Curado de espanto, Mauricio Macri se resiste ahora a dar por concluidos los temores a un recrudecimiento de las corridas cambiarias. Hace cuatro meses hubo un ex secretario del Tesoro de EE.UU. que anticipó que la crisis iba a persistir. Los temores por la tranquilidad social

Tras un fin de semana febril en Olivos, el discurso presidencial y los anuncios del ministro Dujovne no fueron suficientes tampoco para frenar la tónica alcista del dólar, que de todos modos siguió esa tendencia los dos primeros días de la semana, obligando al Central a hacer grandes esfuerzos para contenerlo.

El primer día de calma, un encumbrado legislador de Cambiemos recibió en su despacho a Popular, aliviado por el sosiego que parecían haber encontrado los mercados tras tantas jornadas de furia. En ese contexto, el hombre recordó la visita reciente a Buenos Aires de Larry Summers, ex secretario del Tesoro norteamericano en tiempos de Bill Clinton.

Año de numerosas cumbres en nuestro país, Summers vino a la del Grupo de los 30, un encuentro que reúne cada dos años a las voces más influyentes de la economía global. Fue en mayo pasado, cuando ya se habían desatado aquí las turbulencias financieras. Con Federico Sturzenegger -todavía titular del BCRA- como anfitrión, Larry Summers advirtió que hay tres maneras de afrontar una corrida cambiaria: aplicando control de cambio, que a la larga tiene consecuencias negativas; con fuertes reservas, que terminan generando grandes pérdidas; o con un importante respaldo internacional. Es lo que terminó haciendo Argentina al acudir al FMI, no sin haber perdido también varios miles de millones cada vez que arreció la corrida.

El sostén internacional es, por lejos, el activo más importante con el que cuenta el gobierno de Cambiemos. Lo verificó nuevamente esta última semana, cuando obtuvo un importante respaldo del Fondo Monetario, que ratificó su ‘apoyo total’ a la Argentina, si bien tomará unos días más ultimar detalles de la reformulación de lo pactado oportunamente. Incluso se dejó abierta la posibilidad de aumentar el monto del acuerdo stand by firmado en junio pasado. En el ínterin, el presidente norteamericano mantuvo una charla telefónica de 15 minutos con Mauricio Macri, al que le brindó su apoyo ‘clave’ para que el gobierno pueda cerrar el acuerdo con el FMI.

Así lo hizo saber la propia Casa Blanca a través de un comunicado en el que califica a nuestro país como ‘socio estratégico’ de Washington, y puntualiza que el presidente argentino está haciendo un ‘excelente trabajo’ frente a una ‘difícil situación económica y financiera’.

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‘El mundo de cuando ganó Cambiemos ya no existe’, recordó la última semana el diputado Mario Negri al acusar al peronismo de verse el ombligo, porque ‘sigue mirando un mundo que no existe’. Y ese mundo cambió -señaló con certeza- a partir del triunfo de Donald Trump; pocas cosas afectaron más los planes que había hecho el gobierno argentino respecto de su relación con el mundo que la derrota de Hillary Clinton. Sin embargo, el gobierno de Macri debe ser uno de los pocos que podría alardear de tener una relación privilegiada con el polémico presidente.

Es otra de las diferencias con 2001, cuando tantos se esmeran en buscar similitudes entre la situación actual y el peor derrumbe económico de la historia argentina. Por entonces mandaban los republicanos en Estados Unidos, como ahora, pero con una postura bien distinta. Cuatro meses antes de la debacle, el entonces secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O’Neill, generaba pánico en el equipo argentino que negociaba una ayuda del Fondo al calificar como ‘resbaladiza’ la situación de nuestro país.

En declaraciones a la CNN, advertía que la administración Bush trabajaba para ‘encontrar un camino para crear una Argentina sustentable; no una Argentina que continúe consumiendo la plata de los plomeros y de los carpinteros (norteamericanos) que ganan 50 mil dólares por año y se preguntan qué diablos estamos haciendo con su dinero’.

Volvamos a mayo pasado, cuando la visita de Larry Summers. En esa oportunidad, el economista le detalló a Sturzenegger lo que venía: había habido una corrida cambiaria, pero más tarde habría otra más. Un frío le debe haber corrido por la espalda al entonces titular del Banco Central, con la esperanza de que el norteamericano fallara con su cálculo. Pero no: la duda es si esta última, que llevó el dólar a $40 fue la segunda tan temida anunciada por el economista yanqui.

El presidente Macri lleva contadas más. Mencionó ‘seis tormentas consecutivas’, al hablar el viernes en Mendoza, flanqueado por el gobernador local y titular del radicalismo, Alfredo Cornejo, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que trabajó a destajo los últimos días en los que cobró una dimensión política especial, cabalgando la crisis. El ministro confía haber llevado las negociaciones con las provincias a las puertas de un acuerdo que el gobierno espera refrendar este martes. Veremos.

En el gobierno se respiran aires de alivio después de la seguidilla de días ‘tormentosos’ en los que llegó a pensarse en el peor final. Ahora, con la convicción del respaldo del Fondo, la tranquilidad en los mercados, la certeza de que con las últimas medidas el déficit fiscal estará cubierto, y el arreglo con los gobernadores por el Presupuesto 2019 cercano, las expectativas son bien distintas a como estaban una semana atrás. Con todo, el Presidente aclaró desde Mendoza que la tranquilidad de tres días consecutivos no significaba que la crisis financiera haya sido superada. Parece haber asumido una dosis de cautela tras esta gran crisis.

Convenientemente asesorado, Macri prefirió no ensanchar grietas y calificó de ‘hechos aislados’ a los intentos de saqueo registrados, desvinculándolos de ‘las altas esferas de la oposición’. En rigor, en el gobierno no piensan que haya una acción orquestada por las principales figuras del kirchnerismo, pero están convencidos de que figuras periféricas de espacios opositores están detrás de la generación de incidentes que eleven la ya alta tensión social.

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La ebullición social es ahora el desvelo oficial, convencidos como están en el gobierno de que ciertos sectores son partidarios del ‘cuanto peor mejor’. En esa línea ponen a un radicalizado Hugo Moyano, con el que el kirchnerismo está organizando un acto para fin de mes o principios de octubre.

Hubo voces como la diputada Emilia Soria, que advirtió que en el peor momento de la crisis proclamó que ‘este gobierno no puede continuar’, sin que el resto de la oposición la desautorizara; o el intendente K de San Antonio de Areco, ‘Paco’ Durañona, que sostuvo que ‘esto se asemeja a una dictadura en democracia’. Emilio Pérsico, del Movimiento Evita y hasta ahora buen diálogo con Carolina Stanley y el gobierno bonaerense, se despachó ayer sin límites: ‘Este gobierno ya fue, que renuncie honorablemente’, sugirió.

En este contexto es el desvelo de las autoridades evitar que alguien encienda la mecha en el Conurbano, el principal foco de atención por estos días y donde mayores recursos se han direccionado para evitar estallidos.

La relativa calma financiera alcanzada sin dudas tiene que ver con la tendencia bajista del dólar registrada los últimos tres días de la semana. Previsiblemente los $40 parecen ser el techo -bien alto- alcanzado, y con el anuncio de las retenciones la previsión era que comenzara a bajar. Es lo que sucedió a partir del miércoles, ya el viernes sin intervención alguna del Banco Central. Pero no habrá que esperar que la baja persista, porque al gobierno eso ya no le conviene: si el dólar baja de $ 33,30, empieza a percibir menos en materia de las retenciones que acaba de disponer para reducir el déficit fiscal.

Amén de la calma referida, se critica que siga faltando un plan. Que el credo oficial sea estrictamente reducir el déficit; la emergencia pareciera haber hecho colapsar el programa económico, si el mismo existió. De nuevo la conferencia de prensa de Mendoza, donde Macri volvió a machacar con el tema: ‘No podemos vivir más de prestado, porque gastamos más de lo que tenemos’, insistió.

Fue lo que dijo en privado Larry Summers, en su visita de mayo pasado a Buenos Aires. Según confió el legislador entrevistado por este medio, el ex funcionario de Clinton sostuvo esa vez que -palabras más, palabras menos- la Argentina gasta por encima de sus posibilidades, a lo que Sturzenegger reconoció que el déficit es un problema crónico de nuestro país.

Pero Summers le aclaró que no hablaba del país, sino de los argentinos, que pretenden tener un nivel de vida no acorde con las posibilidades del país. ‘No es posible que un cadete viaje a Europa dos veces en un año’, fue el ejemplo al que echó mano. Con este dólar será difícil que lo haga. No solo el cadete.

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