El mandatario incluso cuestionó la soberanía danesa sobre el territorio al señalar que “el hecho de que desembarcaran allí con un barco hace 500 años no significa que sean dueños de esa tierra”.
Pese a rechazar de plano cualquier intento de anexión, los dirigentes groenlandeses aclararon que mantienen su voluntad de cooperar con Estados Unidos y otros aliados occidentales en los planos diplomático y económico. Sin embargo, remarcaron que cualquier conversación sobre el destino del territorio debe tener como único interlocutor soberano al pueblo groenlandés.
“No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses”, señalaron los líderes de los cinco partidos con representación parlamentaria, incluido Pele Broberg, jefe del Naleraq, la segunda fuerza política de la isla y una de las más abiertas al diálogo con Washington. Aun así, Broberg insistió en que solo los groenlandeses pueden decidir su futuro, sin presiones externas ni interferencias.
Inquietud
La escalada discursiva de Trump generó inquietud no solo en Groenlandia, donde una encuesta reciente mostró que el 85 % de la población rechaza formar parte de Estados Unidos, sino también en Dinamarca. Según un sondeo de Voxmeter, casi cuatro de cada diez daneses creen que EE. UU. podría intentar tomar el control de la isla por la fuerza durante la presidencia de Trump.
“Tenemos miedo. Da miedo ver cuánta presión ha recaído sobre Groenlandia”, expresó a la televisión danesa TV2 una estudiante groenlandesa que vive en Dinamarca. En la misma línea, el redactor jefe del medio local Semitsaq, Masaana Egede, advirtió que la situación es tan tensa que “algunos groenlandeses no pueden dormir”.
Mientras tanto, el Gobierno danés y las autoridades de Groenlandia aguardan una reunión clave la próxima semana con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien sostuvo que la diplomacia sigue siendo la “primera opción” frente a una eventual intervención militar. En Copenhague, la primera ministra Mette Frederiksen evitó pronunciarse en los últimos días, luego de haber advertido que una invasión de un aliado pondría en jaque el futuro de la OTAN.