Cuando hablamos de “liderazgo” solemos referirnos tanto a la capacidad de influenciar a individuos para contribuir a los objetivos del grupo como de coordinar el trabajo para lograr esos objetivos. En ambas situaciones, hay un líder porque hay objetivos y un grupo que debe cumplirlos.

Tanto liderar como seguir a un líder son estrategias que practicamos para resolver problemas. Muchos investigadores sostienen que el liderazgo es una característica universal de las sociedades humanas. La psicología evolutiva o biología del comportamiento postula que la selección natural favoreció el desarrollo de mecanismos que resolvían problemas adaptativos que nuestros ancestros enfrentaron. Sin embargo, el liderazgo no es exclusivo de la especie humana. Durante gran parte de nuestro pasado evolutivo, el liderazgo fue informal, como lo es entre otros animales que actúan en grupo. Según afirman los estudios científicos, el liderazgo recién se habría formalizado desde la revolución agrícola, hace unos 10.000 años, lo que hizo posible que los líderes acumularan recursos y que los usaran para seguir conservando su posición. Con la complejización de las interacciones sociales, el liderazgo pasó a ser un elemento involucrado en sistemas sofisticados.

Los humanos reconocemos el potencial de liderazgo propio y/o en otros. ¿Qué rasgos suele tener un líder? Las cualidades tradicionalmente asociadas al liderazgo, es decir, inteligencia, fuerza, determinación, autoridad y visión amplia, son en realidad insuficientes. A partir de un estudio realizado con 200 empresas globales, se detectó que también es necesaria la inteligencia emocional. Este término da cuenta de la habilidad de las personas para reconocer, comprender y manejar sus emociones como también reconocer, comprender e influenciar las emociones de los demás. De esta manera, el líder puede entender las emociones del equipo al que debe guiar, poder elegir qué persona hará determinada tarea teniendo en cuenta sus gustos e intereses y, además, puede anticiparse a posibles conflictos dentro del equipo. El líder sin empatía es solamente un jefe. En cambio, el líder empático es también un mentor.

A la hora del trabajo, no solo es importante la inteligencia emocional, sino también las habilidades técnicas y las habilidades cognitivas. Sin embargo, puestos a funcionar en grupos de trabajo se mostró que la inteligencia emocional llegó a ser casi dos veces más importante que el coeficiente intelectual y que las habilidades técnicas para predecir altos rendimientos.

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