Todos los días roban a mano armada una farmacia en el Conurbano bonaerense y los delincuentes, además de llevarse efectivo, en la mayoría de los casos se llevan medicamentos que luego son consumidos por ellos mismos o comercializados en el mercado ilegal, constituyendo un riesgo para terceros.
Así lo denunció en diálogo con DIARIO POPULAR Marcelo Peretta, titular del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Argentina (SFyB), quien sentenció: “El Conurbano es el lugar más caliente por una cuestión general y es además desde donde se distribuye a todo el país”.
“Los asaltos a las farmacias ocurren cada día y están enmarcados en el clima de inseguridad en que vivimos. En el Gran Buenos Aires es peor que en Capital Federal u otras provincias porque hay mucha más actividad delictiva. Desde ahí muchas veces los delincuentes se llevan los remedios para otros lugares, como Corrientes, Chaco o Misiones para después venderlos”, señaló Peretta.
El especialista enumeró diversas modalidades. Una de ellas no escapa a los hechos de inseguridad común: los ladrones “llegan armados y exigen la recaudación” del establecimiento. Otra está a cargo de los adictos, que “se roban los medicamentos para después consumirlos”. Tal vez la más preocupante es la que perpetran bandas organizadas que “hacen un vaciamiento total en 20 o 30 minutos, generalmente por la madrugada, y cargan todo en bolsas de consorcio para después venderlo de forma ilegal”.
Al mismo tiempo, reveló que “muchas veces también atacan a los camiones que transportan medicamentos, que llevan varias veces lo que puede haber en una farmacia, y los desvalijan”.
“Cuando se vacía una farmacia o un camión, hay un mercado negro donde todo se reinserta. Se va a otras farmacias del norte del país o en kioscos y ferias barriales como La Salada”, puntualizó Peretta.
Y consideró que “ese es el otro problema, porque una vez que ese medicamento termina en un kiosco, en Internet o en una feria callejera, en muchos casos perdió la estabilidad porque no se conservó, se dejó la caja abierta o se puso al sol. Y eso hace que en muchos casos sea tóxico. Si la persona es un adulto es un problema, pero si es un chico todavía puede ser mayor”.
Por eso, insistió con alertar a los usuarios: “Indudablemente que hay un perjuicio económico para cada farmacia, pero el daño es global. La gente después compra un antiinflamatorio, analgésicos, antibióticos o cremas, que son de uso masivo, y cree que da lo mismo comprarlo en la farmacia que en la calle, entonces recurre a este último porque le sale más barato”.
El titular de SFyB resaltó que “el mercado ilegal llega a representar hasta el 15% del total”, lo que significa que casi uno de cada 7 medicamentos se consigue en lugares no habilitados y poniendo en riesgo al que lo consume.
En ese sentido, disparó: “Este mercado negro mueve entre 900 y 1.000 millones solamente de forma anual, todo esto sin contar los que están vencidos, que en vez de tirarlos se vuelven a comercializar en ferias”.
A pesar de las diferentes modalidades, todas confluyen en un punto en común: la agresividad y el maltrato hacia el personal de las farmacias. “Hay mucha violencia, golpes, gritos y sometimiento. A pesar de que les hacen caso y no los enfrentan, los delincuentes agarran a farmacéuticos o empleados, los encierran en el baño y los cachetean”, explicó Peretta.
Y lamentó que las víctimas “quedan mal psicológicamente, porque cada vez que entra alguien sienten como que les va a robar. Son secuelas psicológicas que impactan más allá de la pérdida económica”.
El especialista confió que hoy los medicamentos que más se roban son los psicofármacos. “Van específicamente por este tipo de drogas, que están en un lugar reservado, no al alcance de la gente. Muchos lo hacen para el consumo personal, porque son adictos y quizás los consumen así o para armar lo que se denomina jarras locas”, indicó.
Aunque también precisó que “otro grupo lo hace como un dealer, ya sea por el valor de reventa que puede tener en un boliche o en algún otro lugar”.
Además, a la hora de los asaltos, los ladrones apuntan contra “los medicamentos que generan adicción” y enumeró: “Los que sean sedantes, como el Rivotril, o anfetaminas y hasta ketamina, que es anestésico y después la cocinan y la venden como cocaína”.
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