Un ataque con ojivas de racimo dejó víctimas y daños en zonas urbanas. En paralelo, Estados Unidos e Israel volvieron a bombardear instalaciones nucleares iraníes y el OIEA advirtió por el riesgo de un incidente radiológico.
La escalada militar en Medio Oriente sumó este viernes un nuevo capítulo de alta tensión, con un ataque con misiles lanzado desde Irán contra el centro de Israel que dejó al menos un muerto y varios heridos, mientras en paralelo Estados Unidos y fuerzas israelíes volvieron a bombardear instalaciones nucleares iraníes.
Según informaron equipos de rescate y el servicio de emergencias Magen David Adom, uno de los proyectiles utilizados portaba una ojiva de racimo, un tipo de armamento que dispersa submuniciones sobre amplias superficies. Estas impactaron en distintos puntos urbanos y provocaron daños en viviendas y comercios.
En total se registraron al menos seis zonas afectadas. Uno de los impactos se produjo en Tel Aviv, donde un hombre de unos 60 años murió al no encontrarse en un refugio antiaéreo al momento del ataque. En otro sector, un proyectil alcanzó un edificio residencial y dejó heridos leves a dos hombres, de acuerdo con fuentes policiales.
El servicio de bomberos y rescate intervino en múltiples focos, donde se reportaron destrozos materiales y escenas de caos tras las explosiones. A su vez, autoridades médicas señalaron que otras dos personas resultaron con heridas leves en el sur del país por fragmentos generados durante la intercepción de misiles.
El ataque se produjo en un contexto de creciente confrontación directa entre Irán e Israel, con la participación activa de Estados Unidos, lo que eleva el riesgo de una guerra de mayor escala en la región.
En paralelo a la ofensiva iraní, la central nuclear de Bushehr volvió a ser blanco de bombardeos por parte de Estados Unidos e Israel, en lo que constituye el tercer ataque en apenas diez días. Pese a la gravedad del hecho, las autoridades iraníes aseguraron que no se registraron daños en el reactor ni fugas de radiación.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó haber sido notificado del ataque y señaló que, según Irán, la planta continúa operativa en condiciones normales. Sin embargo, su director general, Rafael Grossi, advirtió sobre el peligro de que la actividad militar en las inmediaciones derive en “un grave incidente radiológico” si alguna instalación resulta afectada.
Desde Teherán denunciaron que los ataques contra instalaciones nucleares con fines pacíficos constituyen una violación del derecho internacional y alertaron que estas acciones podrían agravar la inestabilidad regional.
La ofensiva no se limitó a Bushehr. También fueron bombardeadas otras instalaciones clave del programa nuclear iraní, como el complejo de agua pesada de Jondab y la planta de Ardakan, donde se procesa el concentrado de uranio. Si bien no se reportaron víctimas ni fugas, se trata de objetivos sensibles dentro del desarrollo nuclear iraní.
En este escenario, Rusia volvió a expresar su rechazo a los ataques y denunció que podrían desencadenar una catástrofe nuclear. Incluso, la corporación estatal Rosatom informó que evacuó a más de un centenar de trabajadores de la central de Bushehr ante el riesgo.
En el plano diplomático, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, sostuvo que la operación militar contra Irán podría concluir “en cuestión de semanas”, y aseguró que Washington está cerca de cumplir sus objetivos, aunque evitó dar detalles.
Rubio también reveló que Irán envió señales de estar dispuesto a negociar, aunque todavía no respondió formalmente a la propuesta estadounidense para poner fin al conflicto. “Hemos intercambiado mensajes que indican cierta disposición al diálogo”, afirmó.
Otro foco de preocupación es el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio global de energía. Países del G7 y otras naciones afectadas analizan mecanismos para garantizar la seguridad de la navegación, ante el riesgo de interrupciones que impacten en el abastecimiento mundial.
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