, asegura. Ahora, el sentimiento es otro: bronca. “Ahora no tengo miedo, lo que tengo es ganas de seguir”.

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