Según algunos investigadores, dominar dos o más lenguas nos haría más ágiles para resolver ambigüedades o conflictos y priorizar tareas.

Aprender una segunda lengua es un saber altamente valorado, entre otras muchas cosas, por las posibilidades laborales, profesionales, académicas o,inclusive, para el ocio que el conocimiento de otros idiomas brinda. También, en muchos casos, por el prestigio social que otorga. Y hoy sabemos, gracias a la ciencia, que los beneficios van aún mucho más allá.

Según algunos investigadores, dominar dos o más lenguas nos haría más ágiles para resolver ambigüedades o conflictos y priorizar tareas. Otros sostienen que las personas que son bilingües tienen siempre los dos idiomas disponibles y deben constantemente decidir cuál es la lengua adecuada a cada contexto.

Entonces, relacionan esto con una mayor capacidad para seleccionar qué información es relevante y descartar la que no lo es. Esta tarea depende de un sistema que se encarga de dirigir los procesos de atención que usamos para planear y resolver problemas.

Al estudiar el bilingüismo y su relación con la moral y la toma de decisiones, se descubrió un fenómeno llamado “efecto del lenguaje foráneo” que refiere a que los bilingües tienden a tomar decisiones más racionales cuando actúan a partir de información recibida en una lengua extranjera o dan respuestas más utilitarias ante dilemas morales que implican una participación personal. Esto se debe a que la segunda lengua, siempre que no se haya estado inmerso en esa cultura, no activaría los centros emocionales de la manera en que lo hace una lengua primera.

El bilingüismo también impacta en la salud. Se estima que el dominio de varias lenguas contribuye a formar una reserva cognitiva que actúa como un factor de protección ante el deterioro cognitivo.

Diversas experiencias registran que los bilingües sienten que su personalidad cambia según el idioma que utilizan. Sería importante vincular estos datos con estudios sobre las lenguas para ver su relación con las ideas circulantes en la sociedad.

Las neurociencias demuestran los beneficios del cerebro bilingüe.Es necesario comprender esto para ayudar a revertir ideas discriminatorias que consideran que hay lenguas “mejores” que otras y, por lo tanto, algunos bilingüismos son valorados y otros no. Esto responde a ideologías lingüísticas y culturales discriminatorias, injustas e inapropiadas.

Si una lengua ha sido históricamente estigmatizada (y sus hablantes también lo han sido), ese saber no es asumido de manera positiva y es posible que padres, escuela y “sociedad culta” la intenten silenciar. No debe ser así. La ciencia comprueba que la práctica de distintas lenguas es un valor positivo en sí para las personas y para las sociedades. Y esas mismas personas y esas mismas sociedades, que las lenguas son verdaderos tesoros.

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