
El incendio en el bar de Crans-Montana dejó decenas de muertos y heridos, luto nacional y una investigación por bengalas, evacuación y normas de seguridad.
El día después del devastador incendio que arrasó el bar "Le Constellation", en la estación de esquí de Crans-Montana, las autoridades suizas continúan con las tareas de investigación, identificación de víctimas y atención a los heridos, mientras el país atraviesa un período de duelo nacional por una de las tragedias más graves registradas durante celebraciones de Año Nuevo.
El siniestro había ocurrido cerca de la 1.30 de la madrugada (hora local) del 1° de enero, cuando alrededor de 200 personas participaban de una fiesta en el local nocturno, ubicado en un subsuelo y con capacidad habilitada para unas 300 personas. El incendio se propagó en cuestión de segundos y generó escenas de pánico, según relataron numerosos sobrevivientes, que describieron humo negro, gritos, corridas y grandes dificultades para evacuar debido a que el establecimiento contaba con una única salida.
Según confirmaron las autoridades del cantón de Valais, el balance provisorio es de al menos 40 personas fallecidas y 115 heridas, aunque no se descarta que la cifra de víctimas fatales aumente a medida que avanzan las tareas dentro del local incendiado. Parte de los restos aún no pudieron ser retirados, lo que dificulta una contabilización definitiva. La magnitud del desastre llevó al Gobierno suizo a decretar cinco días de duelo nacional, con banderas a media asta en todo el país.
La mayoría de las víctimas eran jóvenes, en su gran parte turistas que habían llegado a Crans-Montana para pasar las fiestas en uno de los centros de esquí más reconocidos de Europa. Si bien un médico suizo indicó que muchos de los pacientes tienen entre 15 y 25 años, el comandante de la policía cantonal, Frederic Gisler, fue más cauto y señaló que no es posible precisar edades con exactitud, aunque reconoció que ese era el perfil predominante del público presente. Entre los afectados también se encuentran trabajadores del local, como camareros y personal de seguridad.
Los heridos presentan en muchos casos quemaduras de extrema gravedad, algunas que alcanzan hasta el 60% del cuerpo, lo que implica tratamientos prolongados que pueden extenderse durante meses o incluso años. A esto se suman serios cuadros respiratorios provocados por la inhalación de humo tóxico, generado por la combustión de materiales plásticos utilizados en la decoración y el aislamiento acústico del lugar. Desde el Hospital de Lausana advirtieron que la combinación de altas temperaturas y gases tóxicos agravó considerablemente el estado de muchos pacientes.
Debido a la saturación del sistema sanitario local, varios heridos fueron trasladados en ambulancias aéreas a centros especializados de Sion, Ginebra, Lausana y Zúrich, mientras que los casos más críticos fueron derivados a hospitales de Alemania, Francia e Italia. En paralelo, las autoridades pidieron la suspensión temporal de actividades de riesgo, incluido el esquí, para evitar una mayor presión sobre los servicios de emergencia.
Varias personas dejaron flores y su pésame en el lugar (Foto: Reuters)
La identificación de las víctimas mortales es uno de los aspectos más delicados del operativo posterior al incendio. La fiscal general del cantón de Valais, Béatrice Pilloud, advirtió que el proceso podría llevar semanas debido al estado de los cuerpos. En muchos casos, los documentos personales fueron destruidos por el fuego, por lo que será necesario recurrir a pruebas de ADN. Esta situación mantiene a decenas de familias en vilo, sin información certera sobre el paradero de sus seres queridos.
Hasta el momento se confirmó que entre las víctimas hay ciudadanos extranjeros. Las autoridades lograron establecer que varias de ellas son de nacionalidad italiana y francesa, aunque el número exacto aún no fue determinado. El ministro de Exteriores de Italia, Antonio Tajani, viajó hasta Crans-Montana para rendir homenaje a las víctimas y reclamó una investigación exhaustiva, al tiempo que calificó como “poco responsable” el uso de bengalas o elementos similares en espacios cerrados.
En cuanto al origen del incendio, la investigación judicial avanza con cautela y sin confirmaciones oficiales. Sin embargo, múltiples testimonios de sobrevivientes y material audiovisual difundido por medios europeos coinciden en señalar una hipótesis principal: el uso de bengalas o “velas” colocadas sobre botellas de champán durante el festejo. Según esos relatos, algunas camareras llevaban botellas con elementos encendidos mientras eran alzadas por otros empleados, una práctica habitual en celebraciones nocturnas.
Las chispas habrían alcanzado el techo del local, recubierto con espuma acústica y estructuras de madera altamente inflamables. En cuestión de segundos, el fuego se extendió por todo el establecimiento y provocó explosiones que, en un primer momento, algunos vecinos confundieron con fuegos artificiales. La fiscal Pilloud se limitó a indicar que la principal pista apunta a “un fuego generalizado que provocó una explosión”, aunque remarcó que aún quedan “muchas circunstancias por aclarar” antes de establecer responsabilidades.
Los relatos de los sobrevivientes dan cuenta del caos vivido dentro del bar. Turistas franceses y estadounidenses describieron escenas de pánico absoluto, con personas corriendo y gritando en la oscuridad, sin comprender qué estaba ocurriendo. Varios coincidieron en señalar que la única salida hacia la calle resultó insuficiente para evacuar a tanta gente al mismo tiempo, lo que agravó la tragedia. El humo negro, espeso y tóxico, redujo la visibilidad a cero y dificultó la respiración, generando escenas que algunos compararon con “una zona de guerra”.
Fuera del local, la conmoción también fue inmediata. Residentes de Crans-Montana relataron que la música y la celebración se interrumpieron de golpe y dieron paso a un silencio atónito, solo quebrado por sirenas y helicópteros que sobrevolaron la zona durante horas. Bares, comercios y hasta la sede de un banco fueron utilizados como centros improvisados para recibir y asistir a los heridos, en un esfuerzo colectivo que permitió salvar numerosas vidas.
Mientras continúan las pericias técnicas y judiciales, la tragedia reavivó el debate en Suiza sobre las medidas de seguridad en locales nocturnos, el uso de pirotecnia en espacios cerrados y los protocolos de evacuación en eventos multitudinarios. En un país acostumbrado a estándares estrictos de control, el incendio de Crans-Montana dejó al descubierto fallas que ahora serán analizadas en profundidad, en medio del dolor por una noche que debía ser de festejo y terminó convertida en una de las peores tragedias de Año Nuevo en la historia reciente del país.
Crans-Montana es una de las localidades más reconocidas de los Alpes suizos y, al mismo tiempo, uno de los municipios más jóvenes del país. Nació oficialmente en 2017 tras la fusión de Chermignon (actual capital municipal), Mollens, Montana y Randogne. Está ubicado en una meseta a unos 1.500 metros de altitud, dentro del cantón de Valais y el distrito de Sierre, con el francés como idioma oficial.
Desde hace décadas, el lugar se consolidó como un destino elegido por la jet set internacional. Su combinación de paisaje alpino, infraestructura de lujo y una intensa vida social lo convirtió en un imán para celebridades, empresarios y turistas de alto poder adquisitivo, especialmente durante la temporada de invierno. Cuenta con más de 140 kilómetros de pistas de esquí, una exposición solar privilegiada y campos de golf de prestigio mundial, donde cada año se disputa el torneo Omega European Masters.
Además del turismo deportivo, Crans-Montana es conocida por su vida nocturna sofisticada, con bares y lounges exclusivos que suelen concentrar eventos privados y celebraciones multitudinarias durante fechas especiales como Año Nuevo. En ese circuito se encuentra Le Constellation, el local donde se produjo el incendio fatal.
Ubicado en la rue Centrale 35, "Le Constellation" funcionaba como un lounge bar de alto nivel, con una propuesta que combinaba cócteles, vinos seleccionados y música en vivo a cargo de DJs. El establecimiento contaba con un “bar secreto” integrado a la roca natural, un rasgo distintivo del lugar, y con 14 pantallas que transmitían eventos deportivos, lo que lo convertía en un punto de encuentro habitual tanto para turistas como para residentes.
Crans-Montana se encuentra a unos 100 kilómetros de la frontera italiana y a pocas horas en auto de la ciudad de Aosta, lo que explica la presencia de visitantes extranjeros en plena temporada alta. Tras la tragedia, los hospitales de la región y de otras ciudades suizas activaron protocolos de emergencia para atender a víctimas con quemaduras graves, mientras que los cuerpos de los fallecidos fueron distribuidos en distintos puntos del municipio para facilitar las tareas de identificación.