Eduardo Cabrera, maestro de Geografía, sufrió el hurto de su auto, que tenía dentro muchos materiales relacionados con sus alumnos. Ellos le brindaron su apoyo y el video que difundieron se viralizó.

Más a menudo de lo que parece suelen suceder buenos gestos nacidos de la bondad, del amor y del respeto.

Muy de vez en cuando aparecen viralizados, porque las noticias que venden llevan otra marca.

Esta vez sucedió en La Matanza y no quedó escondido. Los chicos de un colegio secundario de Gregorio de Laferrere salieron en ayuda de su profesor, que había sido víctima de la inseguridad.

Eduardo Cabrera, un profe de geografía, había perdido muchos útiles y pertenencias del trabajo, pero sus alumnos se encargaron de curar esas heridas con regalos para reponer lo perdido.

“Los chicos tienen enorme potencial y que me reconozcan por algo me halaga”, dice el vecino de Isidro Casanova.

Un día, un par de meses atrás, Eduardo salió de dar clases en un colegio de Morón y se quedó sin el auto, en el que tenía útiles de los chicos, evaluaciones, notas, trabajo prácticos de 1° a 6°, ya que dicta clases en varios colegios.

“Tuve que recurrir a la honestidad de los chicos para rearmar las planillas de notas. En el Instituto Benito Quinquela Martin, de Laferrere, ellos me preguntaron por qué pedía las notas de cada uno y les conté”, relata y sigue: “Esto sucedió un martes, al viernes siguiente me sorprendieron con una carta emotiva, se acordaban de todo lo que había dicho sobre que debía contener a la familia, porque apunto a que entiendan que los adultos también tenemos problemas. Me escribieron en la carta que me quieren y acto seguido me dieron bolsas que contenían cartuchera de Boca, fibras, fibrones, biromes, gomas, plasticolas, lápices, reglas, transportadores. Y todo lo compraron con lo que se ahorraron por no comer en el recreo”.

Se trata de 40 alumnos de 5° año. “Cuando termina el video todos llorábamos de la alegría y emoción. Y les dije que vayan a darle un abrazo a sus afectos de parte mía, que les agradezco a todos”, refiere el profe.

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Viralización

Pero hubo otra historia y que tuvo que ver con la viralización del video. “Me pidieron permiso y Lautaro subió el video en su Facebook.

Lo cierto es que pasó todo el finde y ese video tuvo 16 mil reproducciones y a una semana treparon a 30700 reproducciones. La repercusión fue tremenda, si hasta me llamaron de canal 9, el 13, de Telefé”, revela. Y cuenta que esta situación fue aprovechada para “trabajar en un proyecto. Es que con esto de la difusión del video, empezamos a tratar el tema de cómo controlar la actividad en las redes sociales. Porque lo que hacemos no se puede controlar a dónde llega y quién lo toma. Fue una suerte de disparador para tomar conciencia de cómo moverse en las redes sociales”.

A raíz de ese robo sufrido apareció la solidaridad y la demostración de afectos de sus alumnos. “Hoy me doy cuenta de la siembra que uno hace, los chicos me lo hicieron notar. Es que en el día a día no te das cuenta de lo que vas haciendo o que vas hablando. Pero está claro que los chicos te escuchan”, reflexiona.

Eduardo Cabrera ama la profesión de enseñar, de compartir conocimientos, de transmitirlos sin mezquindades. “El rol de profe debe gustarte si no se hace con amor no alcanza. A mí me gusta enseñar”, dice el docente de 40 años, residente en Isidro Casanova, quien ejerce desde hace cinco años.

Su historia personal marca que debió a salir a trabajar desde chico y que por eso recién hizo el secundario a la noche.

“A los 15 años ya laburaba, y el secundario lo hice de adulto”, afirma Eduardo, quien comenzó su carrera en la docencia en escuelas de adultos y luego tomó horas en el secundario, en donde es profe de geografía y ciencias sociales de primero. Y se apoya en su familia; Soledad, su mujer; sus hijos Melina, de 17; Ramiro, de 10; y Magalí, de 6. “Tengo la suerte de tener una familia que me acompaña”, resalta.

El profe de Casanova no sólo enseña su materia, sino que genera una rica conexión con sus alumnos a través de hechos más que palabras. “Cuando vas a dar clases, tenés que asistir de algún modo, porque hay chicos que no traen nada, tengo la fotocopia de mapas, birome, y les prestás. Como docentes qué hacés los hundís o les das elementos para que salgan adelante. Yo elijo que salgan adelante, entonces uno debe andar con un montón de cosas en el bolso. Es que hay que tener esperanzas en ellos”, dice.

En el día a día trata de darles “herramientas para utilizar en la vida, ya que de a poco se los prepara para una vida, y se apunta a que ellos entiendan por qué están en el colegio y que lo disfruten. Siempre les digo que deben tener en cuenta que en el colegio son los representantes de sus familias”, explica con pasión Eduardo. Y agrega: “Les tengo confianza a los chicos, ese potencial que tienen, y hay que entender que están en una edad que creer que no los escuchan, que no los quieren. Pero le digo que nadie les diga que no puedan”.

La escuela es el recinto en el que se aprende y en el que se suele echar un cable a tierra en busca de comprensión y contención. “En el escritorio siempre se arrima alguno, y te cuenta algo. Esa carga emotiva te la llevás a tu casa, porque en muchos casos son cosas grosas. Toca el timbre y qué le digo, la seguimos el lunes. Los escuchamos. Nos tratamos de brindar siempre para conversar después de hora en los recreos y nos ponemos a escuchar al chico. Ahí ponemos en práctica comprender, escuchar, acompañar. Es que ellos necesitan muchos que los escuchen, pero también que les pongan y límites”, cuenta.i

La música es la otra pasión del profesor

docente eduardo cabrera

La función de docente en Eduardo Cabrera convive con otra pasión: la música. La familia, las escuelas en donde dicta clases son parte del día a día del profe matancero, pero él se hace el hueco para abrirle camino a otro grito cultural, que lo desarrolla con dos palillos, con los que les da duro a los parches.

Eduardo es baterista y forma parte de Amenaza Nocturna, una banda de hard rock de Isidro Casanova. “Hace cuatro años que tocamos con los chicos y nos sentimos bárbaros porque la música nos permite recargar baterías para seguir cada uno en sus labores”, explica Cabrera, quien en su rol de músico es conocido también como El Mono, que esta función la complementa con dictado de clases de batería.

Amenaza Nocturna es un trío, compuesto por Sebastián, cantante y guitarra, Nacho en el bajo y el Mono en la batería. “La música es otra veta que tengo en el camino de lo cultural”, afirma y aclara: “Lo nuestro apunta justamente a lo cultural, a demostrar además que hacer rock no implica ser falopero, drogón, vago, como se ha instalado en la sociedad”.

Y sin perder el hilo de la aseveración, el músico-docente entiende: “No es así. Hay otro modo, ya que nosotros vamos a ensayar, terminamos tarde y al otro día nos levantamos temprano para ir a trabajar”, subraya.i

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