El primer día de 2014, Gustavo Albornoz golpeó y prendió fuego a su pareja Karina Abregú, en el jardín de la casa que compartían en Merlo. Ella apagó las llamas de su cuerpo arrojándose a una pileta. Luego, llegó el calvario de luchar para vivir y resistir con el 55 por ciento del cuerpo quemado. Tras salir de la internación, el agresor quiso terminar su obra femicida, violando la restricción perimetral en varias ocasiones. En 2016, el sujeto fue condenado a 11 años de cárcel por el ataque, y ahora será sometido a un segundo juicio oral, por ignorar la orden de no acercarse a la víctima. Se trata de una instancia legal que no tiene antecedentes en la lucha contra la violencia machista, ya que de resultar condenado se le sumarían las penas.
“Muchas mujeres fallecen en el marco de femicidios perpetrados por hombres que no respetan lo que se llama restricción perimetral, que son medidas tomadas por la Justicia tratando de impedir que los violentos se acerquen a las víctimas mientras se investigan las denuncias. Este juicio es muy importante, para mí, pero también para miles de mujeres que vivimos aterradas en nuestras casas, en la calle, en los transportes y en cualquier lado. La Justicia tiene la posibilidad de una condena ejemplar para alguien que violó la restricción perimetral decenas de veces. Sería una manera de frenar toda esta violencia machista que arruina vidas”, dijo Karina Abregú, en declaraciones a DIARIO POPULAR.
Karina sabe como pocas sobre el funcionamiento de la Justicia argentina, que se apoya en una peligrosa perspectiva patriarcal. Apenas un dato sirve para ejemplificar todo esto: a los 33 días del ataque con fuego que la tuvo al borde de la muerte, su ex pareja Gustavo Albornoz fue dejado en libertad, y ese insólito beneficio excarcelatorio fue utilizado por el sujeto para amenazar a la víctima, sus familiares y testigos, como así también intentar acercarse al lugar donde ella estuviera, con absoluta impunidad.
“Lo denuncié 50 veces por violar la restricción perimetral. No terminó de matarme de pura casualidad”, señaló la mujer.
En 2016, la Justicia de Morón condenó al agresor Albornoz a una pena de 11 años de prisión por femicidio en grado de tentativa, agravado por el vínculo. Al debate oral llegó en libertad y se fue esposado, delante de Karina, que estuvo presente durante todo el juicio.
“Esa condena fue un precedente histórico para la lucha feminista, por una sociedad igualitaria y sin violencia. Ahora vamos por más, porque queremos y exigimos que Albornoz sea condenado por su desobediencia a cumplir las órdenes perimetrales, algo que se repite todos los días en el país, por golpeadores y femicidas. Hay que parar esto, y una condena es un mensaje claro de que no pueden hacer lo que quieren”, expresó la mujer.
Así, este segundo juicio que enfrentará Albornoz comenzará este lunes en el Tribunal Oral Correccional 3 del Departamento Judicial de Morón. “Fue muy importante el trabajo que realizó la Fiscalía 10 Especializada en Violencia de Género, a cargo del fiscal Hernán Moyano. Se logró reunir prueba suficiente para acusarlo de violar tres veces la restricción perimetral que le impusieron después de intentar matarme con alcohol y fuego. En realidad, lo denuncié 50 veces, pero en la causa llegaron a este juicio sólo tres. En el caso de recibir condena, que podría ser de 3 años, se suman a los 11 que ya tiene por el intento de femicidio. Sería un año por cada violación de orden perimetral”, explicó Abregú.
El juicio continuará mañana y finalizará el miércoles. “En el año 2017, hubo en nuestro país 278 casos de femicidio, de los cuales 105 tenían una medida cautelar vigente, que han logrado antes de ser asesinadas. La restricción perimetral sirve pero no es suficiente, falta un análisis integral de la realidad cotidiana de la víctima, además de la implementación de estrategias interdisciplinarias de asistencia. Es por ello que consideramos que este juicio fijará nuevamente un precedente jurídico en nuestro país”, se manifiesta en un comunicado de la Comisión Justicia por Karina.