La visita del presidente de la FIFA al país corroboró que las relaciones con la dirigencia argentina gozan de buena salud, más allá del escándalo por el Boca-River. ¿Revive el sueño del Mundial 2030?

Una de las sorpresas en la cumbre del G20 fue la aparición, fuera de agenda, del presidente Gianni Infantino. Invitado por Mauricio Macri, el presidente de la FIFA esbozó algunas explicaciones sobre el pensamiento de la organización respecto de la final de la Copa Libertadores, pero más allá de sus palabras, con acciones demostró que la relación está mejor que nunca.

Infantino, en principio, quiso escaparse de alguna responsabilidad al sostener que él “solo era un simple presidente de una asociación deportiva”, pero la realidad marca que el ente que preside es una de las multinacionales más importantes del mundo. Tan solo basta con saber que existen más naciones que están afiliadas a la FIFA que a la Organizaciones de las Naciones Unidas. En ese contexto, la invitación de Mauricio Macri va más allá de un simple gusto futbolístico del presidente de la Nación.

El presidente de la FIFA fue uno de los asistentes al Monumental el día del escándalo entre River y Boca. También uno de los más apuntados a pesar de que, para él, la FIFA “nada tiene que ver”. Sorprendido por la reacción de la gente y por lo que pasaba a sus alrededores, uno de los principales temores que se despertaron en el Gobierno Nacional recaía sobre las aspiraciones de mantener la candidatura (o no) de la Copa del Mundo 2030. Con algún enojo al principio y recriminaciones por sobre lo sucedido, después de una semana -según pudo averiguar POPULAR- la relación se acomodó y terminó, incluso, con fotos en las que se podía ver a Infantino en Casa Rosada y en el Teatro Colón junto con Fernando Marín y el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez.

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Así como fue invitada Christine Lagarde, directora del FMI, la aparición de Infantino se contextualiza en las aspiraciones que el propio mandatario argentino tiene con el Mundial del 2030. En los últimos meses, la candidatura argentina estuvo en jaque. De hecho, a mediados de octubre corrió el rumor que el país iba a desistir de la campaña conjunta con Paraguay y Uruguay, pero con el pasar de los días, en el mismo mes de octubre, el ex gerenciador de Racing y hombre de Macri en el fútbol, Fernando Marin sostuvo que todo seguía en pie y reimpulsó ese pedido.

En este caso, lo que acomodó esta situación fue la aceptación por parte de las autoridades nacionales de “los problemas organizativos” en el Superclásico -que terminó con la renuncia de Martín Ocampo- y, además, el apuntar a “las mafias que muchas veces están dentro de este tipo de violencia”, como dijo Mauricio Macri el lunes siguiente al escándalo, fue parte de la estrategia comunicacional enmarcada por el Gobierno.

En esa misma línea, en la conferencia de prensa que brindó Infantino en el G20, pidió que “se desarrollen estrategias para erradicar a los violentos y que el fútbol sea una fiesta”. Bajo el mismo discurso, señaló que es imprescindible que haya “ayuda entre el estado y las organizaciones de fútbol para terminar con los violentos”. No es llamativo que, una hora antes en conferencia de prensa, Patricia Bullrich volviera a insistir con la necesidad de aprobar la Ley de Barras que fue enviada al Congreso en el 2016 y que todavía no fue tratada.

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A una semana del Superclásico y de las acusaciones del principio, el discurso del Estado, de la FIFA y de la Conmebol confluyó en acomodar las piezas para que el partido se juegue, se encuentre un atractivo comercial y para que no se vuelva a generar tanta conflictividad. De hecho, el propio Infantino sostuvo: “Todos han estado de acuerdo con que el partido se juegue en Madrid. Es la única manera de seguir adelante”.

Justamente, seguir adelante es lo que busca la FIFA. Con Pablo Pérez imposibilitado, con las adyacencias del estadio en plena batalla, y ahora con la mudanza de una localía -que por reglamento le tocaba al club de Núñez- a Madrid, siempre la idea fue jugar el partido. Como sea. Y, una vez más, lo dijo muy claro el presidente de la FIFA en conferencia de prensa: “El futbol no puede parar”.

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