Alberto Fernández cierra su gestión cada vez más en su círculo íntimo y se aferra a los tres ministros que justamente la vicepresidenta pidió que se vayan.

Pese a que le dedicó unas sentidas palabras de agradecimiento y ponderó la gestión de Roberto Feletti al frente de la Secretaría de Comercio Interior, lo cual podría interpretarse como un gesto de acercamiento con Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández se cierra cada vez más en su círculo íntimo para llevar adelante la gestión, y se aferra a tres ministros que —curiosamente— son los que la vicepresidenta pidió que se vayan: Martín Guzmán, Matías Kulfas y Claudio Moroni.

Así, lo que podría haber sido un acercamiento termina resultando casi un desafío, ya que el presidente emparedó aún más a estos tres ministros cuyas cabezas fueron reclamadas por varios dirigentes del kirchnerismo duro que responden a la vicepresidenta.

Primero fue Martín Guzmán, a quien el presidente no sólo confirmó en su cargo sino que también recibió más responsabilidades: la semana pasada la Secretaría de Comercio Interior (que estaba bajo la órbita de Desarrollo Productivo) pasó a depender de su cartera. Y tras la renuncia de Feletti, el ministro nombró a Guillermo Hang, un hombre de su confianza para dirigirla. También sumó a Agustín Datellis en el Banco Central, otro economista de su entorno que reemplazará a Hang en el directorio de la autoridad monetaria que conduce Miguel Pesce.

Luego fue el turno de Kulfas, otro de los economistas en los que Alberto Fernández confía ciegamente. El ministro de Desarrollo Productivo estuvo sentado a la derecha de Alberto Fernández en el acto del martes por la mañana en el que se anunció cierta flexibilización de normativas para que las empresas petroleras que inviertan en el país puedan disponer de dólares para comprar insumos para producir más.

Más tarde, el presidente lo ubicó nuevamente a su derecha en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada, cuando anunció la promulgación de la ley del Cannabis Medicinal que se estima que generará actividad productiva en muchas provincias. “Esta ley es un paso en el derecho a la salud y es también otro triunfo de la sociedad contra la hipocresía”, aseguró el presidente.

En un día agitado, Alberto Fernández también se hizo tiempo para mostrar su apoyo al ministro de Trabajo. Claudio Moroni, el tercer señalado por la vicepresidenta, quedó al frente de un ambicioso proyecto del Gobierno, que contempla una inversión total por 500 millones de dólares en cuatro años y que apunta a incluir en el mercado laboral a un universo de más de 3 millones de desocupados con la cooperación de empresas que se inscribirán para contratar empleados de determinados perfiles.

Este programa, denominado Fomentar Empleo es una suerte de etapa superadora del Potenciar Trabajo, que depende del Ministerio de Desarrollo Social y tantos dolores de cabeza le trajo al Gobierno este año, con reclamos constantes de organizaciones sociales por mayor cantidad. Pero además, busca ser un freno al proyecto que algunos dirigentes vinculados al kirchnerismo presentaron en el Congreso y que busca implementar un “salario básico universal”.

Así, en pocas horas Alberto Fernández dejó bien en claro que se apoya en su gabinete económico y confía en su círculo íntimo. Y que no dudará en refugiarse en aquellos ministros y funcionarios que le despiertan más confianza. Aún cuando la vicepresidenta haya pedido que esos mismos ministros salgan del Gobierno del Frente de Todos.

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