En su misa de despedida en el principado, el pontífice criticó la “idolatría” que alimenta los conflictos armados y llamó a no naturalizar la violencia.
El papa León XIV cerró este sábado su visita a Mónaco con un fuerte mensaje contra las guerras actuales, al afirmar que los conflictos que atraviesan el mundo son consecuencia de la “idolatría del poder y del dinero”. La declaración se produjo durante una misa celebrada en el estadio Luis II, ante unos 15.000 fieles.
En su homilía, el pontífice insistió en la necesidad de rechazar la violencia y cuestionó la naturalización de los enfrentamientos armados. “No nos acostumbremos al estruendo de las armas ni a las imágenes de guerra”, advirtió, al tiempo que sostuvo que la paz no puede reducirse a un “equilibrio de fuerzas”, sino que debe construirse desde una mirada humanista que reconozca al otro como un igual.
El Papa también lamentó que, en la actualidad, se realicen “cálculos” que derivan en la muerte de inocentes, en una crítica implícita a las decisiones políticas y económicas que sostienen los conflictos.
En ese marco, llamó a reforzar el rol de la Iglesia como espacio de contención y acompañamiento, especialmente para los sectores más vulnerables.
Durante la ceremonia estuvieron presentes el príncipe Alberto II de Mónaco y la princesa Charlene de Mónaco, junto a otros miembros de la familia Grimaldi, en una de las apariciones institucionales más destacadas de la visita papal al principado, considerado uno de los Estados con mayor concentración de riqueza del mundo.
Ante ese contexto, el pontífice también pidió promover una Iglesia “de acogida” y con capacidad de garantizar dignidad para los más pobres, al tiempo que abogó por un desarrollo “integral e inclusivo”. En línea con el legado de Francisco, remarcó la necesidad de enfrentar la “cultura del descarte” y defender la vida en todas sus etapas.
El mensaje incluyó, además, una reiteración de su postura en favor de la vida desde la concepción, un tema que cobra relevancia en Mónaco luego de que el príncipe Alberto II rechazara recientemente una ley para legalizar el aborto, pese a su aprobación legislativa.
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