Una mujer de 56 años fue asesinada a golpes en su casa del partido bonaerense de Ituzaingó y por el femicidio detuvieron a su yerno, quien llamó a las autoridades para informar del asesinato.
El hecho ocurrió en una vivienda ubicada en Lisandro de la Torre al 2700 del barrio San Alberto y se conoció cuando un joven, llamado Walter Ezequiel Palmero (25), llamó al número de emergencias 911 porque había encontrado a su suegra, Mónica Beatriz Olañeta, tendida en una de las habitaciones.
Al llegar al lugar, el personal de la comisaría 4ª se entrevistó con el muchacho, quien les dijo que había hallado el cuerpo de la mujer, apodada “Neme”, y observaron que el hombre tenía una serie de golpes, además de rasguños en el rostro, en sus manos y en el torso.
Estos golpes fueron considerados como signos de defensa de la víctima, tras lo cual comenzó a contradecirse y quedó aprehendido de inmediato como principal sospechoso. El joven quedó alojado en una comisaría de la zona y quedó a disposición de la fiscal Gabriela Millán, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 1 descentralizada en Ituzaingó, quien caratuló la causa como “homicidio agravado por violencia de género”, que prevé prisión perpetua.
Los voceros añadieron que Palmero se negó a declarar ante la fiscal Millán, quien procuraba determinar el motivo que desencadenó el ataque contra la víctima.
Al respecto, aguardaba el resultado de la autopsia y ordenó una serie de peritajes a la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) de Morón, tras haber recogido algunas pruebas en la escena del crimen.
Tras el crimen, los mensajes de apoyo en las redes sociales no se hicieron esperar. “Te voy a extrañar toda mi vida amiga”, publicó una mujer en su página de Facebook debajo de una foto de Olañeta acompañada de un crespón negro.
Otra mujer escribió: “Se te va a extrañar Neme, una gran mujer te vamos a recordar con toda tus locuras y la chispitas que tenías, que en paz descanses”.
“Ni una menos, amiga. ¡Justicia!”, escribió otra de sus allegadas, acompañada de una imagen de Olañeta en la que apoyaba esa consigna.
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