El lunes 7 de septiembre se cumplen 30 años del asesinato en Catamarca de María Soledad Morales, un crimen que marcó un antes y un después en la vida y la política de la provincia. Ada Rizzardo expresó su acompañamiento "a todas las madres que pierden a sus hijas o hijos".

El lunes 7 de septiembre es el trigésimo aniversario del crimen de María Soledad Morales y en la ocasión Ada Rizzardo, madre de la adolescente asesinada en 1990 en Catamarca, expresó su solidaridad con “todas las madres que pierden a sus hijas o hijos”, especialmente con Cristina Castro, a quien un mensaje de “mucha fuerza”, luego de haberse hallado el cadáver de su hijo, Facundo Astudillo Castro.

"Hoy me toca desearle un consuelo grande y enviarle mucha fuerza a la mamá de Facundo, que la veo a través de los medios cómo lucha para saber la verdad. Quiero decirle que no hay que claudicar, que hay que seguir", dijo Rizzardo en la víspera de un nuevo aniversario del asesinato de su hija, un crimen que fue un punto de inflexión en la vida cotidiana y la política de Catamarca.

En declaraciones a Télam, Rizzardo hizo público su “deseo desde la distancia” a “todas esas mamás que luchen con la misma fuerza que lo hice yo, para que se haga verdaderamente justicia”.

"Yo sé que la resignación a una mamá no le puedo pedir, porque no hay ninguna para una madre, porque la herida queda para siempre, para toda la vida. El calvario que lleva la familia es muy pesado, es una cruz muy pesada que se lleva de por vida", agregó.

Asimismo, le pidió a las familias que sufren la muerte de un hijo o una hija "que luchen, que no claudiquen, que no tengan miedo, que denuncien, que no se queden callados, que exijan".

Un crimen que cambió a la provincia

A raíz del crimen de María Soledad -a quien le faltaban cuatro días para cumplir 18 años-, comenzó una serie de protestas pacíficas contra el poder ejercido en la provincia por el entonces gobernador, Ramón Saadi, segundo exponente de una familia que dominaba la política catamarqueña desde fines de la década de 1940 a través de su padre, Vicente Leonides Saadi.

Además del desplazamiento de Saadi, el Congreso de la Nación dispuso el desafuero y la expulsión del cuerpo del entonces diputado Ángel Luque (padre de Guillermo Luque, condenado en el segundo jucio por la violación y asesinato de María Soledad), quien había declarado que si su hijo hubiese sido culpable, él habría hecho desaparecer el cadáver.

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Encabezadas por la hermana Marta Pelloni, rectora del Colegio de monjas del Carmen y San José, donde estudiaba María Soledad, y con la participación activa de las compañeras de la adolescente, se realizaron sucesivas “Marchas del silencio” para denunciar la participación y complicidad de diferentes personajes vinculados al poder político provincial en el crimen y su encubrimiento.

A pesar de los vínculos políticos que los unía, el entonces presidente Carlos Menem dispuso la intervención de la provincia, que representó el fin de la familia Saadi en el poder.

Dos juicios

El crimen de María Soledad dio lugar a dos juicios, ya que el primero de 1996 fue anulado por la parcialidad de Juan Carlos Sampayo, uno de los jueces del tribunal al que se lo descubrió haciendo gestos para influir en sus colegas.

En el segundo juicio de 1997 se condenó a Guillermo Luque a 21 años de prisión (de los que sólo cumplió 14) al encontrárselo culpable de los delitos de violación y asesinato, en tanto que a Luis Tula se lo condenó a 9 años por ser considerado partícipe secundario.

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