Alemania y Francia avanzan en un proyecto de financiamiento para evitar el colapso del bloque tras el recrudecimiento del conflicto entre el norte y el sur por la forma de sobrellevar la emergencia sanitaria

"Se trata de una crisis inédita, que requiere una respuesta europea". Ese fue el mensaje que dejaron entrever, tras su reunión a distancia, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de Francia, Emanuel Macron. Ambos resaltaron la imperiosa necesidad de salvar a la Unión Europea, y lanzaron un proyecto para brindar ayuda por 500 mil millones de euros a los países más castigados por la pandemia de Coronavirus, en un intento por evitar el colapso del bloque continental, dañado en los últimos meses no sólo por el accionar de la enfermedad sino también por las dificultades para encontrar respuestas en común acuerdo.

Esa cifra se agrega a una similar establecida hace algunas semanas, que sirvió como paliativo cuando la crisis sanitaria estaba en pleno auge en la mayoría de las naciones, pero que derivó en conflictos internos, especialmente entre las del sur, como España e Italia, que fueron el epicentro del drama, y las del norte, como Holanda y la propia Alemania, que entendían que esa opción era un apoyo que iba en detrimento de sus finanzas más estables.

Aquella discordia por los denominados Coronabonos, que tuvo en vilo al Viejo Continente y aceleró un posible desmadre, hoy empieza a calmar las aguas de la mano de sus dos principales potencias, motores económicos que saben que se debe hallar una solución de forma veloz. Y las voces de sus mandatarios van en sintonía, aclarando el panorama. ¿Qué señalan? "Es necesario un esfuerzo colosal, ambicioso, temporal y focalizado".

En ese sentido, tras largos debates, desde Berlín y París se habilitó una proyección que deberá ser revalidada por los otros 25 miembros del esquema, aunque se evidencia, de por sí, el peso específico, al ser las dos piezas de mayor fortaleza, y con más incidencia en el presupuesto.

La premisa fue acercar posiciones, especialmente luego de aquel cruce entre los dos polos que incluso mostró un desplante de tal envergadura que se generaron movilizaciones cada vez más contundentes en los países más perjudicados en contra de la Unión Europea.

Y lo que se barajó es un punto medio, ya que, a diferencia de lo que se especulaba en un momento inicial, con una cifra cercana a los 1.5 billones de euros, se reduce a 500 mil millones, con la salvedad que indica que es un monto no reembolsable. Se trata, a fin de cuentas, de crédito que no se certifica como tal para los países, sino que es una deuda a mediano plazo que toma directamente todo el conglomerado.

Este préstamo que se define de forma mutual, alivia las presiones presupuestarias, por ejemplo, de Roma y Madrid, quienes están con mayores complicaciones para escapar de la crisis económica, alineada con la sanitaria. Es que la devolución correspondiente no será propia, sino que se repartirá, y estará a cargo de la Comisión Europea para el lapso comprendido entre 2021 y 2027.

Justamente esa organización de la entidad supranacional será la que defina los parámetros para estipular las partidas que lleguen a destino y así ayudar a los más necesitados, algo que deslinda de responsabilidad estricta a Merkel, por caso, aunque las críticas se repiten en distintas partes del país teutón, ya que muchos vuelven al ruedo con el argumento de una ayuda para la que no se reciben beneficios, aquel que se esgrimió con los Coronabonos.

Por lo pronto, la idea tanto de Francia como de Alemania es fomentar una recuperación que, si bien se insinúa de largo alcance, tenga sus frutos en el corto plazo. Y por eso, a la par de la inyección financiera se establecen pautas a nivel estructural, a tal punto que en la reunión virtual se declaró que es necesario modificar determinadas reglas institucionales del bloque.

Allí el eje transita por otro carril, el del tablero internacional, con la búsqueda de no quedar absorbidos por la lucha que se acrecienta entre Estados Unidos y China. Así, en lo inmediato se pretende resguardar un ítem vital como es el turismo, mientras que en un lapso más largo está el de consolidar la infraestructura sanitaria, con el foco en la industria farmacéutica.

La referencia al servicio está por la relevancia de ese punto en el Viejo Continente, ya que implica un porcentaje importante del PBI, en especial para Italia, que tiene en esas divisas un elemento fundamental. Por eso, se avanza en un criterio para, en la temporada de verano que se avecina, abrir las fronteras y anular las restricciones que se elaboraron en los últimos tiempos por el miedo a la propagación. Sin embargo, la preocupación está latente, con el temor a algún rebrote, justo en el momento en el que la pandemia en Europa merma. Esa duda generó España, partidario de la cuarentena a quienes lleguen a sus tierras, pero hoy es una instancia que está entre muchos interrogantes. De momento, quien allana el camino es Alemania, que ya abrió sus fronteras, mientras que la propia Italia tiene en vista como fecha el 3 de junio. Así, el espacio Schengen, que se diseño para romper las barreras entre los países, empieza a volver a la normalidad para movilizar el turismo.

Y la otra temática es de nivel industrial. En medio de la crisis económica, Berlín y París intentan que la base de la recuperación, a la espera de una debacle general en los números de más del 8 por ciento promedio, sea la medicina. Según sus propias palabras, Merkel y Macron pretenden la "soberanía sanitaria", lo que implica un mayor presupuesto para desarrollar la tecnología que abone ese terreno. En sintonía, quieren apelar a dos piezas clave del rompecabezas: una mayor fortaleza de la cuestión digital, hace rato ya en boga, y también darle preponderancia a la ecología, que gana adeptos cada vez con más firmeza en los parlamentos europeos, a tal magnitud que suman congresistas en gran número en las distintas elecciones, como fue el caso, justamente, hace pocos meses, en la propia Alemania. Hacia esos dos ejes deben estar dirigidas las inversiones que se realicen con los presupuestos otorgados.

El trámite no se vislumbra sencillo y aún restan varios obstáculos por superar. Sin embargo, a distancia de lo que parecía la implosión del bloque, la Unión Europea quiere recuperarse, y para eso apela, para bien o para mal, a "una respuesta europea para superar la crisis".

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