El homicidio de Soledad Spaccarotella, una mujer de 40 años baleada por su vecina María Delia Melanima, de 70, forma parte de un drama cotidiano que está fuera de control, con alrededor de 40 casos reportados cada hora por problemáticas de “conflictividad vecinal” en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, con discusiones, amenazas, peleas, agresiones con objetos y hasta crímenes, resaltando que la Justicia no interviene ante los intentos de los damnificados por prevenir los hechos dramáticos, al igual que la fuerza policial, que sólo se encarga de registrar y acumular las denuncias.
Un estudio de la organización no gubernamental Defendamos Buenos Aires reveló que el caso que tuvo como víctima a Spaccarotella, registrado en la localidad bonaerense de Lanús, “no hizo más que encender una vez más las alarmas por la conflictividad vecinal, que no cede en la Ciudad de Buenos Aires como del otro lado de la Avenida General Paz”.
‘Según refieren los vecinos que declararon en la causa por homicidio, no era la primera vez que Spaccarotella, la víctima y Melanina, la asesina, discutían acaloradamente ante los ojos de todo el barrio. Sin embargo y a pesar de que había denuncias penales contra la agresora la justicia nunca avanzó y recién cuando hubo un desenlace fatal, decidió hacer acto de presencia deteniendo aunque por poco tiempo a la homicida que atento a sus problemas psiquiátricos no fue a la cárcel sino a una unidad psiquiátrica hospitalaria con supervisión policial’, dijo el abogado Javier Miglino, titular de la organización.
Para el experto, ‘es obvio que el homicidio de Spaccarotella podía y debía haberse evitado. Ya había presentaciones contra la agresora pero la justicia decidió no actuar al igual que la Policía que ante casos de conflictividad vecinal decide no actuar sino oficiar como si tratara de un escribano de crímenes que solo anota qué es lo que pasó y cuáles son los protagonistas; dejando el rol policial de la prevención guardado en el placard de la comisaría’.
‘El año pasado un hombre perdió la vida en su vivienda tras una discusión con un vecino en el barrio porteño de Villa Mitre y así continúan las peleas vecinales hasta totalizar 50 episodios de violencia cada hora, en ambas jurisdicciones, lo que da cabal idea del tamaño de este problema social’, dijo Miglino.
El estudio de Defendamos Buenos Aires sostiene que no hay prevención por parte de la Policía ni celeridad en jueces y fiscales. ‘Cuando una persona que vive en Belgrano o Nuñez tiene un grave conflicto con un vecino que lo insulta, le pinta el frente de su casa, le rompe un vidrio, le raya el coche o simplemente lo ataca y le produce graves lesiones, la Policía Federal (hoy Policía de la Ciudad), encontrará la forma de llegar tarde, de manera tal que solo se limitará a constatar que pasó, buscar testigos y señalar a los protagonistas, sin siquiera señalar cuál es el agresor y cuál la víctima. Acto seguido se formara un expediente judicial que dormirá en una Fiscalía Penal y Contravencional durante un largo tiempo. ¿Y qué ocurrirá entonces? Que probablemente el Fiscal intente acercar a las partes en una audiencia de conciliación, como si se tratase de esposos que están divorciando. No han sido pocas las víctimas que nos refirieron esta verdadera pesadilla y optaron por mudarse para evitar nuevas y graves agresiones’, dijo Miglino.
En Provincia, afirma el trabajo, básicamente ocurre lo mismo. ‘Si en Lomas de Zamora, Quilmes o Ramos Mejía decide denunciar hostigamiento, maltrato, intimidación, ruidos molestos, lesiones en riña o amenazas y/o coacción, verá como lo se repite la situación anterior. Es decir policías que llegan tarde y con pésima predisposición. Incluso arguyen que están para cosas más graves. Jueces y fiscales que miran la situación de soslayo y todo esto redunda en tres graves consecuencias. El agresor consigue no solo amedrentar físicamente sino que gana impunidad policial y judicial. La víctima asume definitivamente que está desprotegida. La situación comienza a enrarecerse en el barrio pasando de zonas otrora tranquilas a sitios donde la gente cuando sale de casa apenas mira a los vecinos’, subrayó Miglino.
Asimismo, Miglino destacó que “hay muchísimas denuncias contra propietarios de verdulerías que llegan con enormes camiones a las cinco de la mañana con música a todo volumen, descargando cajones de frutas y verduras en medio de una algarabía que despierta a todos y que deja todo un rastro de frutas y verduras podridas en la zona, que se suman a los camiones estacionados y el pésimo nivel de higiene frente a los locales, donde, contrario a la legislación vigente, funcionan los comercios y la vivienda de un número importante de infractores”.
comentar